(c) Las fotos son del gran Fran Cea
Segovia volvió a convertirse en la capital del soul, el blues y el funk con 2 días de música, encuentros y emociones que confirman la madurez de una cita imprescindible
Hay festivales que se recuerdan por un concierto concreto. Otros por una canción, una conversación inesperada o una puesta de sol compartida entre amigos. Y luego están esos festivales que consiguen reunirlo todo.
Afroblue volvió a demostrar durante los días 5 y 6 de junio por qué se ha convertido en una de las citas más especiales del calendario musical español. Cinco ediciones después, el festival segoviano ya no necesita presentaciones. Lo que comenzó como una apuesta valiente por las músicas afroamericanas se ha consolidado como un evento con personalidad propia, capaz de atraer a artistas internacionales, público llegado desde distintos puntos del país y una comunidad que crece año tras año y lo mejor de todo es que sigue conservando el alma.
Un jardín convertido en punto de encuentro
El entorno del Jardín de Los Zuloaga volvió a jugar un papel protagonista. Pocos festivales pueden presumir de ofrecer una experiencia musical en un espacio tan singular, a escasos metros del Acueducto y rodeado de historia.
Desde primera hora del viernes se percibía esa sensación tan difícil de explicar que aparece cuando un festival funciona. Reencuentros entre aficionados, conversaciones sobre discos, saludos entre músicos y un ambiente relajado que invitaba a disfrutar de la música sin prisas porque Afroblue sigue siendo uno de esos lugares donde todavía se viene a escuchar.
Un viernes de menos a más hasta estallar en soul
La encargada de abrir esta quinta edición fue Yuley Díaz, que conquistó al público con una actuación elegante y cargada de sensibilidad. Su propuesta, profundamente vinculada al jazz y a las músicas de raíz cubana, fue el punto de partida perfecto para un fin de semana que prometía emociones fuertes.
John Németh y Sean “Mack” McDonald elevaron después la temperatura con una lección magistral de blues contemporáneo. Técnica, sentimiento y una conexión inmediata con el público marcaron una actuación que confirmó por qué Németh sigue siendo una referencia internacional del género.
La noche fue creciendo con los franceses Lehmanns Brothers, que desplegaron una irresistible combinación de funk, jazz y groove moderno, consiguiendo que buena parte del público terminara bailando frente al escenario.
Y cuando parecía difícil ir más allá, llegó Principles of Joy. La banda francesa firmó una de las actuaciones más explosivas del festival, reivindicando la vigencia del soul clásico con una energía arrolladora.
El vermú más musical de Segovia
Una de las señas de identidad de Afroblue sigue siendo su capacidad para integrar propuestas gratuitas dentro de la programación.
La sesión vermú del sábado volvió a demostrarlo:Vega y Olivares ofrecieron uno de esos conciertos que invitan a detenerse y escuchar cada nota. Poco después, The Shu Shu’s transformaron el mediodía segoviano en una auténtica celebración colectiva donde convivieron familias, aficionados veteranos y nuevos descubridores del festival, una escena que define perfectamente lo que Afroblue representa hoy.
Una noche para el recuerdo
El sábado por la tarde llegaba el momento de afrontar la recta final del festival.
Tiwayo abrió la jornada con una propuesta elegante y personal donde convivieron soul, blues y folk contemporáneo. Una actuación llena de matices que preparó el terreno para uno de los nombres más esperados del cartel.
Charlie Wood ofreció una auténtica lección de elegancia musical. El músico de Memphis desplegó sobre el escenario toda la clase y experiencia acumuladas durante décadas de trayectoria, conquistando a un público que respondió con una ovación constante.
Con la caída del sol llegó uno de los momentos culminantes del fin de semana. Patax convirtió el recinto en una auténtica fiesta gracias a una propuesta tan ambiciosa como efectiva, donde jazz, flamenco, funk y músicas del mundo convivieron con absoluta naturalidad.
Y cuando parecía que el listón estaba ya en lo más alto, los canadienses The Free Label pusieron el cierre definitivo con una descarga de soul y funk que transformó el Jardín de Los Zuloaga en una gigantesca pista de baile.
Nadie quería que terminara.
Mucho más que un festival
Quizá la mayor virtud de Afroblue sea precisamente esa. No se trata únicamente de una sucesión de conciertos, es un espacio donde conviven generaciones diferentes, estilos musicales diversos y formas muy distintas de entender la música.
Durante dos días, Segovia volvió a convertirse en un lugar de encuentro para amantes del soul, el blues, el jazz, el funk y todas aquellas músicas que nacieron de la mezcla, el mestizaje y la libertad creativa.
La quinta edición de la confirmación
Si la pasada edición confirmó el crecimiento del festival, la de 2026 ha servido para certificar definitivamente su madurez, el lleno registrado durante el fin de semana, la respuesta del público y el nivel artístico de la programación demuestran que Afroblue ha encontrado su lugar dentro del circuito nacional.
Cinco años después de su nacimiento, el festival sigue creciendo sin renunciar a aquello que lo hizo especial desde el principio: la cercanía, la calidad y el amor por la música y viendo cómo se despidió el público el pasado sábado, parece evidente que ya hay mucha gente esperando la llegada de la sexta edición.




































