SilFest cumple diez años sin perder aquello que lo hizo diferente
Hay festivales que crecen aumentando escenarios, ampliando aforos o sumando nombres cada vez más grandes a sus carteles. Y después está SilFest Valdeorras, que ha demostrado en su décimo aniversario que también es posible crecer permaneciendo fiel a una idea mucho más difícil de conservar: la personalidad.
Durante tres jornadas, O Barco de Valdeorras volvió a convertirse en un lugar donde la música comparte protagonismo con el paisaje. A orillas del río Sil, miles de asistentes disfrutaron de una edición marcada por el excelente ambiente, el lleno en las actividades paralelas y unas condiciones meteorológicas que permitieron vivir el festival en todo su esplendor.
Porque SilFest hace tiempo que dejó de ser únicamente una sucesión de conciertos. Es una experiencia que se construye alrededor del entorno, del ritmo pausado de la comarca, del vino de Valdeorras, de la gastronomía y de la posibilidad de disfrutar de la música sin renunciar al placer de detenerse un momento junto al río.
Un cartel que mira al presente sin olvidar el futuro
La programación volvió a reflejar una de las señas de identidad del festival: combinar artistas consolidados con propuestas emergentes capaces de sorprender al público.
La jornada inaugural abrió las celebraciones con La Gloria y la sesión de Txetxu DJ, mientras que el viernes dejó algunos de los momentos más destacados gracias a las actuaciones de Mazu, Zabriskie, Begut, La Paloma y Bum Motion Club, confirmando la apuesta del festival por descubrir nuevos nombres sin perder de vista a bandas ya consolidadas dentro de la escena nacional.
El sábado terminó de redondear una edición muy especial con un recorrido musical que comenzó desde la hora del vermú gracias a Adrian Timms y continuó con propuestas como Os Parrandas, los locales Sr. Jingles, que celebraban también su décimo aniversario, además de los esperados conciertos de Hinds, Morgan, L.A., Puño Dragón y DJ90, encargados de poner el broche musical a una edición para el recuerdo.
Mucho más que música
Si algo diferencia a SilFest de muchas otras citas estivales es su capacidad para convertir todo el entorno en parte del festival.
Las catas de vino, la oferta gastronómica, los talleres, las zonas de descanso junto al río y una programación pensada para disfrutar sin prisas convierten cada edición en una experiencia que trasciende el propio cartel.
Especial mención merece, un año más, el MiniSilFest, convertido ya en uno de los espacios imprescindibles del festival. Los conciertos de Henriko y Paco Nogueiras, junto a las actividades infantiles, volvieron a demostrar que la música también puede disfrutarse en familia y que un festival puede crecer pensando en todas las generaciones.
Diez años construyendo una identidad propia
Cumplir una década nunca es casualidad. Mucho menos en un panorama donde cada verano nacen y desaparecen festivales con enorme rapidez.
SilFest ha encontrado su lugar precisamente porque nunca ha intentado parecerse a nadie. Ha construido un modelo reconocible, de formato humano, donde el paisaje, la cultura local y la música conviven con absoluta naturalidad.
Quizá ese sea el verdadero éxito de este décimo aniversario, no haber organizado la edición más grande, sino haber demostrado que todavía es posible emocionar sin perder la cercanía que hizo especial al festival desde sus comienzos.
Con el agradecimiento a artistas, voluntariado, instituciones, patrocinadores y, sobre todo, a un público que ha vuelto a responder de forma ejemplar, SilFest despide una edición histórica y comienza ya la cuenta atrás hacia un undécimo capítulo que promete seguir escribiendo una de las historias más singulares del verano musical español
