Huercasa Country Festival (Riaza, Segovia 3-4-5 de Julio de 2026)

(c) Las fotos son de @sergioalbert_

Durante un fin de semana, Riaza volvió a hablar con acento americano

Hay festivales que organizan conciertos. Huercasa Country Festival lleva once años consiguiendo algo bastante más complicado: que un pequeño pueblo segoviano parezca, durante unos días, un rincón perdido entre Tennessee, Texas y las carreteras secundarias de Estados Unidos… sin dejar nunca de ser Riaza.

Y ahí reside probablemente el secreto de un festival que ha vuelto a despedirse dejando una sensación difícil de explicar con cifras porque Huercasa nunca ha intentado parecer el festival más grande, ha preferido ser uno de los más auténticos.

Un viaje por la música de raíces

La undécima edición volvió a demostrar la enorme amplitud de la música americana.

Desde la contundencia de Cracker, capaces de convertir el rock alternativo en una lección de personalidad, hasta la elegancia sureña de Brent Cobb, pasando por la emoción de Crowe Boys, el honky-tonk contemporáneo de Emily Nenni, la energía desbordante de Johnny Mullenax, el regreso siempre celebrado de Rob Leines o la sensibilidad alternativa de unos Brown Horse que confirmaron por qué son una de las bandas europeas con mayor proyección dentro del género. A ese recorrido musical se sumaront también la calidez narrativa de Juana Everett, que abrió el escenario principal con las canciones de su reciente “Past Lives in California”, y la frescura de Alana Springsteen, representante de una nueva generación del country capaz de tender puentes entre Nashville y el pop contemporáneo.

Pero el festival volvió a demostrar que su programación no entiende únicamente de nombres, también entiende de descubrimientos.

El Escenario Harvest volvió a reivindicar ese papel con propuestas como Montefurado, firmando uno de los conciertos más intensos del fin de semana, junto a Castor Head, The Ripples o Suso Díaz & The Appaloosas, ampliando el mapa sonoro de la música de raíces desde la escena nacional.

Mucho más que un cartel

Hay una imagen que resume muy bien lo que ocurre cada verano en Huercasa.

Mientras unos asistentes disfrutan de un concierto, otros bailan country line dance en la Plaza Mayor, las familias juegan en Pioneertown, los niños participan en talleres, alguien prueba productos de Huercasa, otros descubren un vino de Protos o hacen una pausa para comer en las zonas gastronómicas.

Todo sucede al mismo tiempo y todo forma parte del mismo festival.

Esa convivencia entre música, gastronomía, territorio y vida familiar sigue siendo uno de los rasgos que distinguen a Huercasa dentro del panorama europeo.

Un festival que también pertenece a Riaza

La Plaza Mayor volvió a convertirse en uno de los grandes corazones del festival.

Las sesiones abiertas de Country Line Dance y el concierto gratuito de Conjunto San Antonio reunieron a vecinos, visitantes y público llegado desde distintos puntos del país en torno a una celebración que desborda el propio recinto de conciertos.

Huercasa nunca ha dado la sensación de instalarse en Riaza, da la impresión de formar parte de ella y quizá por eso el pueblo responde edición tras edición con la misma naturalidad.

Once años construyendo una identidad

En una época donde muchos festivales terminan pareciéndose entre sí, Huercasa continúa defendiendo una personalidad muy reconocible.

La música americana sigue siendo el centro, pero alrededor de ella aparecen la alimentación saludable, el respeto por el territorio, la convivencia familiar y una manera tranquila de disfrutar del verano que resulta cada vez más difícil de encontrar.

No hace falta viajar miles de kilómetros para respirar ese espíritu, durante un fin de semana basta con acercarse hasta Riaza y eso convierte a Huercasa Country Festival en algo bastante más importante que una cita musical, lo convierte en un lugar al que siempre apetece volver.