(c) La crónica es de Xavi Alcalde y las fotos son de Javier Galindo Monserrat
Cobi, Curro y Biznaga conquistan Razzmatazz
A las 22.45h, el bajista sacó la bandera de la CNT y puso el punto final. El público marchó entre sonrisas, había sido un buen concierto.
Es bastante impresionante que una banda española con un mensaje tan político casi llene la sala grande de Razzmatazz, y más teniendo en cuenta que en los últimos meses había venido otras dos veces a la capital catalana. En julio con motivo del festival Cruïlla y en septiembre a las fiestas patronales de la Mercé, en un bolo que tuvo un final inesperado: “Milky se ha hecho una brecha pegando con la cabeza en la bateria. Os lo recompensaremos en diciembre.”
Era, pues, un concierto importante. Razzmatazz 1 por primera vez y ganas de resarcirse del final amargo de la última visita. Así que pusieron todo de su parte en una noche en la que volvieron a demostrar su conexión con el público catalán. Una noche dedicada a la memoria de Jorge Martínez (Ilegales) y, como no podía ser de otra manera, al pueblo palestino. También los teloneros recordaron el genocidio, tanto Rotura como Tetas Frías.
Rotura comenzó puntual. Se trata de un trío de las periferias de Barcelona (Molins de Rei), con músicos de larga trayectoria (por ejemplo, el guitarrista Alejo tocó en los míticos Elektroduendes).
Descargan trallazos de punk/hardcore, con letras reivindicativas en la bonita voz de la cantante (y bajista Silvia). El tercer miembro es Toni, un batería solvente. Vinieron bien acompañados de amistades diversas, que daban ambiente a la sala, y no escatimaron mensajes de crítica social
entre canción y canción. Sin duda, un buen inicio de la noche.
Por su parte, Tetas Frías es otro trío de las periferias de Barcelona (Rubí). Nos presentaron una divertida mezcla de punk y música electrónica, en ocasiones algo pop, con una formación de bajo, batería y voz, junto con sintetizadores y baterías pregrabadas. Aprecié especialmente las canciones más melódicas, en las que la cantante no gritaba todo lo que podía. Sus componentes (Marta, Ari y David) tienen todo lo bueno (y lo malo) de la espontaneidad y la energía que conlleva la juventud. Quizás no llevaban el bolo tan preparado como correspondía a una oportunidad así. En cualquier caso, a la gente le encantó, qué sabré yo.
Y llegó el turno de Biznaga, con 75 minutos trepidantes. A diferencia de otras ocasiones, esta vez hubo pocos parlamentos entre canciones. Llegaban muy rodados y fueron una apisonadora.
Empezaron encadenando temas del último disco «¡Ahora!» (2024): ‘El futuro sobre plano’, ‘Imaginación política’ y ‘Las afinidades eléctricas’. Es un disco vitalista, que conecta emocionalmente con los problemas de la gente y de alguna manera nos hace darnos cuenta de que es posible mejorar las cosas. No todo está perdido. “¿Te imaginas que fuera posible otra vida? ¿Que hubiera alternativa a esta deriva?”
Pero para ello hay que soltar primero toda la rabia que llevamos dentro. “Contra todxs”, Contra mi generación («Bremen no existe», 2022). También contra la cultura de las pantallas, de las redes sociales y todo lo que estas representan y amplifican, léase ‘2k20’ («Gran pantalla», 2020) y
‘Mediocridad y confort’ («Sentido del espectáculo», 2017).
Tras repasar algunos temas de sus discos anteriores, Biznaga volvía al presente, a «¡Ahora!». Primero con ‘Agenda 2030’, que empieza donde lo acabábamos de dejar, esa realidad mediatizada por los videojuegos y la AI. Y luego con ‘Espejos de caos’, una descripción milimétrica de nuestras
vidas, cuyos problemas no se solucionan con Benzodiacepinas.
“Señora, su hijo puede ser todo o nada” coreó una y otra vez un público entregado y disfrutón en ese momento de genialidad con el que nos sorprendían hace ya más de 10 años, ‘Divino fracaso’(«Centro Dramático Nacional», 2014). Y seguía la noche, “porque la noche es nuestra y el día de los demás”; es decir, la melancolía de ‘La escuela nocturna’ («Bremen»).
Llegados a este punto, la cantante de Tetas Frías subía al escenario para poner color al desencanto existencial y fantasmagórico de ‘Domingo especialmente triste’ («Bremen»), tema que en estudio interpreta la vocalista de Triángulo de Amor Bizarro. Ahora bien, desde donde yo estaba (justo delante de la mesa de sonido), casi no se oía a la chica.
Algunas temáticas se repiten, se matizan, se complementan. Antes de que llegue ‘Una historia de fantasmas’ («Bremen»), recorreremos más veces el espacio urbano. Y es que la ciudad es un elemento omnipresente en las letras de Biznaga. ¿Qué ciudad? Posiblemente sea Madrid, porque ‘Madrid nos pertenece’ («Bremen»), un poderoso grito para reapropiarse la ciudad neoliberal; como siempre, a base de lucha y organización. Aunque también podría ser Sevilla o Barcelona, ciudades que recuerdan ese ‘Espíritu del ’92’ («Bremen»), sin duda uno de los puntos culminantes del concierto. Llevaban unos días avisando de que habría sorpresas y al aparecer ‘Curro y Cobi’ (este con “emosido engañado” en la barriga), se entendieron muchas cosas. Es una canción que conecta diversas generaciones y que a mi me recuerda a ‘El gran engaño’ de Reincidentes, otra muestra de que es posible aunar de forma coherente (y exitosa) música y compromiso. En cualquier caso, no hace falta especificar el nombre de la ciudad, podría ser ‘Una ciudad cualquiera’
(«Sentido»).
A todo esto, nos hemos plantado en la recta final. De nuevo en el presente, en el que hay que ‘Ocupar el ahora’ («Ahora»): “¿Cómo podemos tolerar un genocidio emitido en tiempo real?” [Dejo la respuesta al lector, porque la pregunta es pertinente]. Un presente en el que el futuro está cancelado (‘Líneas de sombra’, «Bremen») y en el que hay que “renunciar al estado de malestar”, que simbolizan, entre otros, Codere, Vox y Tecno Casa (‘La gran renuncia’, «Ahora»). ¿Y la última? Estaba claro, ‘El Entusiasmo‘ («Ahora»), que resume perfectamente el dulce estado en el que se encuentran los cuatro músicos.
Tocaba despedirse de los dos Álvaros a las guitarras (‘Torete’ la solista, García rítmica y voz), bien secundados por la sección rítmica de los dos Jorges (Navarro al bajo y al aliento de las masas con mensajes necesarios de conciencia social; ‘Milky’ a la batería, ya recuperado de la brecha
septembrina), que a su vez se despidieron agradecidos de tod@s l@s trabajador@s que habían hecho posible el bolo.
En un concierto de Biznaga se produce una comunión con el público difícil de explicar. Es como si todos formasen parte de la misma comunidad. Suelen decir que no son solo un grupo (de afinidad), sino que forman parte de un movimiento más amplio.
Y nosotros nos vamos, contentos y satisfechos.















