Tocaba su grupo favorito, aquel cuya música sirvió como banda sonora de una historia de amor que esa noche se iba a convertir en eterna. Era el lugar ideal y el momento perfecto. Nada podía salir mal.
La segunda canción fue la elegida. El cantante iba a dejar de cantar «Que todo el mundo sepa que…», y aquella sería la señal. «Javi, el escenario es tuyo». Dicho y hecho, Javi abandonó la butaca que ocupaba en el proscenio junto a su novia Marina, que fue invitada a subir tras él. Temblorosa por los nervios, y con una sonrisa que no se le iba a borrar en toda la noche. Una vez los dos estaban subidos en el escenario, Javi hincó la rodilla, se sacó el anillo del bolsillo y le pidió matrimonio a Marina.
Esto sucedió durante el concierto que ofrecieron Elefantes en el Teatro Juan Bravo, conmemorando su 30º Aniversario en una gira que paró por Segovia tras un exitoso verano. Qué mejor metáfora de lo que Shuarma y su grupo llevan haciendo a la perfección durante más de 30 años: ser uno de los grupos españoles que más le ha cantado al amor en sus diferentes vertientes, sin perder ni un ápice de estilo, honradez y modernidad. Algo que les ha llevado a ser queridos y respetados.
Shuarma, trovador del siglo XXI, tiene una presencia única, y es capaz de hacer que la gente se levante de sus asientos y se ponga a bailar, como el Flautista de Hamelin, pero de Barcelona. Antes de producirse esta catarsis, en la que se demostró que el público segoviano no es tan frío, Elefantes (Shuarma, Julio Cascán, Álex Vivero y Jordi Ramiro) interpretaron, desenchufados, la primera canción compuesta por el grupo catalán, «Pretendes». Una semilla que sirvió para ir germinando un concierto lleno de historias muy presentes, como la pedida de mano de Javi y Marina; o la de cómo Shuarma se hizo amigo del célebre payaso Charlie Rivel mientras veraneaba en Cubellas, y cuya experiencia le hizo componer la canción «Payaso».
Tras este emocionante inicio, también hubo hueco para temas melancólicos. Y es que según dicen los que saben de esto, las mejores canciones nacen de experiencias duras, ya que provienen de lo más profundo del alma. Así, las luces del teatro bajaron su intensidad y tiñeron la estancia de rojo para disfrutar de temas como «Hoy» o «Duele».
La noche transcurría bajo la magia del teatro, un lugar donde grupos como Elefantes aprovechan esta mística que da el poder tocar sobre unas tablas por las que han pasado tantos personajes. «Lo más pequeño», «Equlibrios», «Cada vez», «Azul», «Somos nubes blancas», «Te quiero» o «Que yo no lo sabía» llenaron de energía positiva a quienes acudieron al Juan Bravo. Y como toda historia debe completarse, Los barceloneses dejaron para el final la última canción compuesta, «Este amor», single de su disco «30 Aniversario o Tratado de Jardinería».
Y para los bises, dos temazos que hicieron despegarse de sus butacas a todos los presentes: «Mis sueños» y «Piedad». No hubo canción que no fuera conocida y cantada por los espectadores, lo cual es buen indicador de que estos 30 años pueden seguir a otros 30. Porque la música de Elefantes, como el Amor, no tiene caducidad.






























