David Lowery de Cracker: «El peligro de una banda de culto es acabar interpretando un papel dentro de la nostalgia de otras personas»

Cracker: tres décadas después, la conversación continúa

David Lowery reflexiona sobre la evolución de la banda, su relación con España y la vigencia de unas canciones que siguen encontrando nuevos oyentes

Hay grupos que sobreviven al paso del tiempo. Y luego están aquellos que consiguen algo mucho más difícil: seguir siendo relevantes sin convertirse en una caricatura de sí mismos. Cracker pertenece a esa segunda categoría.

Más de treinta años después de su formación, la banda liderada por David Lowery continúa recorriendo escenarios de todo el mundo mientras mantiene intacta una conexión muy especial con el público español. Una relación que el propio músico reconoce con cierta sorpresa y gratitud.

«Volver a España siempre resulta un poco surrealista», explica Lowery. «La respuesta del público no solo se ha mantenido, sino que en algunos lugares incluso ha crecido mientras el resto de la industria musical cambiaba a nuestro alrededor».

A diferencia de muchas bandas de su generación, Cracker nunca ha basado su supervivencia en la nostalgia. Para Lowery, el peligro de convertirse en una banda de culto consiste precisamente en acabar interpretando un papel dentro de los recuerdos de otras personas, por eso la formación sigue escribiendo nuevas canciones, reinterpretando su repertorio y permitiendo que los temas evolucionen sobre el escenario. «Intentamos seguir interesados en el presente. Si simplemente reprodujéramos el pasado, acabaríamos convertidos en una pieza de museo».

Una filosofía que ayuda a entender por qué discos tan importantes como «Kerosene Hat», «Gentleman’s Blues» o «Berkeley to Bakersfield» siguen siendo referencias dentro del rock alternativo norteamericano.

Durante toda su trayectoria, Cracker ha transitado con libertad entre el rock alternativo, el alt-country, la psicodelia y la música de raíces americanas.

Lowery reconoce que esa ausencia de fronteras estilísticas ha sido una de las claves para que sus canciones hayan envejecido bien: «Nunca creí demasiado en las etiquetas de género. Me parecían más herramientas de marketing que herramientas creativas».

Esa filosofía sigue reflejándose en una banda que continúa viviendo musicalmente entre dos mundos: la energía eléctrica y desafiante de la escena de East Bay y la sensibilidad introspectiva asociada a Bakersfield.

Si algo permanece intacto después de más de tres décadas es la importancia del escenario.

Lejos de reproducir fielmente las versiones de estudio, Cracker sigue buscando el riesgo en cada actuación. Los arreglos cambian, las canciones se alargan o se comprimen y cada concierto adquiere una personalidad propia: «Si reprodujéramos los discos exactamente igual cada noche no tendría sentido seguir haciendo esto después de tantos años».

Quizá por eso sus actuaciones continúan generando una conexión tan especial con distintas generaciones de seguidores.

Este verano, Cracker regresará a España para formar parte del cartel de Huercasa Country Festival, una cita que encaja perfectamente con la filosofía musical de la banda.

Para Lowery, festivales como Huercasa representan algo cada vez más valioso: espacios construidos alrededor de las canciones y de la música de raíces, lejos de las modas pasajeras.

Tras más de tres décadas de carrera, la motivación sigue siendo sorprendentemente sencilla: «Las canciones todavía nos hablan y la gente sigue respondiendo«, mientras eso ocurra, la conversación continuará.

Nuestro compañero Josechu Egido ha hablado con David Lowery sobre la evolución de Cracker, su especial relación con el público español, la vigencia de la música de raíces y su próximo paso por Huercasa Country Festival. Esta es la entrevista completa para Histéricas Grabaciones.

Hola David. Antes de nada, muchas gracias por atender a Histéricas Grabaciones. Para empezar, ¿cómo estáis y qué se siente al regresar una vez más a España con una respuesta tan increíble por parte del público?
Estamos bien. Arrastramos ese cansancio de carretera que solo se consigue después de varias décadas siendo una banda en activo, pero en el buen sentido. Volver a España siempre resulta un poco surrealista porque la respuesta del público no solo se ha mantenido tan intensa como siempre, sino que en algunos lugares incluso ha crecido mientras el resto de la industria musical cambiaba a nuestro alrededor. Es como entrar en un universo paralelo donde la gente ha mantenido viva una conversación con nuestras canciones durante todos estos años, y nosotros podemos volver cada cierto tiempo para retomarla justo donde la dejamos.

Más de tres décadas después de la formación de Cracker, vuestra música sigue conectando con diferentes generaciones y ciudades como Madrid o Bilbao continúan agotando entradas. ¿Os sigue sorprendiendo la relación tan especial que la banda mantiene con el público español?
Sí, sigue sorprendiéndome de forma muy agradable. Cuando vinimos por primera vez no teníamos ningún gran plan para “conquistar España”. Simplemente tocábamos como siempre lo habíamos hecho y, por alguna razón, la gente aquí encontró algo propio en estas canciones americanas un poco extrañas. Ver cómo se siguen agotando entradas en Madrid o Bilbao después de tantos años es un recordatorio de que, a veces, la música viaja mucho mejor que cualquier estrategia de marketing.

A menudo se define a Cracker como una banda de culto, pero da la sensación de que nunca habéis vivido de la nostalgia y que habéis seguido evolucionando de forma natural. ¿Cómo mantenéis vivo el proyecto sin convertiros en una caricatura de vosotros mismos?
La respuesta corta es: seguimos escribiendo canciones y dejamos que evolucionen. El peligro de una banda de culto es acabar interpretando un papel dentro de la nostalgia de otras personas, y ahí es donde nace la caricatura. Nosotros intentamos seguir interesados en el presente: en escribir material nuevo, en reorganizar canciones antiguas y en permitir que la banda respire y nos sorprenda sobre el escenario. Así la historia sigue avanzando en lugar de convertirse en una pieza de museo.

Desde el principio os habéis movido con libertad entre el alt-country, la psicodelia, el rock alternativo y la música de raíces americana sin preocuparos demasiado por las etiquetas. ¿Creéis que esa libertad artística es una de las razones por las que vuestra música ha envejecido tan bien?
Creo que sí. Desde los tiempos de Camper Van Beethoven nunca he creído demasiado en las fronteras entre géneros. Siempre me parecieron más herramientas de marketing que herramientas creativas. Cuando permites que las canciones viajen libremente entre el alt-country, la psicodelia, la americana o cualquier otra etiqueta de moda, quedan menos atadas a una tendencia concreta o a un formato de radio determinado. Eso les da más posibilidades de sobrevivir al paso del tiempo.

En varias notas de prensa recientes se habla de la dualidad entre la energía eléctrica y desafiante de East Bay y el espíritu introspectivo y profundamente americano de Bakersfield ¿Sigue viviendo Cracker entre esos dos mundos?
Sin duda. Esa tensión sigue ahí. Una parte de mí siempre pertenecerá a la energía ruidosa y desafiante de East Bay, a esa faceta que disfruta de la distorsión, el sarcasmo y las canciones que cuestionan las estructuras de poder. Pero también crecí rodeado de esos paisajes más reflexivos, melódicos y profundamente americanos que representa Bakersfield. Cracker lleva mucho tiempo instalado justo en la mediana que separa ambos carriles.

Discos como «Kerosene Hat«, «Gentleman’s Blues» o «Berkeley to Bakersfield» se han convertido en referencias dentro del rock alternativo americano. Cuando miras atrás, ¿te sientes más orgulloso del camino recorrido o más centrado en lo que todavía está por venir?
Ambas cosas, pero de maneras diferentes. Me enorgullece que discos como esos sigan significando algo para la gente, especialmente en lugares tan alejados de donde fueron escritos. Pero como compositor no puedes vivir demasiado tiempo dentro de tus viejos discos. Normalmente pienso más en la próxima canción que todavía no he escrito o en cómo una canción antigua puede transformarse sobre el escenario mañana por la noche. Ahora mismo estoy trabajando en canciones para lo que probablemente será mi próximo disco en solitario.

Vuestros conciertos parecen haber ganado fuerza con el paso de los años. Mucha gente destaca la forma en que reinterpretáis vuestro propio catálogo y cómo cada actuación es diferente. ¿Qué buscáis actualmente cuando salís al escenario?
Busco ese momento en el que la banda y el público están ligeramente desequilibrados, pero conectados al mismo tiempo. Si simplemente reprodujéramos las versiones de estudio de forma perfecta no existiría ningún riesgo, y sin riesgo no tendría mucho sentido seguir haciendo esto después de más de treinta años. Por eso dejamos espacios dentro de los arreglos, cambiamos ritmos, estiramos o comprimimos canciones y dejamos que la noche decida hacia dónde quiere llevarnos.

También resulta interesante que ambos hayáis desarrollado carreras en solitario sin debilitar el espíritu de Cracker. ¿Qué aportan esos proyectos paralelos cuando volvéis a reuniros como banda?
Aunque parezca mentira, existe una fórmula para Cracker. No es fácil de explicar, pero hay un tipo determinado de canción que funciona dentro del grupo. Los proyectos en solitario nos permiten perseguir ideas que quizá serían demasiado extrañas, demasiado íntimas o demasiado personales para Cracker. Para mí, discos como The Palace Guards, Conquistador o Fathers, Sons and Brothers funcionan como laboratorios donde puedo experimentar con narrativas o producciones sin preocuparme por cómo debería sonar un disco de Cracker.

Este verano actuaréis en Huercasa Country Festival, una cita muy especial dentro de la escena country y americana en España. ¿Qué significa para vosotros participar en un festival tan conectado con la música de raíces?
Huercasa parece un lugar construido alrededor de un ecosistema muy concreto de personas que realmente aman las canciones, no las modas. Cualquier festival que se construya alrededor de la música de raíces en lugar de perseguir la última tendencia generada por los algoritmos ya está hablando nuestro idioma. Ser invitados a formar parte de ese espacio, en un país que siempre nos ha apoyado con tanta intensidad, es como ser recibidos por una familia musical extendida.

Después de tantos años grabando discos y recorriendo el mundo, ¿qué sigue motivando a Cracker para continuar?
A estas alturas la motivación es muy sencilla: las canciones siguen hablándonos y la gente sigue respondiendo. También obtengo mucha energía de la enseñanza y de la defensa de los derechos de los músicos. Ambas cosas me mantienen conectado con los cambios que está viviendo la industria musical, y esa tensión acaba encontrando su camino hacia las nuevas canciones. Mientras exista algo contra lo que reaccionar, ya sea cultural, político o musicalmente, seguirá habiendo razones para escribir y salir de gira.

Y ahora llega la pregunta clásica de toda entrevista: ¿qué planes tenéis para el futuro? ¿Hay nueva música o proyectos en camino?
Ahora mismo llevo dos canciones escritas para un nuevo disco en solitario.

Muchas gracias por vuestro tiempo y por seguir manteniendo vivo el espíritu de Cracker después de todos estos años. Nos vemos muy pronto en Huercasa Country Festival.
Gracias a vosotros. Significa mucho que la gente siga interesándose por lo que hacemos después de tantos años. Tenemos muchas ganas de volver a España con esta extraña mezcla de rock americano y música de raíces y descubrir qué tipo de problemas somos capaces de provocar juntos en Huercasa.

A todos los seguidores de Histéricas Grabaciones: gracias por escuchar nuestras canciones, por cantarlas y, en definitiva, por mantener viva esta música en España. Venid a Huercasa Country Festival 2026. Tocaremos las canciones que conocéis, probablemente destrozaremos algunas de ellas de formas interesantes y quizá os presentemos otras nuevas que todavía no sabíais que necesitabais.

Hi David. First of all, thank you very much for taking the time to speak with Histéricas Grabaciones. To
start with: how are you both doing, and how does it feel to return to Spain once again with such an incredible response from the audience?

We’re doing well, road weary in the way you only get from being a working band for a few decades, but in a good way. Coming back to Spain always feels a little surreal because the response has stayed so intense and, in some places, actually grown while the rest of the music world has shifted underneath us. It’s like stepping into a parallel universe where people have kept this long running conversation with our songs going, and we get to drop back in every few years and pick it up mid‑sentence.

More than three decades after the formation of Cracker, your music still connects with different generations, and shows in cities like Madrid and Bilbao continue to sell out. Are you still surprised by the special relationship the band has with Spanish audiences?
I’m still pleasantly surprised by it. When we first came over, we didn’t have some big master plan for “conquering Spain”; we just played the way we always have, and for whatever reason people here heard themselves in these slightly odd American songs.
Seeing shows in Madrid or Bilbao sell out all these years later is a reminder that sometimes music travels better than marketing
does.

Cracker is often described as a cult band, but it feels like the group has never relied on nostalgia and has instead
continued evolving naturally over the years. How do you keep the project alive without becoming a caricature of
yourselves?

The short answer is: we keep writing, and we keep letting the songs mutate. The danger for a so‑called “cult band” is that you
start playing a part in someone else’s nostalgia, and that’s where caricature lives. We try to stay interested in the present in new
material, in rearranging older songs, in letting the live band breathe and surprise us, so the story keeps moving instead of turning into a museum exhibit.
 
 
From the very beginning, you’ve moved freely between alt-country, psychedelia, alternative rock and American roots music without worrying too much about labels. Do you think that artistic freedom is one of the reasons why your music has aged so well?I think so, yes. From Camper Van Beethoven onward, I never fully believed in genre borders; they felt like marketing tools more than creative tools. When you let songs wander between alt‑country, psychedelia, Americana or whatever today’s label is, they’re less tied to a particular radio format or fashion cycle, which means they have a better chance of outliving both.


Several recent press releases mention the duality between the electric and confrontational energy of the East Bay and the introspective, deeply American spirit of Bakersfield. Do you feel Cracker still lives musically between those two worlds?
That tension is still there, absolutely. Part of me will always belong to the noisy, confrontational East Bay energy, the part that
likes distortion, sarcasm and songs that poke at power structures. But I also grew up around the more reflective, twangy, deeply
American landscapes that Bakersfield represents, and Cracker has been parked right in that “median strip” (Explanation: strip of
land in center of highway) for a long time.
 
Albums like «Kerosene Hat”“Gentleman’s Blues” or “Berkeley to Bakersfield” have become important references within American alternative rock. When you look back at your career, do you feel more proud of the journey itself or more focused on what still lies ahead?
Both, but in different ways. I’m proud that albums like “Kerosene Hat,” “Gentleman’s Blues,” and “Berkeley to Bakersfield” still matter to people, especially in places far from where they were written. But as a songwriter you can’t live inside old records for
too long, so I tend to think more about the next song I haven’t written yet or how the older material might mutate on stage tomorrow night. I am currently working on songs for what will probably be another solo album.

Your live shows seem to have gained even more strength over time. People often talk about the way you reinterpret your own catalog and how every concert feels different. What are you looking for nowadays when you step on stage?
These days I’m looking for that moment when the band and the audience are slightly off‑kilter but together. If we just reproduce the recorded versions perfectly, there’s no real risk, and without risk there’s not much point in doing this for thirty‑plus years. So we leave space in the arrangements, change feels, stretch or compress songs, and see where the night wants to take them.

It’s also interesting how both of you have continued developing solo careers without weakening the spirit of Cracker. What do those parallel projects bring back into the band when you reunite?
Believe it or not there is a formula for Cracker.  Its not easy to describe but there is a certain type of song that works with Cracker. The solo work lets us chase ideas that might be too strange, too quiet, or just too personal for Cracker. For me, records like “The Palace Guards,” “Conquistador,” or Fathers Sons and Brothers albums are laboratories where I can experiment with narrative or production without worrying about what a “Cracker record” is supposed to sound like.
 
On this tour you’ll be sharing stages with artists like Juana Everett and Tim Easton, musicians representing new approaches to contemporary Americana music. Are you especially interested in that kind of generational dialogue within roots music?
I love that roots music keeps reinventing itself, usually from the edges rather than the center. Sharing a bill with people like Juana Everett or Tim Easton is a way of staying in that conversation instead of just lecturing from the past. You hear how younger artists (or at least artists from different scenes) are bending Americana to fit their own stories, and it reminds you that this stuff is supposed to be alive and slightly unruly.  I’m particularly looking forward to seeing Johnny Mullenax again. We just played a festival with them in Philadelphia.  What a weirdo.  I mean that as a compliment.
 
Many of your songs have always balanced irony, melancholy, social commentary and a certain sense of displacement. Do you think those emotions are still just as relevant and necessary in today’s world?
They might be more relevant now than when we started. We’re living in a world where absurdity and injustice sit side by side on your phone screen all day long, so using irony and melancholy to process that doesn’t feel like an affectation; it feels like self‑defense. The sense of displacement that runs through a lot of our songs matches what a lot of people feel in a digital, post‑whatever economy, so those older lyrics seem to have unfortunately caught up with the present.
 
This summer you’ll be performing at Huercasa Country Festival, a very special event within the Americana and country scene in Spain. What does it mean to you to play at a festival so deeply connected to roots music and to an audience that truly loves this kind of sound?
Huercasa looks  like playing inside a very specific ecosystem of people who truly care about songs, not just trends. Any festival that builds itself around roots music rather than chasing the latest algorithmic genre mash‑up is already speaking our language. So to be invited into that space, in a country that has supported us so intensely, feels like being welcomed into an extended musical family.
 
After so many years on the road, recording albums and touring around the world, what still motivates Cracker to keep going? Where do you find inspiration today?
At this point the motivation is simple: the songs still talk to us, and people still talk back. I also get a lot of energy from teaching and from the broader fight for artists’ rights; those things keep me engaged with how the music ecosystem is changing, and that
tension inevitably finds its way into new material. As long as there’s something to push against – culturally, politically, or just
musically, there’s a reason to keep writing and touring.

And now comes the classic question in every interview: what are your plans for the future? Any new music, recordings or upcoming projects you can tell us about?
I’m two songs into a new solo album.

Thank you very much for your time and for continuing to keep the spirit of Cracker alive after all these years. We’re
looking forward to seeing you very soon at Huercasa Country Festival.

Thank you. It means a lot that people are still interested in what we do after all these years. We’re looking forward to bringing this
strange little American rock‑and‑roots hybrid back to Spain and seeing what kind of trouble we can get into together at Huercasa.

To everyone who follows Histéricas Grabaciones: thank you for listening, singing along, and generally keeping this music alive in Spain. Come out to Huercasa Country Festival 2026 – we’ll play the songs you know, probably ruin a few of them in interesting ways, and maybe introduce you to some new ones you didn’t know you needed.