Sting (Plaza de Toros de Granada, 1001 Músicas-CaixaBank2026, 16 de Julio de 2026)

Sting convierte Granada en un homenaje a la fuerza imperecedera de las canciones

Algunas carreras sobreviven gracias al peso de la nostalgia, otras continúan creciendo porque sus canciones siguen conservando intacta la capacidad de emocionar. La de Sting pertenece, sin ninguna duda, a esta segunda categoría.

Quince años después de su recordada actuación junto a la Orquesta Ciudad de Granada durante la gira “Symphonicities”, el músico británico regresó a la Plaza de Toros para inaugurar el ciclo 1001 Músicas – CaixaBank 2026 con una propuesta radicalmente distinta. Frente a la grandiosidad orquestal de aquella ocasión, “STING 3.0” apuesta por la desnudez sonora: un bajo, una guitarra, una batería y un repertorio que no necesita adornos para seguir conmoviendo al público.

Lejos de plantearse como un ejercicio de nostalgia, este formato devuelve el protagonismo absoluto a las canciones, porque cuando una composición está construida para perdurar, cualquier escenario resulta suficiente.

Tres músicos, un sonido lleno de matices

A su lado volvía a encontrarse uno de sus compañeros más inseparables, Dominic Miller, cuya guitarra continúa siendo una prolongación natural del universo musical de Sting después de más de tres décadas compartiendo escenarios y estudios de grabación. Elegante, preciso y siempre al servicio de la melodía, Miller volvió a demostrar que la sencillez puede resultar mucho más poderosa que cualquier exhibición técnica.

Completa el trío Chris Maas, cuya batería aportó el equilibrio perfecto entre contundencia y sensibilidad. Su interpretación permitió que cada canción respirara con naturalidad, reforzando la sensación de estar asistiendo a una conversación constante entre tres músicos que entienden perfectamente cuándo tocar… y cuándo dejar hablar al silencio.

Ese equilibrio convirtió el concierto en una experiencia íntima incluso dentro de un recinto tan imponente como la Plaza de Toros.

Un repertorio que forma parte de la memoria colectiva

Bastaron los primeros acordes de ‘Message in a Bottle’ para que Granada entendiera que la noche iba a ser especial.

Desde ese instante, el público acompañó prácticamente cada canción, convirtiendo muchos de sus estribillos en un inmenso coro colectivo que evidenció hasta qué punto la obra de Sting ha trascendido generaciones.

El repertorio navegó con absoluta naturalidad entre los clásicos de The Police y una carrera en solitario que hace mucho dejó de vivir a la sombra de su antigua banda.

‘Englishman in New York’, ‘Fields of Gold’, ‘Shape of My Heart’, ‘Mad About You’ o ‘If I Ever Lose My Faith in You’ compartieron protagonismo con piezas fundamentales como ‘Wrapped Around Your Finger’, ‘Driven to Tears’, ‘Can’t Stand Losing You’ o ‘So Lonely’, demostrando que ambas etapas forman ya parte de una misma identidad artística.

También hubo espacio para mirar al presente con ‘I Wrote Your Name (Upon My Heart)’, prueba de que Sting sigue componiendo con la misma elegancia melódica y la misma inquietud creativa que han marcado toda su trayectoria.

Un artista que sigue viviendo en el presente

Resulta tentador contemplar a Sting como una leyenda del pasado.

Sin embargo, conciertos como el de Granada recuerdan precisamente lo contrario.

A sus 74 años no transmite la sensación de limitarse a interpretar un repertorio histórico. Cada canción sigue habitada por la misma convicción con la que fue escrita, como si el tiempo únicamente hubiera servido para añadir nuevos matices a unas composiciones que nunca dejaron de evolucionar.

La intensidad fue creciendo progresivamente con ‘Brand New Day’, ‘Desert Rose’ y una monumental ‘Every Breath You Take’, probablemente el momento de mayor comunión entre artista y público de toda la noche.

Después llegaron los bises.

Un entusiasta “¡Viva España!” precedió a ‘Roxanne’, antes de que ‘Fragile’ cerrara el concierto desde un lugar completamente distinto. Sin necesidad de elevar el volumen ni buscar el impacto fácil, Sting eligió despedirse desde la emoción más contenida, dejando suspendida en el aire una de esas canciones que parecen adquirir nuevos significados cada vez que vuelven a sonar.

Cuando las canciones sobreviven a su tiempo

Antes de la actuación principal, el dúo irlandés Dea Matrona abrió la velada con un sólido concierto de rock alternativo que confirmó el excelente momento creativo de la formación.

Después llegó el turno de Sting y volvió a ocurrir algo que solo está al alcance de unos pocos artistas.

Durante casi dos horas desaparecieron las etiquetas, las épocas y las comparaciones entre etapas. Solo quedaron canciones que siguen formando parte de la vida de millones de personas.

Ese quizá sea el mayor privilegio que puede alcanzar un compositor, no que el público recuerde sus éxitos, sino comprobar que, varias décadas después de haber sido escritos, continúan encontrando nuevas razones para emocionar.

Etiquetado con: