SALIR DE LA CÁRCEL DE LO QUE SE ESPERA DE TI
Durante un tiempo, Toundra no sabía exactamente cómo iba a continuar, lo único que sí sabía era que quería hacerlo y la diferencia no es pequeña, porque cuando una banda lleva casi veinte años construyendo una identidad suficientemente reconocible como para que apenas hagan falta unos segundos para identificarla, la posibilidad de perder una formación estable no obliga únicamente a sustituir piezas.
Obliga a hacerse una pregunta bastante más incómoda: ¿qué parte de todo esto era realmente Toundra? Alberto, Álex y Macón tenían claro que seguirían tocando juntos, no sabían si el nombre permanecería, ni sabían exactamente qué forma adoptaría aquello pero la voluntad sobrevivió antes que la estructura.
«Nos encanta tocar juntos y sabíamos que saldríamos adelante, fuese como Toundra o con otro proyecto».
Álex lo tenía todavía más claro y es que él quería continuar y quería hacerlo como Toundra. Le costó convencer a los demás pero lo consiguió.
Así empieza “Siete”, no con una banda que ha encontrado una respuesta definitiva sobre quién es, sino con una que ha decidido seguir haciéndose la pregunta.
Lo que estuvo a punto de romperse
Desde fuera, aquellos años podían interpretarse como una posible separación, desde dentro, la historia fue menos dramática y probablemente más interesante.
No desapareció el deseo de hacer música, lo que quedó en suspenso fue la manera en que esa música debía continuar existiendo. Eso ayuda a entender por qué “Siete” suena simultáneamente a regreso y movimiento.
El grupo, a través de su nota de prensa, habla de reconstrucción, nueva formación, electrónica analógica y una recuperación de los desarrollos largos y monolíticos asociados históricamente al sonido de la banda, pero reconstruir, en este caso, no ha significado intentar devolver cada pieza a su sitio anterior, ha supuesto decidir cuáles seguían siendo necesarias.
Volver atrás sin retroceder
La llegada de Jorge García obligó indirectamente a revisar el pasado ya que para incorporarse al directo tuvo que aprender buena parte de las canciones más representativas de Toundra y esa mirada externa produjo un efecto inesperado, permitió a quienes llevaban años dentro observar su propia evolución desde cierta distancia.
Había elementos de los primeros discos que seguían funcionando como los desarrollos largos, menos acumulación de partes, más espacio para que una idea crezca sin necesidad de ser sustituida inmediatamente por otra.
Álex lo explica de manera bastante gráfica: evitar convertir las canciones en un «galimatías indescifrable»y no parece nostalgia ya que no intentan componer como cuando no sabían componer de otra manera, lo que hacen es recuperar algo que quizá habían ido dejando atrás precisamente porque ahora pueden decidir conscientemente qué valor tenía y eso cambia la relación con el pasado, no vuelven para quedarse allí. Lo utilizan como material.
Una voz nueva que no necesita cantar
También aparecen los sintetizadores, que no lo hacen por primera vez, pero si de una forma mucho más importante, algo que el grupo sitúa como una de las novedades determinantes de “Siete”, integrados ya como elemento protagonista en la nueva arquitectura sonora.
Alberto reconoce que anteriormente estaban presentes de manera tímida, pero ahora han decidido darles voz.
La expresión resulta especialmente apropiada en una banda instrumental, porque cuando no existe un cantante ocupando el centro semántico de una canción, cada textura adquiere capacidad narrativa.
El sintetizador no aparece únicamente como decoración, obliga a responder de otra manera y abre caminos compositivos, cambia cómo reaccionan las guitarras y modifica aquello que puede hacer el bajo, además de sugerir lugares a la batería.
Álex lo explica así: no importa únicamente lo que el sintetizador añade, sino
“la evolución que provoca alrededor de todo lo que ya estaba allí”,
y ese quizá sea el verdadero cambio, un elemento nuevo obliga a los antiguos a dejar de comportarse exactamente como antes.
Jorge García y el valor de tener una opinión
Jorge tampoco entra en Toundra como una página en blanco. Ya le conocen, Macón había tocado con él durante años, sabían lo que podía ofrecer y aun así los sorprendió.
Álex destaca una cualidad que va más allá de la técnica.
“Tiene opinión.”
Jorge sabe lo que le gusta y lo que no y hacia dónde cree que debería moverse algo, pero esa seguridad no ocupa todo el espacio, permite que los demás sigan expresándose.
No parece un detalle menor dentro de una banda que acaba de atravesar una reconstrucción, porque incorporar a alguien nuevo después de tantos años puede conducir a dos extremos igualmente peligrosos: pedirle que imite lo que ya existía o permitir que redefina demasiado rápido aquello a lo que acaba de llegar, y Jorge parece haber encontrado otro lugar que es intervenir sin borrar.
Siete canciones y ningún gran concepto
El disco podría haberse llamado de muchas maneras, pero eligieron “Siete”, y la verdad con cierto sentido común ya que es su séptimo álbum y contiene siete canciones: ‘Rapier’, ‘Eina’, ‘Wispar’, ‘Costa Roja’, ‘30960’, ‘Sizigia’ y ‘Uniforme’, no se pretende construir una mitología compleja alrededor del número.
Alberto reconoce que querían algo menos conceptual, más desnudo ya que el tema de fondo era suficientemente grande: volver, reconstruirse y aceptar que aquello ya no era exactamente lo mismo y que tampoco necesitaba fingirlo.
Después de títulos capaces de cargar con una imaginación propia antes incluso de escuchar una nota, “Siete” casi renuncia a explicar, primero está la música, ya habrá tiempo para volver a levantar conceptos alrededor de ella.
Cuando la independencia significa más trabajo
Hay otra primera vez.
Toundra publica el álbum mediante su propio sello, Grabaciones Strelka, asumiendo completamente autoedición y autogestión., y esto podría parecer la historia habitual de independencia igual a libertad, pero no es así exactamente. La libertad artística, dice Alberto, ya existía, no sienten que antes hubiera alguien interviniendo constantemente sobre sus decisiones musicales, lo nuevo ha sido otra cosa.
“Ha desaparecido presión exterior y ha aumentado la interior.”
Ahora el estándar también lo fijan ellos y la responsabilidad de alcanzarlo también, han descubierto cuánto trabajo existe alrededor de un disco después de terminar las canciones, pero lejos de vivirlo únicamente como una carga, hablan de ilusión, de controlar el proceso, de aprender qué ocurre con la música una vez deja el local o el estudio, incluso pueden permitirse pequeñas excentricidades como diseñar el álbum para que la portada funcione casi como una contraportada y se abra a la inversa…Todo esto, no es nada revolucionario, pero es suyo.
La identidad puede convertirse en una cárcel
Aquí aparece el verdadero centro de “Siete” ya que después de casi veinte años, Toundra tiene una identidad, o robablemente demasiada como para necesitar demostrarla, y Alberto plantea entonces una de las cuestiones más interesantes de toda la conversación.
Existe una manera muy extendida de escuchar a las bandas veteranas:esperar que hagan exactamente aquello por lo que nos enamoramos de ellas, quizá con suficiente variación para justificar un nuevo disco, pero no tanta como para incomodarnos.
El resultado puede convertirse en una especie de condena.
«La cárcel de lo que se espera de ellas».
Toundra no quiere vivir ahí y eso no significa romper gratuitamente con todo lo anterior.
Álex lo matiza: Un cambio brusco acaba incorporándose también a la identidad de una banda si sobrevive al tiempo.Los grupos que transformaron radicalmente su lenguaje no dejaron necesariamente de ser ellos mismos, simplemente ampliaron lo que aquella identidad podía contener.
En “Siete” tampoco creen haber ejecutado una ruptura radical ya que a iguen ahí las guitarras, la tensión, los desarrollos y la forma de construir intensidad, pero alrededor aparecen instrumentos, procesos y decisiones diferentes.
Así que La identidad permanece, lo que ha desaparecido es la obligación de protegerla.
Volver a tocar con alguien del principio
Y entonces reaparece Víctor García-Tapia, miembro fundador con más de una década fuera del grupo y participa en ‘Wispar’.
No se produjo una reunión cinematográfica alrededor de amplificadores ya que fue una colaboración en remoto. La banda tenía demo, se las envió y Víctor construyó sus guitarras sobre ellas desde Barcelona. Probablemente resulte incluso más significativo así, ya que no intentaron recrear una época, no regresaron al local para fingir que el tiempo no había pasado, trabajaron como personas que siguen manteniendo una buena relación y que ahora pueden reencontrarse desde lugares distintos.
Todo esto para Alberto fue «una pasada», para Álex, algo «muy bonito».
En un disco sobre reconstrucción, la presencia de un músico del origen podría haberse convertido fácilmente en gesto nostálgico, pero no parece funcionar así, está allí porque también el pasado puede colaborar con el presente sin reclamar que volvamos a vivir dentro de él.
Mercedes Bellido coloca la última imagen
La música instrumental contiene otra particularidad y es que, obviamente, no utiliza palabras para cerrar significados, cada oyente puede construir una película diferente y po eso entregar ese universo a una artista visual implica siempre cierto vértigo.
Para “Siete”, la imagen llegó de la mano de Mercedes Bellido, responsable de la pintura original y del artwork del álbum.
Alberto habla de un «salto al vacío», pero también de algo parecido a cerrar un círculo, la banda desarrolla durante meses un objeto sonoro, intuye qué significa, lo conoce desde dentro y entonces alguien que no participó en su creación lo escucha y devuelve una imagen que puede revelar algo que faltaba, no explicar el disco, y erminar de hacerlo visible.
Una canción nueva al lado de ‘Cobra’
Las canciones de “Siete” ya han empezado a compartir escenario con piezas como ‘Cobra’, ‘Magreb’, ‘Mojave’, ‘Bizancio’ o ‘Kitsune’.
Ese examen puede ser especialmente cruel, una canción recién terminada se coloca junto a otra que ha sobrevivido durante años, el público todavía no dispone de recuerdos asociados a la nueva, la banda tampoco acumula cientos de interpretaciones encima y sin embargo Alberto siente que ya conviven con naturalidad.
Eso quizá diga más sobre la continuidad de Toundra que cualquier declaración teórica, no necesitan decidir intelectualmente si lo nuevo «sigue siendo Toundra», lo descubren cuando lo tocan y funciona al lado de aquello que llevan años siendo.
La libertad termina pareciéndose a la tranquilidad
La última pregunta hablaba de libertad. Hay nueva formación, un sello propio, nuevos instrumentos, regreso de antiguos colaboradores y recuperación de formas compositivas del pasado, así que parecía lógico preguntar si después de diecinueve años ser libre significa poder hacer cualquier cosa. Alberto contesta desde otro sitio.
“Hacer lo que les apetece.”
Sin presión, sin expectativas, no están persiguiendo una nueva explosión de popularidad, ni están intentando convertir Toundra en una profesión que sostenga necesariamente sus vidas, no necesitan probar que siguen creciendo de la manera en que la industria entiende el crecimiento, solo quieren hacer música a su aire, disfrutar del camino,… Y entonces Álex reduce casi veinte años de recorrido, siete discos y una reconstrucción completa a una frase sorprendentemente sencilla:
«La tranquilidad es lo que más se busca».
Quizá ahí esté todo. Durante mucho tiempo, crecer significa añadir cosas: más público, más conciertos, más discos, más reconocimiento, más expectativas,… Pero existe un momento extraño en algunas trayectorias en el que avanzar puede significar exactamente lo contrario, quitarse peso, no dejar de ambicionar música mejor, dejar de necesitar que esa música demuestre algo.
Toundra estuvo cerca de no saber cómo seguir, pero ahora parece haber encontrado una respuesta que no necesita ser grandilocuente, y eso es seguir tocando juntos, sorprenderse, arriesgar una identidad que ya no necesita vigilancia y escapar, cada vez que sea necesario, de esa cárcel construida con aquello que los demás esperan escuchar.
Tal vez “Siete” sea un disco de reconstrucción, pero reconstruirse no siempre significa levantar otra vez el mismo edificio, a veces significa descubrir qué paredes ya no necesitas.
Nuestro compañero Josechu Egido ha hablado con Alex y Alberto de “Siete”, el séptimo disco de Toundra y del proceso de reconstrucción de la banda. Esta es la entrevista completa para Histéricas Grabaciones.
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LA ENTREVISTA
Hola, chicos. Muchísimas gracias por volver a atender a Histéricas Grabaciones. ¿Qué tal estáis y cómo se vive este momento, a pocas semanas de que “Siete” deje de ser vuestro disco y empiece a pertenecer también a la gente?
Alberto: Se vive con mucha emoción, la verdad, porque es la primera vez que sacamos algo autoeditado de esta manera. Al final hay un poquito más de responsabilidad por nuestra parte y eso hace que haya también bastantes nervios.
Álex: Empieza a quemar en las manos.
Durante estos años se llegó a hablar incluso de una posible separación, pero vosotros habéis definido este periodo más bien como un tiempo de reflexión y reconstrucción. Mirándolo ahora desde fuera, ¿qué fue lo que realmente estuvo en peligro: Toundra como banda o la forma en la que Toundra había funcionado hasta entonces?
Alberto: Pasamos por muchas etapas diferentes. Álex, Macón y yo teníamos claro que íbamos a seguir; no sabíamos de qué manera, pero nos encanta tocar juntos y sabíamos que saldríamos adelante, fuese como Toundra o con otro proyecto.
Con el tiempo nos dimos cuenta de que, por la música que estábamos haciendo y la posición en la que estábamos, lo más lógico era continuar como Toundra. Hubo momentos de incertidumbre, sí, pero la voluntad de querer seguir haciendo música siempre fue más fuerte.
Álex: Yo siempre tuve claro que quería seguir, y que quería que lo hiciésemos como Toundra. Costó convencerles, pero al final continuamos con el proyecto.
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‘Rapier’ recupera desarrollos largos y esa sensación monolítica de vuestros primeros discos, pero al mismo tiempo introduce una presencia mucho mayor de sintetizadores. Vosotros mismos habéis hablado de “reconstruir” y “redefinir” la banda. ¿Para avanzar necesitabais volver primero a recordar cómo componíais cuando todavía no sabíais exactamente qué era Toundra?
Alberto: El hecho de incorporar a Jorge a la banda y que se haya tenido que aprender los temas más míticos para el directo nos ha dado perspectiva sobre cómo ha evolucionado nuestra forma de componer a lo largo de los años. Nosotros ya nos dábamos cuenta, pero esa opinión externa nos ha ayudado a rescatar cosas del pasado que funcionaban muy bien y, a la vez, a atrevernos con elementos que siempre nos habían motivado pero que no habíamos desarrollado demasiado últimamente.
Álex: No sé si hemos rescatado conscientemente la forma de componer de los primeros discos, o si sencillamente hemos simplificado un poco todo. Primero Macón y Alberto, y después Jorge, cuando se incorporó, insistían mucho en intentar componer haciendo desarrollos largos, no metiendo una parte tras otra hasta hacer de los temas un galimatías indescifrable. Creo que el resultado es muy bueno.
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La electrónica analógica ya no aparece como textura puntual, sino como parte del esqueleto de algunas composiciones. En una banda instrumental, donde cada instrumento acaba funcionando casi como una voz, ¿los sintetizadores os han permitido decir cosas que con dos guitarras, bajo y batería ya no encontrabais cómo decir?
Alberto: Son instrumentos que ya utilizábamos tímidamente en composiciones y discos anteriores, pero ahora hemos querido darles más voz. Con eso hemos conseguido salir un poco de la zona de confort y probar cosas que no imaginábamos que pudiéramos llegar a hacer.
Álex: El hecho de incorporar tantas texturas nuevas, también ayuda a la hora de encontrar inspiración cuando estás componiendo. No es sólo lo que puede añadir a Toundra el uso de sintes por sí mismo, es la evolución que genera alrededor de lo que ya estaba presente.
La llegada de Jorge García parece haber sido importante no solo porque aporte guitarras y sintetizadores, sino porque aparece asociada constantemente a palabras como “reconstrucción” o “redefinición”. ¿Qué trajo Jorge que no sabíais que Toundra necesitaba hasta que empezó a tocar con vosotros?
Alberto: Realmente no trajo nada que no supiésemos porque le conocemos muy bien; Macón ha tocado con él durante muchísimos años y sabíamos perfectamente lo que podía aportar. Pero lo que sí podemos decir es que ha superado nuestras expectativas y nos ha ayudado a explorar nuevos sonidos con la banda.
Álex: A mí me ha sorprendido mucho lo claras que tiene las ideas. Es una presencia enorme en el local de ensayo, tiene muy claro qué le gusta, qué no le gusta, y por dónde se puede tirar en un momento dado. Y al mismo tiempo que transmite esa seguridad en sí mismo, deja espacio para que los demás también podamos expresarnos.
Llamáis al disco “Siete” y contiene precisamente siete piezas: ‘Rapier’, ‘Eina’, ‘Wispar’, ‘Costa Roja’, ‘30960’, ‘Sizigia’ y ‘Uniforme’. Después de títulos mucho más evocadores como “Vortex” o “HEX”, habéis elegido algo casi desnudo. ¿“Siete” pretende cerrar una cuenta, inaugurar otra o precisamente quitarle importancia a la necesidad de explicar qué significa un disco antes de escucharlo?
Alberto: Queríamos algo menos conceptual y que reflejase más la honestidad de nuestra música. Ya habrá momentos para recuperar un enfoque más conceptual en futuros álbumes, pero ahora queríamos un trabajo que tuviese como tema principal la reconstrucción y el regreso de la banda.
Después de tantos años trabajando con sellos y estructuras externas, decidís que precisamente este disco sea el primero completamente autoeditado y autogestionado bajo Grabaciones Strelka. ¿La independencia os ha dado más libertad artística o simplemente os ha obligado a descubrir todo el trabajo que antes ocurría alrededor de vuestra música sin que vosotros tuvierais que ocuparos de él?
Alberto: Tiene un poco de las dos cosas. El trabajo que conlleva y todo lo bueno que trae manejarlo todo tú mismo ha sido lo que más nos ha sorprendido y lo que más nos ha ilusionado. La libertad artística siempre ha estado ahí; lo que hemos tenido ahora es menos presión externa y más presión interna por intentar cumplir con nuestros propios estándares y entregar un trabajo lo más completo y con la mayor calidad posible.
¿Hay alguna decisión de “Siete” que sabéis que probablemente no habríais tomado si todavía hubiera alguien fuera de la banda esperando aprobarla?
Alberto: Realmente no. Hay cosas un poco raras que hemos hecho simplemente por darnos alguna excentricidad, como el hecho de que la portada del disco funcione casi como la parte de atrás, abriendo el álbum a la inversa. Pero en general creemos que casi todo lo que hemos hecho habría sido aceptado. La elección de los singles también es muy lógica; todo ha sido bastante coherente. Hay detalles, obviamente, que no se habrían aprobado en otro contexto, como el hecho de que nosotros manejemos directamente los derechos digitales de nuestra música.
Después de casi veinte años habéis conseguido algo extraño: que alguien pueda reconocer a Toundra en pocos segundos y, al mismo tiempo, que vuestros discos no sean intercambiables entre sí. ¿Llega un momento en la vida de una banda en el que la identidad deja de ser algo que hay que proteger y se convierte precisamente en algo que puedes permitirte poner en peligro?
Alberto: Totalmente. Se ha escuchado muchas veces aquello de que el nuevo disco de tal banda puede estar bien, pero que pasados los años ya no esperas que te sorprendan. Para mí ese es un enfoque demasiado conformista. Me gustaría que todas las bandas, sean de mi gusto o no, luchasen por salir de esa cárcel de lo que se espera de ellas, manteniéndose abiertas a sorprender e impresionar tanto a la gente que ya las conoce como a la que aún está por descubrirlas.
Álex: En muchos casos, pegar un giro brusco y cambiar de estilo o “traicionar” tu identidad como banda, se acaba convirtiendo en algo que, a posteriori, va a seguir formando parte de esa identidad. Hay muchos casos de bandas que han tenido un cambio progresivo de estilo, o más abrupto, y han sobrevivido. Aunque creo que, en nuestro caso, tampoco ha sido un giro excesivamente brusco. Se han introducido nuevos elementos, se ha cambiado ligeramente la forma de trabajar, pero nuestra identidad sigue ahí.
En “Siete” vuelve Víctor García-Tapia, miembro fundador de Toundra, para colaborar en uno de los cortes después de más de una década fuera del grupo. Me parece especialmente significativo que ocurra justo en un disco que habla tanto de reconstrucción y nueva etapa. ¿Cómo fue volver a crear juntos? ¿Se sintió como recuperar algo del pasado o como comprobar que también se puede reencontrar a alguien desde un lugar completamente distinto?
Alberto: A ver, tampoco ha sido crear juntos de forma simultánea, pero sí que ha sido un proceso colaborativo. Nosotros ya teníamos las demos de Wispar, que es como se llama el tema, y le fuimos pasando esas ideas a Víctor para que desarrollase sus guitarras sobre ellas. Es un poco la forma de trabajar en estos tiempos con todo el tema remoto, ¿no? Al final él no vive en Madrid, vive en Barcelona, y aunque mantenemos muy buena relación, es difícil coincidir. Para mí ha sido una pasada volver a contar con él y creo que a él también le ha hecho muchísima ilusión.
Álex: Más allá del tiempo que hayamos podido compartir, poder contar con su colaboración para este disco es algo muy bonito y que todos hemos acogido con mucha ilusión.
Vuestra música siempre ha contado historias sin utilizar palabras, pero con “Siete” además habéis pedido a Mercedes Bellido que construya su universo visual a partir de una pintura original. Cuando una banda instrumental entrega su música a una artista visual, ¿da miedo que alguien ponga imágenes concretas a algo que vosotros habéis dejado deliberadamente abierto? ¿O el artwork os ayudó incluso a entender mejor qué disco habíais hecho?
Alberto: Siempre da un poco de miedo porque es una especie de salto al vacío, pero en la mayoría de los casos los artistas te van pasando bocetos y escuchan mucho tu feedback, con lo cual nunca estás desconectado del todo de lo que están haciendo.
Es verdad que cuando ya empieza a estar terminado y te lo entregan, la sensación de cerrar el círculo e integrar ese arte en tu idea del disco es increíble; al final es algo que has estado creando tú desde cero y sientes que a lo mejor le falta un detalle para rematarlo. Que una persona externa aporte su visión e imágenes en estos casos termina de redondearlo todo. En el caso de Mercedes, su trabajo y sensibilidad artística son increíbles; la verdad es que ha sido una pasada contar con ella.
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Hay algo curioso en esta nueva etapa: antes incluso de que “Siete” esté publicado, canciones como ‘Rapier’, ‘30960’ o ‘Sizigia’ ya han empezado a convivir en directo con ‘Cobra’, ‘Magreb’, ‘Mojave’, ‘Bizancio’ o ‘Kitsune’. ¿Qué descubres sobre una canción nueva cuando la colocas al lado de otra que llevas años tocando? ¿El escenario os confirma que sigue siendo Toundra o precisamente os enseña dónde ha cambiado la banda?
Alberto: Para nosotros la sensación es que están ya súper integradas en nuestra música, aunque entendemos que a la gente que todavía no las ha escuchado grabadas le pueda costar un poco más. A nosotros nos sale muy natural incluirlas en el setlist; de hecho, es algo que nos hace muchísima ilusión tocar. Al final se trata de hacer convivir lo nuevo con lo clásico.
Y para terminar quiero volver a una palabra que aparece constantemente alrededor de este disco: libertad. Nueva formación, sello propio, nuevos instrumentos, vuelta a desarrollos largos, reencuentros con el pasado… Después de diecinueve años, ¿ser más libres consiste en poder hacer cualquier cosa o en haber aprendido finalmente qué cosas ya no necesitáis hacer?
Alberto: Sobre todo consiste en hacer lo que nos apetece, sin presiones y sin expectativas. Todo lo bueno que venga será bienvenido, pero no estamos buscando la nueva explosión de popularidad, ni vivir de esto, ni nada parecido. Solo queremos seguir haciendo música a nuestro aire y disfrutando del camino.
Álex: La tranquilidad es lo que más se busca.
Muchísimas gracias por vuestro tiempo y por volver a pasar por Histéricas Grabaciones. Después de casi dos décadas, seguir encontrando lugares desde los que reconstruirse sin borrar lo anterior probablemente sea bastante más difícil que empezar de cero. Nos vemos en la carretera con “Siete”. Un abrazo de parte de todo el equipo de Histéricas Grabaciones.
Alberto: ¡Muchísimas gracias a vosotros! Es un mensaje importante en cualquier contexto, hay que seguir adelante 🙂
Álex: Muchas gracias a vosotros. Es un placer.
