DEJAR DE PREGUNTARSE QUÉ PUEDE HACER ALISON DARWIN
Hace cuatro o cinco años, Alison Darwin probablemente no habría publicado ‘Quiero Tekno’ y Laura lo reconoce sin demasiadas vueltas.
Una canción puede empezar con guitarras, crecer dentro de un territorio perfectamente reconocible para la banda y, cuando la protagonista dice que quiere techno, hacer exactamente eso: romper, entrar en otra música, cambiar las reglas durante unos segundos y seguir siendo Alison Darwin.
«Hace cuatro o cinco años me lo dicen y no me hubiera cuadrado. Hubiera dicho: “qué va, eso no lo haríamos nunca”».
Quizá “Con la misma cara” empiece realmente ahí, no en el sintetizador, ni en la electrónica sino en ese “eso no lo haríamos nunca” que ya no significa nada.
La entrada de alguien nuevo puede mover todo lo demás
Laura identifica un momento importante en la evolución reciente de la banda: la llegada de Mario De’Finis, no únicamente porque sea batería, también porque llega con mirada de productor. Su incorporación modifica procesos, referencias y maneras de construir las canciones.
Después de varios años tocando juntos, Alison Darwin tenía suficientes hábitos como para saber cómo sonaba la banda y precisamente por eso quizá necesitaba introducir cierta incomodidad.
«Nos apetecía este cambio simplemente. Ya son unos años haciendo música y al final apetece ir probando cosas nuevas».
No aparece ninguna gran crisis identitaria nadie parece haber convocado una reunión para decidir que había llegado el momento de reinventarse, solo que las nuevas canciones fueron saliendo y con ellas apareció una pregunta: ¿por qué no?
Cuando la canción pide techno
‘Quiero Tekno’ tampoco nació de una estrategia para demostrar versatilidad. Primero apareció una historia, una chica sale de fiesta, mira lo que pasa, se mueve y empiezan a pasar cosas,… y la letra llega hasta un punto en el que dice que quiere techno y la banda decide tomarla literalmente, que entonces suene techno.
Mario tenía los recursos para probarlo, lo probaron y les encantó, y apareció inevitablemente la duda sobre quien escucha, quizá alguien que viene buscando rock llegue hasta ese momento y decida que aquello no le interesa, eso puede pasar, pero la respuesta de la banda fue bastante sencilla: “se queda”, porque les gustaba a ellos y ese pequeño gesto explica bastante más sobre esta etapa que cualquier catálogo de influencias.
Alison Darwin empieza a confiar en que incorporar algo ajeno a su lenguaje anterior no amenaza necesariamente aquello que ya era.
Añadir no siempre significa diluir
La paradoja de “Con la misma cara” es que probablemente sea el disco en el que más cosas nuevas entran y, al mismo tiempo, el que Laura considera más contundente.
En este nuevo disco hay sintetizadores, texturas electrónicas,… hay techno, pero también existen más riffs y guitarras más agresivas.
La banda había recorrido ya el camino contrario. En sus primeras canciones aparecieron algunos sintetizadores, pero con el tiempo fueron desplazándose hacia un sonido más crudo: guitarra, bajo y batería.
Ahora vuelven a abrir la puerta y referencias como Turnstile les han demostrado que se puede añadir un sintetizador, una trompeta o cualquier otro elemento sin sacrificar energía.
«No nos parece que estemos perdiendo identidad ni mucho menos».
Ahí aparece una de las ideas fundamentales del disco: la identidad no depende necesariamente de los ingredientes, quizá dependa más de quién los mezcla.
Una banda no tiene obligación de parecerse siempre a sí misma
El segundo disco suele cargar con una expectativa extraña y es que el primero responde a una pregunta: “¿quiénes sois”, y el segundo empieza a responder otra: “¿estáis obligados a seguir siendo exactamente eso?”
Alison Darwin ha tenido esta vez algo que no tuvo en su anterior álbum: tiempo.
Laura recuerda que aquel primer disco tuvo que grabarse en apenas siete días por trabajos, distancias y disponibilidad.
Se grabaron 10 canciones en 7 días, no existía margen suficiente para un proceso profundo de preproducción, elección o reconsideración. Ahora ha ocurrido lo contrario, han podido probar, descartar, construir concepto, revisar sonido y dedicar meses a cuestiones que antes debían resolverse deprisa.
Por eso Laura habla sin demasiados complejos de madurez, no necesita renegar del primer disco, simplemente sabe que hoy lo harían de otra manera, y eso también es crecer.
Lo antiguo puede dejar de representarte
Existe una expectativa curiosa alrededor de los músicos y es que las canciones permanecen, pero las personas no.
Alguien puede descubrir hoy un tema publicado en 2021 y escucharlo por primera vez mientras quien lo escribió lleva años viviendo lejos de él. Esto, Laura lo reconoce.
Hay canciones anteriores que continúa queriendo especialmente —menciona ‘Te lo mereces’, junto a Venturi— y otras con las que ya no se identifica tanto, ni musicalmente ni desde la letra y no intenta resolver esa contradicción.
«No pasa nada».
Es una frase sencilla, pero vuelve a aparecer el mismo patrón que en ‘Quiero Tekno’, y es que pasa nada si una canción antigua ya no te representa exactamente, no pasa nada si alguien conoce ahora una banda diferente, no pasa nada si aquello que jamás habrías hecho hace cinco años es exactamente lo que quieres hacer hoy,… quizá la madurez artística tenga bastante que ver con dejar de exigir coherencia absoluta entre todas las versiones de uno mismo.
Barcelona aparece cuando necesita aparecer
El videoclip de ‘Quiero Tekno’ podía haber sido simplemente una noche de fiesta y eso era inicialmente, pero después apareció otra idea.
Si la acción sucedía en Barcelona, ¿por qué esa noche tenía que parecerse a cualquier otra noche de cualquier otra ciudad? Y entraron las sardanas, los correfocs, las fiestas populares, la rave, llovió,… Hubo dudas sobre si algunas escenas podrían rodarse porque las chispas amenazaban cámara y equipo,… Tuvieron incluso que aprender a bailar sardanas y el caos acabó dándole precisamente aquello que buscaban: un lugar, porque la combinación entre cultura popular catalana y noche electrónica hacía que el videoclip dejara de ser intercambiable.
Curiosamente, Laura no considera que Barcelona forme parte esencial del sonido del disco. El grupo canta rock en castellano y siente que su contexto musical podría asociarse incluso con mayor facilidad a otras ciudades, pero sí quiere dejar pequeñas huellas en un videoclip o en un título como ‘No puc més’, detalles que digan de dónde vienen sin convertirlo en obligación estética, otra vez: identidad sin encerrarse en ella.
Salir de día para soltarse de noche
La protagonista de ‘Quiero Tekno’ llega a la noche con un plan y termina incumpliéndolo.
Durante el día existen horarios por el trabajo, por las responsabilidades, por las cosas que debemos hacer o comportamientos que debemos mantener, y entonces llega un momento en el que simplemente decide:
«Voy a hacer lo que me dé la gana esta noche y fin».
La canción habla de fiesta, pero cuesta no ver también ahí una metáfora bastante útil para el propio disco.
Alison Darwin tenía también ciertas reglas sobre lo que hacía, sobre cómo sonaba, sobre aquello que podía entrar y en algún momento decidió desobedecer algunas, obviamente, no todas, pero si las suficientes.
El reto ahora es hacerlo de verdad sobre un escenario
Experimentar en estudio es relativamente sencillo comparado con otra pregunta: ¿cómo llevamos esto al directo sin convertirlo en una pista pregrabada?, y ese problema ha obligado a repensar el espectáculo.
Alex ha trabajado la dinámica y los enlaces entre canciones, Mario ha buscado cómo trasladar sintetizadores y elementos electrónicos para que sigan siendo activados e interpretados en el momento, Laura suelta ahora más la guitarra y Sara debe reorganizar algunas partes para conseguir que dos guitarras puedan convertirse ocasionalmente en una.
El objetivo no es reproducir exactamente el disco, es preservar su espíritu sin perder la crudeza del grupo sobre el escenario y eso quizá sea la prueba definitiva, porque una textura puede añadirse en estudio, pero una identidad tiene que sobrevivir cuando cuatro personas vuelven a encontrarse delante del público.
La misma cara
El título empieza entonces a adquirir otro sentido: “Con la misma cara”, no necesariamente porque Alison Darwin siga siendo exactamente la misma banda, quizá precisamente porque no lo es. Una persona cambia: porque aprende, porque pierde intereses y encuentra otros, puede mirar fotografías antiguas y reconocer su cara aunque sepa perfectamente que ya no piensa igual.
Pues con una banda puede ocurrir lo mismo: la primera identidad no tiene por qué convertirse en sentencia, puede haber riffs, entrar techno y haber sintetizadores, desaparecer temporalmente una guitarra,… puede aparecer una sardana dentro de una rave y la pregunta deja de ser: ¿”esto sigue siendo Alison Darwin?” para convertirse en otra mucho más interesante: “¿por qué no iba a serlo?”
Cuatro o cinco años atrás, Laura habría respondido que ciertas cosas no podían hacerlas, pero hoy ya no, y quizá esa sea la verdadera evolución de “Con la misma cara”, no haber encontrado un sonido nuevo.m, sino dejado de tener miedo a que cambiarlo signifique perderse.
Nuestro compañero Josechu Egido ha conversado con Laura de Alison Darwin sobre “Con la misma cara”, la evolución de su sonido, ‘Quiero Tekno’, la entrada de nuevos elementos electrónicos, Barcelona, el directo y la libertad de dejar de preguntarse constantemente qué puede o no puede hacer una banda. Esta es la entrevista completa para “La Consulta del Dr. Escarabajo”.

