José Luis Moro publica un libro para celebrar cuarenta años viviendo cómodamente fuera de sitio, en los que ha convertido la rareza pop en patrimonio cultural español
José Luis Moro lleva cuarenta años demostrando que el pop español nunca supo muy bien qué hacer con Un Pingüino en mi Ascensor
Hay artistas que pasan media vida intentando pertenecer a una escena. Encajar en una generación. Sonar contemporáneos. Caer simpáticos al algoritmo de turno o parecer suficientemente importantes para la crítica cultural del momento. Y luego está José Luis Moro.
Que básicamente decidió hace cuarenta años montar un universo propio con un teclado Yamaha, letras sobre vecinos observados desde la ventana, humor incómodo, personajes ligeramente miserables y una capacidad bastante brillante para convertir el absurdo cotidiano en canciones pop memorables.
Y lo peor —o lo mejor— es que aquello funcionó.
Ahora, coincidiendo con el 40 aniversario de Un Pingüino en mi Ascensor, Moro publica “Cuarenta años sin encajar muy bien en ningún sitio”, un libro que recopila las letras de sus canciones junto a fotografías, recuerdos, borradores y bastante arqueología sentimental de una de las trayectorias más raras —y probablemente más infravaloradas— del pop español.
Y sinceramente: el título no podría definirles mejor.
Demasiado pijos para los indies y demasiado indies para los pijos
La historia de Un Pingüino en mi Ascensor siempre ha funcionado un poco en tierra de nadie.
Cuando aparecieron en los 80, el pop español todavía intentaba decidir si quería ser sofisticado, moderno, callejero o directamente comercial. Y entonces llegó José Luis Moro con canciones como “Espiando a mi vecina”, “Atrapados en el ascensor” o “El balneario”, que parecían escritas por alguien que observaba la realidad española desde una mezcla muy extraña entre la ironía pop, el costumbrismo urbano y el humor más elegantemente retorcido.
No encajaban del todo en ningún sitio. Pero precisamente ahí estaba la gracia.
Porque mientras otros grupos envejecieron atrapados en una estética concreta, Un Pingüino en mi Ascensor terminó convirtiéndose en una especie de anomalía permanente dentro del pop español. Una banda que nunca fue exactamente mainstream, pero tampoco underground. Demasiado sofisticada para convertirse en simple grupo nostálgico y demasiado rara para ocupar el centro de la industria.
Como dicen algunos de sus propios seguidores: “demasiado indies para los pijos y demasiado pijos para los indies”. Una definición absolutamente perfecta.
Canciones aparentemente ligeras… hasta que te paras a escucharlas
Revisitar ahora las letras de José Luis Moro tiene algo bastante revelador.
Porque detrás de aquel humor absurdo, de los sintetizadores domésticos y de la estética ligeramente excéntrica, había una mirada muy concreta sobre la España urbana de finales de siglo: relaciones sentimentales incómodas, neurosis cotidianas, personajes derrotados, aspiraciones ridículas y una capacidad tremenda para retratar el pequeño esperpento diario sin caer nunca en la solemnidad.
Y eso tiene muchísimo mérito.
Porque la ironía en España muchas veces se ha confundido con cinismo fácil. Pero en las canciones de Moro siempre había también ternura, observación y bastante humanidad escondida detrás del chiste.
Quizá por eso muchas de aquellas canciones han envejecido bastante mejor que propuestas muchísimo más ambiciosas de su generación.
Del pop excéntrico a la publicidad sin dejar nunca de ser José Luis Moro
La carrera de Moro fuera de la música también ayuda bastante a entender todo esto.
Mientras muchos grupos desaparecían directamente durante los 90, él construyó una trayectoria enorme dentro del mundo publicitario, acumulando premios, campañas históricas y hasta 16 Premios Ondas junto a su agencia Pingüino Torreblanca.
Y sinceramente, tiene bastante lógica.
Porque buena parte de las canciones de Un Pingüino en mi Ascensor siempre funcionaron como funcionan las grandes ideas publicitarias: conceptos aparentemente sencillos, inteligentes, incómodos y capaces de quedarse viviendo en tu cabeza durante años.
Solo que aquí además había canciones enormes.
Un libro para reivindicar la rareza como forma de resistencia
“Cuarenta años sin encajar muy bien en ningún sitio” funciona también como algo más que una recopilación de letras o memorabilia para fans.
Hay bastante reivindicación cultural detrás.
La sensación de que quizá la historia del pop español todavía no ha terminado de reconocer del todo lo que significó Un Pingüino en mi Ascensor: una banda que sobrevivió cuarenta años sin disfrazarse de nada, sin perseguir tendencias y sin renunciar nunca a esa mezcla tan extraña de sofisticación pop, humor incómodo y mirada costumbrista.
Y probablemente por eso siguen aquí, porque al final las canciones verdaderamente raras son las que más tiempo duran.
Nuestro compañero Josechu Egido charló un ratito con José Luis Moro en La Casa de la Lectura de Segovia de su libro “Cuarenta años sin encajar muy bien en ningún sitio”, la trayectoria de Un Pingüino en mi Ascensor, la evolución del pop español y la extraña libertad que da pasarte cuatro décadas sin terminar de encajar del todo en ningún lugar. Esta es la entrevista completa para “Aquí se toca otra”.
