Sonorama Ribera (Aranda de Duero, del 8 al 12-08-2018)

El Sonorama Ribera alcanzó su XXI edición superando records después de la inolvidable celebración de su vigésimo cumpleaños el año pasado. La organización se resistió a tocar techo tras aquel acontecimiento, y esta vez no solo se contó con una mayor asistencia que en 2017, sino que además el público pudo disfrutar de un festival con nuevas actividades para todos los gustos y edades.

Otro año más hizo muy buen tiempo, sin rastro de lluvia. Eso sí, todo el que anduviera por las calles de Aranda de Duero durante el Sonorama iba a acabar mojado, lo quisiera o no, por el fuego cruzado de las pistolas de agua que, al primer disparo, aturde; pero que después deja una agradable sensación de frescor.

Fueron muchos los grupos y DJ’s que tomaron las calles arandinas, pero quien ocupó el escenario de la mítica Plaza del Trigo el sábado después del vermouth (el lugar, el día y la hora que todos buscan) fueron Lori Meyers. Era la sorpresa del día, pero los rumores previos concretaban que iban a tocar los granadinos.  Y así fue, con un repertorio de grandes éxitos como ‘Mi realidad’, ‘Emborracharme’, ‘Alta fidelidad’, ‘Siempre brilla el sol’… y haciendo gozar a quienes tuvieron el valor de meterse “en el barro”.

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En cuanto a lo que sucedió en el recinto del festival, fue una edición muy variada en cuanto a estilos musicales. Así, se pudo ver a músicos tan distintos como Diego ‘El Cigala’ (que empezó su ‘show’ 20 minutos tarde) o Ángel Stanich, por poner dos ejemplos que participaron a primera hora. El ‘marrón’ de tocar cuando el sol todavía luce y calienta lo sobrellevaron muy bien, además del mencionado Stanich, otros grandes grupos como Sidecars, Maga o Tulsa.

Como cabezas de cartel destacaban dos artistas que están dejando títeres sin cabeza allá donde actúan, en un verano que está siendo muy intenso para ellos. Bunbury e Izal revolucionaron a todo el Sonorama con unos espectáculos a la altura de su legión de seguidores.

El antiguo líder de Héroes del Silencio interpretó al principio un puñado de temas de su nuevo disco (‘Expectativas’), dejando para después los más o menos antiguos, tanto de su carrera en solitario como en Héroes, metiéndose literalmente entre el público cuando sonaban temazos como ´Maldito duende’ y ‘Lady Blue’, con la que cerró. Bunbury, un incansable caballero del rock estuvo acompañado de una banda espectacular, por lo que entre todos lograron que el concierto se hiciera corto, eso sí, con un menú exquisito.

Mikel Izal y los suyos tampoco defraudaron. En una imagen calcada a la de hace un par de años, cuando no cabía un alma frente al escenario principal, Izal lo consiguió otra vez. Con disco nuevo bajo el brazo (‘Autoterapia’), pero sin olvidarse de las canciones que les han ayudado a estar donde están, los madrileños dieron forma a un concierto que volvió a cerrarse entre fuegos artificiales.

El principal reclamo internacional del festival, Liam Gallagher, trajo a Aranda de Duero la esencia del rock de Manchester, presentando su disco ‘As you were’ junto con una selección de temas de su antiguo grupo Oasis . Que el cantante inglés es todo un personaje es algo que se sabía de antemano, por lo que este concierto despertó mucha expectación. A nivel vocal, el hermano menor de los Gallagher se esforzó lo justo para dejar en buen lugar su actuación, mientras que a la hora de interactuar con el público se valió de algún “gracias” (también se escuchó algún que otro “fuck“), aunque dejó claro que no sabía hablar español, cambiándole la letra a ‘Wonderwall’ (“there are many things that I would like to say to you, but I don’t speak Spanish“). Pero Gallagher se tenía guardada otra de las suyas, y unos segundos después de empezar a sonar la que, probablemente, es la canción más conocida de Oasis, hizo parar la música para comenzar otra vez a cantarla. Dicen que la excentricidad y la genialidad se dan la mano, pero lo que está claro es que fue un lujazo haber escuchado en directo a uno de los músicos más importantes que nos ha dado el Reino Unido.

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En definitiva, el Sonorama Ribera 2018 triunfó con sus novedades, como la carpa de monólogos y la nueva disposición del recinto, ampliado y con más espacios abiertos; y también mantuvo el nivel en lo musical, demostrando que el festival arandino no tiene techo.