Festival Jardín de las Delicias 2026 (Madrid, 18-19 de Septiembre de 2026)

EL FESTIVAL DONDE SEPTIEMBRE EMPIEZA CANTANDO

El verano termina de muchas maneras:Vuelven los horarios, las ciudades recuperan su velocidad habitual, los calendarios empiezan a llenarse otra vez y desde hace siete años Madrid ha añadido otra ceremonia al regreso de septiembre: Jardín de las Delicias.

Durante dos jornadas, el campo de rugby de Cantarranas de la Universidad Complutense volvió a convertirse en un espacio donde más de 50.000 personas cambiaron durante unas horas el inicio del curso por conciertos, pogos, canciones conocidas de memoria y algunos descubrimientos.

La idea parece sencilla, pero precisamente ahí reside buena parte de su fuerza, no exigir al público que elija entre recordar y descubrir, permitir que ambas cosas sucedan en el mismo fin de semana.

DANI MARTÍN Y LAS CANCIONES QUE YA PERTENECEN A OTROS

El viernes tuvo uno de esos conciertos que explican por qué determinadas canciones dejan de pertenecer completamente a quien las escribió. Eso fue lo de Dani Martín que estuvo dos horas sobre el escenario.

Muchos de los temas que interpretó llevan años asociados a momentos concretos de miles de personas: a sus adolescencias, su primeros conciertos, quizás viajes, rupturas, sin duda, épocas enteras y lo más interesante es que esas mismas canciones continúan encontrando público nuevo. Es ahí donde la nostalgia deja de ser únicamente recuerdo y se convierte en transmisión.

Algo parecido ocurrió con Despistaos, capaces de alternar canciones recientes con aquellos temas de principios de los 2000 que siguen activando una reacción inmediata.

La verdad es que Eel tiempo pasa, pero las canciones, algunas veces, no demasiado.

SEXY ZEBRAS: EL CUERPO TAMBIÉN RECUERDA

Si Dani Martín activó memoria emocional, Sexy Zebras eligieron una vía bastante menos contemplativa: Pogos, contacto, ruido y sudor,… Sin duda, y con es habitual en ellos, uno de los directos más físicos de la edición.

Existe una diferencia importante entre reconocer una canción y sentirla en el cuerpo y Sexy Zebras trabaja precisamente ahí, no pide atención educada, pide participación y esa forma de entender el escenario sigue siendo uno de los elementos que mejor separa un festival de una sucesión de reproducciones gigantes.

MARLENA Y LA FACILIDAD PARA CONECTAR

Marlena volvió a demostrar algo especialmente valioso en un cartel tan amplio y es la capacidad para conectar rápidamente.

Y es que, en los festivales no siempre existe tiempo para construir una relación lentamente con el público, a veces dispones de unos minutos para convencer a alguien que quizá haya llegado para ver al artista siguiente.

Marlena sabe moverse en ese territorio y esa facilidad para reducir la distancia entre escenario y público explica parte de su crecimiento durante los últimos años.

NIL MOLINER Y LA FIESTA COMO CIERRE

Para terminar la primera jornada, Nil Moliner hizo lo que se esperaba de él: convertir el final del día en una fiesta. Esto puede parecer una función sencilla pero no lo es.

Cerrar un festival significa recoger cansancio, calor, horas de conciertos y miles de expectativas diferentes y conseguir que todo eso termine pareciendo una sola celebración y ahí Nil Moliner se mueve con especial comodidad.

EL SÁBADO EMPEZÓ MIRANDO HACIA DELANTE

Si el viernes ofrecía una presencia muy evidente de canciones ya incrustadas en la memoria colectiva, el sábado comenzó con nombres que representan otro momento.

Serko abrió el escenario Endesa.

Después llegó Mafalda Cardenal, que volvió a demostrar hasta qué punto naturalidad y magnetismo pueden pesar tanto como cualquier gran producción, no se trata únicamente de ocupar un escenario, se trata de conseguir que parezca tuyo durante el tiempo que permaneces allí y Mafalda lo consiguió.

MARLON Y EL MOMENTO EN QUE LAS CANCIONES DEJAN DE SER NUEVAS

Marlon llegó con Hipersensible recién publicado, pero una de las señales más interesantes de la relación entre artista y público apareció rápidamente, y es que la gente ya conocía las letras.

Ese instante siempre resulta significativo. Una canción puede tener pocos meses y, sin embargo, haber recorrido ya suficiente camino como para dejar de sentirse nueva y empieza entonces otra vida, la que ocurre cuando alguien frente al escenario la canta sin necesidad de esperar al estribillo.

TABURETE YA FORMA PARTE DEL PAISAJE

Taburete pertenece ya al ADN de Jardín de las Delicias y eso genera una relación diferente ya que no llegan únicamente como artistas incluidos en un cartel, existe una familiaridad previa, una especie de lenguaje compartido.

Su concierto volvió a convertirse en uno de los más coreados del fin de semana y contó además con la aparición de Pavlenha, que poco antes había actuado en el escenario Bosque Ahorramás.

Ese cruce entre escenarios también ayuda a que el festival no funcione como compartimentos completamente aislados.

VIVA SUECIA Y EL TAMAÑO DEL HIMNO

Después llegó Viva Suecia.

A estas alturas, la banda domina perfectamente una cuestión difícil: hacer que una canción pensada desde la intimidad termine sonando enorme ante miles de personas.

Sus canciones han ido creciendo al mismo tiempo que los escenarios pero conservan algo esencial, la sensación de que debajo del volumen todavía existe una emoción reconocible y por eso funcionan tan bien en festivales, porque consiguen convertir sentimientos individuales en algo colectivo sin perder del todo la fragilidad original.

DORIAN: VEINTE AÑOS SIN CONVERTIRSE EN SU PROPIO HOMENAJE

Dorian celebró veinte años de trayectoria y esa frase puede resultar peligrosa, porque cumplir años dentro de la música corre el riesgo de transformar cualquier concierto en una retrospectiva, pero una carrera larga solo sigue teniendo sentido cuando el pasado no ocupa todo el escenario.

La celebración funcionó precisamente porque esas canciones siguen teniendo uso en el presente, no estaban allí únicamente para recordar quién fue Dorian, sino también para recordar por qué continúa estando allí.

EL OTRO JARDÍN

Mientras los grandes nombres ocupaban el escenario Endesa, el Bosque Ahorramás construía otra parte fundamental del festival.

Ignacio Serrano, Gon Abril, La Azotea, Mbongo, Kalenn, Alex Wall, Javi Chapela, Yarea, Ters, Julia Centeno y Moni Motes pasaron por un espacio dedicado a artistas que se están abriendo camino en salas y pequeños circuitos.

Y quizá ahí se encuentre una de las decisiones más importantes de cualquier festival con vocación de continuidad, no limitarse a contratar aquello que ya funciona, dejar también espacio para aquello que todavía está aprendiendo a funcionar, porque todos los nombres grandes del escenario principal estuvieron alguna vez en un escenario pequeño.

DEPÓL APARECE SIN AVISAR

Uno de esos pequeños acontecimientos que ayudan a construir memoria llegó con Moni Motes, que invitó por sorpresa a Depol.

No necesariamente será el momento que ocupe más titulares, pero los festivales también viven de esas pequeñas rupturas de programación. Aquello que no estaba previsto, lo que únicamente ocurrió para quienes estaban allí.

En tiempos en los que prácticamente todo puede verse después en una pantalla, esa sensación sigue siendo valiosa.

TAMBIÉN HAY QUE BAILAR ENTRE CONCIERTOS

El Bosque Ahorramás asumió además otra función, la de pista de baile.

Sesiones de Barce, Ardiya, Mickey Pavón, Los Gilca, Iván MG, Carlos G, Tinture, Juan Valiente, Mike Fajardo, Julia Centeno, Hidalgo, Juan González y Raigada fueron ocupando los espacios entre bandas, una manera de evitar que el festival exista únicamente cuando hay alguien tocando sobre un escenario.

UN FESTIVAL TAMBIÉN ES UN LUGAR

El Jardín mantiene además una característica visual reconocible con criaturas fantásticas, animales exóticos y una espectacular escenografía. El trabajo de Pablo Méndez Performances vuelve a convertir el recinto en algo distinto a un simple campo donde se instalan escenarios. Esto puede parecer secundario frente a la música, pero lo es del todo ya que los festivales que sobreviven suelen terminar construyendo también un espacio reconocible, no solo quieres saber quién toca, quieres saber dónde estás y Jardín de las Delicias ha trabajado durante siete ediciones esa sensación.

SIETE AÑOS DESPUÉS

La primera edición podía ser un experimento, pero séptima empieza a ser una tradición.

Ahí aparece la verdadera dimensión de Jardín de las Delicias, no únicamente en las cifras, ni siquiera en los cabezas de cartel, sino en haber conseguido asociar un momento del calendario a una experiencia: Septiembre-Madrid-La Complutense-El final del verano-El regreso y Música. Y es que el inicio del curso ya no es igual desde hace siete ediciones, después de más de 50.000 asistentes empieza a tener algo de realidad.

DEL RECUERDO AL DESCUBRIMIENTO

Quizá por eso la edición 2026 funcione especialmente bien como fotografía del festival.

En un extremo está Dani Martín interpretando canciones que algunas personas llevan veinte años cantando, en otro, artistas emergentes intentando conseguir que alguien recuerde por primera vez su nombre y entre ambos Viva Suecia, Marlena, Taburete, Dorian, Marlon, Sexy Zebras, Mafalda Cardenal, Nil Moliner, diferentes momentos de una misma carrera musical.

La canción que empieza, la que crece, la que se convierte en himno, la que sobrevive, … y todo esto en dos días.

AHORA, SEVILLA

Pero el Jardín ya no quiere quedarse únicamente en Madrid, el próximo 17 de octubre celebrará su primera edición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla.

El cartel incluye a Sebastián Yatra, Taburete, Siloé, Marlena, Álvaro de Luna, Hey Kid, Hermanos Martínez, Tu Otra Bonita y Q2.

Será otra prueba, porque trasladar un festival significa algo más que trasladar un nombre y habrá que comprobar si esa identidad construida durante siete ediciones en Madrid puede funcionar en otra ciudad.

SEPTIEMBRE EMPIEZA CANTANDO

Cuando termina un festival, el recinto vuelve inevitablemente a ser lo que era: Desaparecen escenarios, las luces, las burbujas, las criaturas, las barras de bebida y el campo vuelve a parecer un campo, pero algunas canciones permanecen unos días más en el coche o en casa o simplemente, en la cabeza, y es quizá lo que Jardín de las Delicias ha conseguido después de siete ediciones, no inventar el final del verano sino ponerle banda sonora y mientras miles de personas regresan a horarios, trabajos, clases y rutinas, queda todavía ese pequeño recuerdo: durante un fin de semana, septiembre empezó cantando.