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Folk Segovia 2026: cuarenta y dos años demostrando que las raíces siguen vivas

Esta edición contará con un emotivo homenaje a la figura del creador del festival, Luis Martín

En una época donde los festivales parecen competir por quién tiene la pantalla más grande, el escenario más espectacular o el cartel más viral, resulta reconfortante comprobar que siguen existiendo citas capaces de mantener intacta su esencia después de más de cuatro décadas.

Del 2 al 5 de julio, Segovia volverá a convertirse en uno de los grandes puntos de encuentro para la música tradicional con una nueva edición de Folk Segovia y no será una edición cualquiera.

La número 42 llega cargada de emoción, memoria y futuro. Tres palabras que, de alguna manera, resumen perfectamente el espíritu de un festival que ha sabido evolucionar sin perder nunca de vista sus raíces.

Un homenaje necesario para quien ayudó a construir una historia

Hay nombres que terminan confundiendo su trayectoria con la del propio festival. Uno de ellos es Luis Martín.

El fallecimiento del creador y director de Folk Segovia durante más de treinta años dejó un vacío enorme dentro del panorama folk nacional. Por eso resulta especialmente significativo que la inauguración de esta edición se convierta también en un homenaje a su figura.

El Jardín de Los Zuloaga acogerá un acto que promete ser uno de los momentos más emotivos del festival. No solo por la presencia de Pedro Piqueras como conductor del homenaje, sino por la participación de músicos y agrupaciones que compartieron escenario, proyectos y vida con Luis Martín y entre todos ellos destaca especialmente la presencia del Nuevo Mester de Juglaría, formación inseparable de la historia cultural de Castilla y León y de la propia trayectoria del homenajeado.

Más que una inauguración, será una celebración colectiva de una manera de entender la música.

La tradición también se construye mirando hacia delante

Uno de los grandes méritos de Folk Segovia ha sido siempre evitar la tentación de convertir el folklore en una pieza de museo.

La programación de este año vuelve a demostrarlo, junto a nombres históricos aparecen propuestas que representan distintas maneras de acercarse a la música de raíz en pleno siglo XXI.

Desde el veterano recorrido de Carrión Folk, que celebra tres décadas de trayectoria, hasta la energía renovadora de Korrontzi, que llegará a Segovia con su gira “Mundua Dantzan”, dos formas distintas de entender la tradición, dos maneras complementarias de mantenerla viva.

Del aula al escenario

Como sucede en los grandes festivales de música de raíz, la programación no se limita a los conciertos: Conferencias, talleres, encuentros y grabaciones radiofónicas convierten Folk Segovia en un espacio donde la música también se estudia, se comparte y se transmite.

Especialmente interesante se presenta el taller sobre cantos de trabajo impartido por Pablo Zamarrón, una oportunidad para acercarse a un repertorio que durante siglos acompañó la vida cotidiana de quienes habitaron estas tierras, porque el folklore no nació sobre un escenario, nació trabajando, celebrando, caminando y compartiendo comunidad y quizá ahí resida buena parte de su fuerza.

Cuando llega la hora del baile

Si algo caracteriza al folk es su capacidad para derribar barreras entre escenario y público.

Por eso resulta fácil imaginar lo que ocurrirá cuando lleguen las actuaciones de Collado o, especialmente, cuando regresen a Segovia Los Niños de los Ojos Rojos catorce años después de su última participación en el festival.

Su mezcla de ritmos balcánicos, ska, folk y sonidos urbanos promete convertirse en uno de los momentos más festivos de esta edición porque sí, el folklore también puede ser una enorme fiesta.

La ciudad como escenario

Quizá uno de los aspectos más hermosos de Folk Segovia sea su capacidad para expandirse más allá de los recintos habituales.

Los pasacalles volverán a recorrer el casco histórico con agrupaciones llegadas desde distintos puntos del país, convirtiendo plazas, calles y rincones monumentales en escenarios improvisados.

La música tradicional recupera así uno de sus espacios naturales: la calle, un lugar donde nació gran parte de este repertorio y donde sigue encontrando una de sus formas más auténticas de expresión.

Mucho más que un festival

Después de cuarenta y dos ediciones, Folk Segovia ya no necesita demostrar nada.

Forma parte del paisaje cultural de la ciudad de la misma manera que el Acueducto, los patios, las plazas o las tardes de verano.

Pero precisamente por eso resulta admirable comprobar que sigue manteniendo intacta la curiosidad, la capacidad de reunir generaciones distintas y el compromiso con una música que nunca ha dejado de evolucionar.

Este julio, Segovia volverá a sonar a dulzaina, acordeón, percusión, voces populares y canciones transmitidas de generación en generación y mientras eso siga ocurriendo, el folklore seguirá teniendo algo importante que decir porque las raíces no sirven para quedarse quieto, sirven para seguir creciendo.

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