Vetusta Morla, “El disco que cambió nuestras vidas” (WiZink Center, Madrid, 30-12-2018)

Qué mejor manera de echar las llaves a las puertas del WiZink Center de Madrid por el año ya pasado, que contando con uno de los grupos cuyo nombre siempre sale a la luz cuando se habla del indie español “etiqueta negra”. Vetusta Morla tomó el testigo que el día anterior les había dejado Lori Meyers y, al igual que los granadinos, habían reservado una noche en la capital para celebrar fechas destacadas en sus respectivas historias, que comenzaron dos décadas atrás. En el caso del grupo de Tres Cantos, el acontecimiento que sirvió como motivo para su concierto “El disco que cambió nuestras vidas” fue, precisamente, el décimo aniversario de la lanzamiento del que, para muchos, es su mejor álbum, su opera prima “Un día en el mundo”, así como los

Como dirían los angloparlantes, lo del domingo fue one night only, una noche irrepetible para aquellos fieles de Vetusta Morla que vivieron y compartieron muchos momentos importantes de sus vidas gracias al contenido de ese disco, autoproducido y casi artesanal, imprescindible en cualquier colección que se precie.

De esta manera, quienes acudieron al WiZink Center pudieron paladear las doce canciones de “Un día en el mundo”, a las que el paso del tiempo las ha ayudado a convertirse en verdaderos himnos, en un repertorio que se completó con temas de otros discos y con la colaboración de amigos como Jairo Zavala en “Maldita dulzura”.

Junto a Pucho y a Zavala también se pudo ver en el escenario a otro buen amigo como es Xoel López. Aquel momento tan especial de la noche, en el que acompañaron a la banda el resto de personas que trabajaron en el disco, merecía una canción a la altura, como fue “El amor valiente”, de Deluxe.

Asimismo, a lo largo de la noche a modo de documental se proyectaron imágenes de los comienzos de Vetusta Morla, explicando el por qué de cada canción, cómo fueron creadas y grabadas, etcétera. Como siempre ocurre en los conciertos del grupo tricantino, la iluminación y la escenografía estuvieron muy cuidadas, contando además con imágenes en directo de los rostros de la gente, para así darle incluso mayor emotividad a las canciones.

El concierto se cerró por todo lo alto con una canción de esas que resucita a un muerto, que es pura energía para la gente que la canta. Con “Saharabbey Road” terminó una fiesta que continuó a la salida del recinto por las calles de Madrid, resonando el “lo, lolololololo…”.

FOTOS: PROMOCIONES SIN FRONTERAS