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Manuel de la Luz: «La mejor manera de homenajear a los maestros es siendo tú, siendo uno mismo»

VOLVER A LA RAÍZ PARA NO DEJAR DE SER UNO MISMO

Volver a la raíz no siempre significa retroceder y para Manuel de la Luz, significa exactamente lo contrario, seguir avanzando, pero sin perder el suelo.

«Es más que una vuelta, es continuar siempre con un pie a tierra».

La frase resume bastante bien “De Raíz”, el nuevo trabajo del guitarrista onubense. Después de más de dos décadas acompañando a cantaores, trabajando junto a bailaores, componiendo, produciendo y participando en proyectos ajenos, Manuel vuelve a colocar la guitarra en el centro, no para demostrar nada, ni para revisar su biografía sino para escuchar qué queda cuando se retira todo aquello que considera innecesario.

Quitar capas

Cuando se le pregunta qué ha tenido que silenciar para llegar hasta “De Raíz”, responde sin rodeos que lo banal, lo superfluo, las capas,…

«Intentar llegar a las raíces de las cosas, a la esencia, y silenciar un poco todo aquello que no sea necesario».

Eso podría entenderse como una declaración estética, pero también parece una declaración de principios.

Después de tantos años alrededor del flamenco, Manuel no parece interesado en añadir artificio a una música que ya posee suficiente profundidad por sí misma, la operación consiste más bien en retirar, escuchar qué sigue vivo debajo y ahí aparecen los maestros.

Heredar no es obedecer

Niño Miguel, Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía,… Los nombres no aparecen como estatuas, aparecen como puntos de partida.

Manuel conoce bien el peligro de convertir la tradición en un ejercicio de reverencia inmóvil, y por eso, cuando se le pregunta cómo se homenajea a quienes abrieron camino sin caer en la repetición, la respuesta es probablemente una de las más importantes de toda la conversación.

«La mejor manera de homenajear a los maestros es siendo tú».

No habla de desobedecer, habla de continuar, de aceptar que quienes vinieron antes trazaron caminos, definieron formas y levantaron estructuras, pero que cada generación tiene la responsabilidad de llegar a sus propias conclusiones.

La tradición sirve si permite seguir hablando, pero no si obliga a repetir exactamente las mismas frases.

Conservar la arquitectura, cambiar el diálogo

Manuel distingue algo importante y es que no cree que haya que destruir las estructuras que dieron identidad a cada palo, al contrario, defiende que esas formas —las arquitecturas internas del flamenco— son precisamente las que permiten reconocer una soleá, una bulería, unos tangos o una minera.

La libertad aparece en otro lugar, en el vocabulario, en el diálogo y en lo que cada músico decide decir dentro de esas estructuras.

«Conservando las estructuras […] intentando nosotros hacer nuestros propios diálogos».

Quizá ahí se encuentre la frontera más delicada entre tradición y repetición, no en romper con lo recibido, está en impedir que lo recibido nos impida hablar.

Niño Miguel y un territorio todavía abierto

En ‘Mi Vals’ aparece una figura fundamental: Niño Miguel, y es que Manuel lo escuchó desde niño, tuvo la oportunidad de conocerlo y convivió con una música que terminó incorporándose a su propia memoria, perolo interesante no está solo en el homenaje, está en que considera el vals flamenco un territorio todavía poco transitado, una forma con estructura propia con lenguaje con capacidad expresiva y también un espacio donde puede hacer convivir dos mundos que le interesan especialmente: el flamenco y una sensibilidad más cercana a la orquestación y ciertos colores clásicos.

No recupera el vals para conservarlo, lo recupera porque todavía tiene algo que decir. Ahí la raíz vuelve a convertirse en futuro.

Cuando cambia el corazón

Muchas piezas de “De Raíz” están vinculadas a personas, lugares y recuerdos, y cuando se le pregunta si componer desde la memoria modifica la manera de tocar, Manuel hace una distinción preciosa, no cambia tanto la mano, cambia el corazón.

«La forma de sentir y de expresar es lo que realmente yo he sentido que me cambia más».

La guitarra sigue siendo la misma, los dedos conocen el instrumento, la técnica permanece, pero la memoria modifica el peso de cada nota y quizá por eso “De Raíz” no puede explicarse únicamente desde los palos que contiene, ya que la raíz no está solo en la forma, está en quién aparece detrás de ella.

Todo lo aprendido acompañando

Manuel ha pasado buena parte de su carrera al servicio de la música de otros. Ha acompañado a figuras del cante, ha trabajado para danza y también ha producido, lo que le ha dado pie ha escuchar desde dentro procesos creativos ajenos, y cuando se le pregunta qué se lleva de todos esos años, sorprende que no destaque primero una técnica concreta, nos habla de otra cosa: Responsabilidad, amor, respeto,…

«Me quedo con la responsabilidad y con el amor y el respeto tan profundo que estos artistas […] le procesan a nuestra música».

Esa puede ser otra de las raíces del disco, no solo aquello que heredó de los grandes guitarristas, también aquello que aprendió observando cómo otros artistas trataban al flamenco.

La exigencia no disminuye cuando uno está solo

Su trabajo como productor, especialmente junto a Rafael Riqueni, le ha obligado durante años a escuchar desde fuera, a acompañar procesos, a dar forma, a sostener,… pero cuando vuelve a sus propios proyectos, la distancia desaparece, y con ella, también cierta indulgencia.

Manuel reconoce que es incluso más exigente consigo mismo.

«Como no me da pena de mí, pues nos castigamos demasiado».

Hay humor en la frase, pero también una verdad reconocible para cualquiera que haya intentado construir algo propio después de trabajar para otros, con otra persona existe una responsabilidad pero con uno mismo no existe horario.

Cómplices

Rafael Riqueni aparece también dentro del propio álbum. La pieza se llama ‘Cómplices’ y el título parece decir bastante.

Cuando se le pregunta qué necesita una colaboración entre dos guitarristas para convertirse en conversación y no en exhibición, Manuel aparta rápidamente el virtuosismo, y parece que lo esencial está en otro lugar, en el respeto, el cariño, el corazón, e incluso la diversión.

«El secreto creo que está en eso, en el respeto y el amor que le ponemos a las cosas».

La técnica puede impresionar, pero la complicidad consigue hablar.

Una guitarra que sabe conversar

La presentación de “De Raíz” en la Bienal de Flamenco de Sevilla reunió a Manuel con Manuel Imán en “Manos que hablan”.

Son dos trayectorias diferentes, dos maneras de entender la música andaluza, pero Manuel no encuentra conflicto, lo que encuentra es un lenguaje común. Para él, la guitarra flamenca posee una enorme capacidad de diálogo con el que puede acercarse al rock, al jazz o a otras músicas porque existe un fondo cultural suficientemente fuerte como para no perderse.

«Siempre hay un nexo de conexión, siempre hay lenguaje para comunicarnos con cualquier otra música».

Otra vez aparece la misma idea: la identidad no sirve para levantar una frontera, sirve para saber desde dónde estamos hablando.

Dar la vida por una forma de tocar

Cuando mira hacia quienes llegarán después, Manuel no pide que recuerden una pieza concreta, ni una técnica, tampoco un disco, lo que le gustaría que reconocieran algo más difícil de medir, que es una actitud frente a la música.

«Una persona que amó muchísimo a su profesión».

Con responsabilidad, entrega, respeto y , si es posible, personalidad.

«Lo máximo a lo que aspira un artista es a tener personalidad».

Quizá ahí converjan todos los caminos anteriores a los que hemos hecho mención, a los maestros, a la memoria, la propia producción, su exigencia, la búsqueda,… a fin de cuentas, la raíz, no para terminar pareciéndose más a quienes admira, sino terminar pareciéndose más a sí mismo.

Una palabra

Cuatro años y medio de composición, distintos palos, recuerdos, personas, viajes, una guitarra,… y al final de la entrevista le pedimos que redujera todo aquello a una sola idea.

Manuel tarda apenas un momento: Identidad, no virtuosismo, tampoco, tradición, ni siquiera flamenco, él dice, identidad, quiere que quien escuche reconozca la importancia de lo que ha recibido, que los guitarristas que vengan después comprendan el carácter de esa música, y que, cuando alguien ponga las manos sobre la guitarra y dé una sola nota, ya exista algo reconocible, algo propio.

Entonces “De Raíz” deja de parecer un disco sobre volver, la raíz no está detrás, está debajo, sosteniendo todo lo que todavía puede crecer.

Nuestro compañero Josechu Egido ha conversado con Manuel de la Luz sobre “De Raíz”, la memoria de los maestros, Niño Miguel, Rafael Riqueni, la tradición, la exigencia y la búsqueda de una identidad propia dentro del flamenco. Esta es la entrevista completa para “La Consulta del Dr. Escarabajo”.

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