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El Vid 2026 brinda por su consolidación con una edición marcada por la emoción, la cercanía y la buena música
Cuarta edición de un festival que sigue creciendo sin perder su esencia
Hay festivales que crecen aumentando aforos. Otros lo hacen ampliando carteles y luego está El Vid, que parece haber encontrado una fórmula mucho más difícil: crecer sin perder la personalidad que lo hace diferente.
La cuarta edición del festival castellanomanchego volvió a convertir Daimiel en un punto de encuentro donde la música, la gastronomía y la cultura del vino convivieron de forma natural durante dos jornadas marcadas por el buen ambiente, la diversidad artística y una notable respuesta del público.
Un arranque entre la emoción y la celebración
La primera jornada comenzó bajo uno de esos atardeceres manchegos que parecen diseñados para acompañar la música en directo. Los encargados de abrir el festival fueron Niños Bravos, que desplegaron sobre el escenario una propuesta cargada de humor, ironía y desenfado, consiguiendo los primeros coros colectivos de la edición gracias a su particular revisión de “Un beso y una flor”.
La emoción llegaría poco después de la mano de Merino. Sandra Merino y Álex Gallego aterrizaban en Daimiel en pleno recorrido de presentación de “El Bosque”, un disco que habla de crecimiento, refugio y madurez emocional. La conexión con el público fue inmediata y alcanzó uno de los momentos más especiales del festival cuando Sandra se emocionó visiblemente al escuchar a los asistentes cantar junto a ella “Me Voy”.
Modelo confirma su idilio con El Vid
Si hubo una actuación que resumió a la perfección el espíritu de comunidad que caracteriza al festival, esa fue la de Modelo.
El dúo zaragozano volvió a conquistar al público con su mezcla de energía, cercanía y actitud festiva. Coreografías improvisadas, saltos colectivos y el primer pogo oficial de esta edición sirvieron para confirmar el vínculo especial que mantienen con el festival.
La actuación tuvo además un marcado componente emocional. Los propios músicos recordaron su evolución dentro de El Vid, desde sus primeras actuaciones en espacios secundarios hasta alcanzar ahora el escenario principal. Un recorrido que simboliza también el crecimiento del propio festival.
La noche terminó con la energía inagotable de Dj Nano, encargado de cerrar la jornada mezclando grandes éxitos del pop-rock nacional con la contundencia de la música electrónica.
Música, vino y gastronomía para una jornada de altura
La segunda jornada arrancó con la celebración de Brujerías Sonoras, el concurso impulsado por el Ayuntamiento de Daimiel que permitió descubrir propuestas emergentes como Sara del Valle, Belapalma o Línea 12.
Mientras tanto, el recinto ferial comenzaba a llenarse de asistentes dispuestos a disfrutar de uno de los elementos diferenciales de El Vid: la combinación de música en directo, productos locales y cultura vinícola.
La sesión de tarde estuvo acompañada por la música de Bita antes de dar paso a una noche en la que se sucedieron algunos de los momentos más destacados del festival.
Del aniversario de Nena Daconte al cierre de Miss Caffeina
Uno de los conciertos más celebrados fue el de Nena Daconte, que conmemoró los veinte años de “He perdido los zapatos” repasando algunas de las canciones más importantes de su carrera. Entre ellas destacó una curiosa actualización de la letra de “Tenía tanto que darte”, un guiño que no pasó desapercibido para sus seguidores más fieles.
La fiesta continuó con la energía de Éxtasis y su mezcla de rumba-pop, incluyendo el estreno en directo de “Se acabó el indie”, antes de que Miss Caffeina tomara el relevo para ofrecer uno de los conciertos más esperados de la edición.
La banda combinó temas de su reciente “Buenasuerte” con clásicos imprescindibles como “Merlí”, “Capitán” o “Mira cómo vuelo”, confirmando una vez más su excelente estado de forma.
Un festival con identidad propia
Más allá de los nombres propios, El Vid volvió a demostrar que su principal fortaleza reside en una identidad perfectamente definida. Un festival que apuesta por la proximidad, la experiencia compartida y una programación capaz de reunir generaciones, estilos y públicos diversos en torno a una misma celebración.
Cuatro ediciones después, Daimiel puede presumir de haber consolidado una cita cultural que ya forma parte del calendario imprescindible de muchos aficionados a la música en directo. Y, a juzgar por lo vivido durante este fin de semana, el futuro de El Vid parece tan prometedor como sus espectaculares atardeceres manchegos.




































