Con 83 años, Paul McCartney publica «The Boys of Dungeon Lane», uno de sus mejores trabajos en solitario

(c) La foto es de Mary McCartney

Paul McCartney: antes de que existieran los Beatles

Hay discos que llegan para conquistar listas de ventas, otros aparecen para reivindicar un legado y luego están aquellos que nacen de una necesidad mucho más íntima: la de mirar atrás para entender quién eres realmente.

A estas alturas resulta casi imposible escribir sobre Paul McCartney sin caer en los lugares comunes. Hablamos de uno de los compositores más influyentes de la historia de la música popular, de alguien cuya obra ayudó a redefinir el siglo XX y cuyo nombre ha terminado convirtiéndose en algo mucho más grande que una simple carrera artística, por eso resulta especialmente llamativo que, después de tantas décadas, tantos discos y tantos capítulos vividos, McCartney haya decidido volver precisamente al principio.

A un Liverpool todavía marcado por la posguerra, a las calles donde aprendió a observar el mundo, a los recuerdos de sus padres, a la amistad adolescente con dos chavales llamados John Lennon y George Harrison cuando aún nadie sospechaba que estaban a punto de cambiar la historia de la música para siempre.

El propio concepto de «The Boys of Dungeon Lane» resulta fascinante.

No estamos ante un ejercicio de nostalgia ni ante un museo de recuerdos cuidadosamente ordenados. Lo que McCartney propone es algo mucho más complejo: reconstruir emocionalmente el territorio donde se formó el hombre que más tarde acabaría convirtiéndose en una leyenda.

Las catorce canciones del álbum funcionan como pequeñas ventanas abiertas a una época concreta. Un tiempo donde todavía no existían los estadios llenos, ni la Beatlemanía, ni los récords imposibles de ventas, solo quedaban los sueños y la música.

Es precisamente esa mirada vulnerable la que parece haber cautivado a buena parte de la crítica internacional, que ha recibido el disco como una de las obras más personales de toda su trayectoria.

Existe algo profundamente hermoso en escuchar a un artista de la talla de McCartney escribir desde la serenidad.

Muchos músicos veteranos terminan atrapados intentando competir con su propio pasado. Otros se refugian en la repetición cómoda de fórmulas conocidas, sin embargo, «The Boys of Dungeon Lane» parece recorrer un camino diferente, las canciones hablan del paso del tiempo, de la memoria, de las pérdidas, de la familia y de los lugares que permanecen cuando todo lo demás cambia, temas universales que adquieren una dimensión especial cuando son narrados por alguien que ha vivido prácticamente todas las etapas posibles de una carrera artística: No hay urgencia, no hay necesidad de reivindicación, solo la voluntad de contar una historia.

Si algo han destacado prácticamente todas las críticas aparecidas durante las últimas semanas es que el talento melódico de McCartney continúa intacto, quizá sea esa la verdadera constante de toda su carrera. Cambian los arreglos, cambian las épocas, cambian las circunstancias vitales, pero siempre permanece esa capacidad casi sobrenatural para construir melodías que parecen haber existido desde siempre.

Escuchando títulos como Days We Left Behind’, ‘We Two’, ‘Home To Us’ oMomma Gets By’, resulta inevitable pensar que el álbum está menos interesado en impresionar que en emocionar y probablemente ahí radique buena parte de su fuerza.

La gran paradoja de Paul McCartney es que, cuanto más gigantesca se vuelve su figura pública, más interés parece despertar el ser humano que existe detrás del icono. Quizá por eso este nuevo trabajo resulta tan atractivo porque nos recuerda que antes de los Beatles hubo un niño creciendo en Liverpool, antes de los estadios hubo habitaciones pequeñas, antes de la leyenda hubo incertidumbre y antes de convertirse en una de las figuras más importantes de la cultura popular contemporánea hubo alguien que simplemente quería escribir canciones.

A lo largo de su carrera, McCartney ha explorado prácticamente todos los caminos posibles, ha revolucionado la música popular, ha sobrevivido a los cambios de industria, ha atravesado varias generaciones y ha seguido creando cuando ya no necesitaba demostrar absolutamente nada, por eso «The Boys of Dungeon Lane» resulta especialmente significativo, no porque intente añadir un nuevo capítulo a la leyenda, sino porque parece empeñado en recordarnos dónde comenzó todo y quizá, después de tantos años, no exista viaje más emocionante que ese.

Aunque nunca hayamos podido entrevista a Paul McCartney —ni probablemente nunca vayamos a hacerlo— en Histéricas Grabaciones seguimos celebrando cada nueva oportunidad de asomarnos al universo creativo de uno de los arquitectos fundamentales de la música moderna y «The Boys of Dungeon Lane» parece precisamente eso: una invitación a regresar al lugar donde nacieron las canciones, los recuerdos y los sueños que terminaron cambiando el mundo.

Mira a Paul McCartney y Paul Mescal en conversación aquí

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