Holika demuestra que un festival también puede convertirse en un mundo entero
Hace tiempo que Holika dejó de ser únicamente un festival de música electrónica.
La edición de 2026 ha vuelto a demostrar que su verdadera propuesta consiste en algo mucho más ambicioso: construir un universo donde la música sea solo una parte de la experiencia.
Durante cuatro jornadas, 100.000 personas transformaron Calahorra en una ciudad efímera inspirada en la Antigua Roma. Un lugar donde los conciertos convivieron con espectáculos itinerantes, personajes históricos, desfiles, fuego, videomapping y una producción técnica diseñada para que el público no sintiera que asistía a un festival, sino que entraba en otro mundo.
La espectacularidad como lenguaje
El escenario principal volvió a convertirse en uno de los grandes protagonistas de la edición.
Con más de 120 metros de fachada, cientos de metros cuadrados de pantallas LED, decenas de láseres, un impresionante despliegue de iluminación y un sistema de sonido de gran potencia, Holika confirmó su apuesta por una producción que sitúa el espectáculo visual al mismo nivel que la programación musical.
No se trata únicamente de impresionar, se trata de crear una experiencia inmersiva donde cada elemento contribuya a construir una misma historia.
Una banda sonora para una ciudad imaginaria
Por ese escenario pasaron algunos de los nombres más importantes de la electrónica mundial.
Hardwell, Armin van Buuren, Marshmello, Afrojack, Don Diablo, Alok, Timmy Trumpet, Mathame, Korolova, Mariana BO, Giuseppe Ottaviani o DJ Nano encabezaron un cartel que volvió a reunir diferentes sensibilidades dentro de la música electrónica contemporánea.
La inauguración ya anticipó el carácter especial de esta edición con la actuación del Padre Guilherme frente a la Catedral de Calahorra, acompañada por un espectacular videomapping que unió patrimonio histórico y música electrónica en una imagen difícil de olvidar.
Mucho más que un escenario
La temática The Eternal Flame convirtió el recinto en una auténtica recreación inspirada en la Antigua Roma: Gladiadores, soldados, cuadrigas, personajes mitológicos, espectáculos itinerantes, el Circus Maximus…
Cada rincón contribuía a mantener viva una narrativa que acompañaba al público durante toda la experiencia.
En Holika no basta con asistir a un concierto, hay que recorrer el festival.
Un motor para Calahorra
Más allá de la espectacularidad, Holika volvió a demostrar el importante impacto que genera sobre la ciudad.
Los 100.000 asistentes y un retorno económico estimado en 47 millones de euros confirman el peso que el festival ha adquirido dentro del calendario cultural y turístico de La Rioja.
Con el respaldo institucional del Ayuntamiento de Calahorra y del Gobierno de La Rioja, el festival continúa consolidando una propuesta capaz de atraer visitantes nacionales e internacionales y situar a la ciudad entre las grandes referencias del verano europeo.
Cuando un festival se convierte en una experiencia
Cada edición de Holika parece perseguir el mismo objetivo; No limitarse a ofrecer un cartel., construir un relato y quizá esa sea la razón por la que sigue creciendo año tras año porque las personas recuerdan los conciertos, pero también recuerdan los lugares donde los vivieron y Holika lleva tiempo convirtiendo ese lugar en algo muy difícil de olvidar.




















