Masamadre o cómo convertir una jota segoviana en algo más peligroso que mucho rock de festival
Vivimos tiempos donde medio mundo intenta vender “raíces” desde oficinas con aire acondicionado y campañas de marketing llenas de espigas de atrezo. Por eso proyectos como Masamadre resultan tan necesarios.
Porque lo suyo no parece construido desde la nostalgia decorativa ni desde el típico revisionismo folk diseñado para festivales gourmet. Lo que hacen nace desde otro lugar mucho más incómodo, más auténtico y bastante más poderoso: devolverle cuerpo, calle y verdad a la música tradicional castellana y eso, ahora mismo, casi parece un acto de resistencia cultural.
Castilla también puede sonar salvaje
El repertorio de Masamadre funciona casi como un mapa emocional de la tradición oral castellana. Seguidillas, jotas, romances populares, cantos de trabajo, rondas y piezas transmitidas durante generaciones reaparecen aquí sin naftalina y sin complejos.
Canciones como ‘La Cigüeña’, ‘Las Panaderas’ o ‘Vengo de moler’ recuperan ese universo rural donde el doble sentido, la picaresca, el trabajo colectivo y la celebración convivían de manera completamente natural. Y lo hacen además conectando directamente con figuras fundamentales del folklore como Agapito Marazuela, Joaquín Díaz o Eliseo Parra.
Pero lo interesante es que Masamadre no interpreta estas piezas como si fueran reliquias intocables, las vive, las agita, las convierte en algo contemporáneo sin necesidad de disfrazarlas de modernidad artificial.
El folklore como algo vivo… y no como postal turística
Quizá ahí esté una de las grandes virtudes del proyecto: Mientras muchos intentan actualizar la tradición llenándola de capas innecesarias, Masamadre parece entender algo bastante importante: el folklore ya era moderno antes de que llegaran las etiquetas, porque estas canciones nacieron precisamente para acompañar la vida real, para trabajar, para bailar, para burlarse, para enamorarse, para sobrevivir,… y esa energía sigue intacta en piezas como ‘El mandil de Carolina’, ‘No voy solo/Cuando la zorra viene’ o ‘Esta noche ha llovido mañana hay barro’, donde tradición, humor, sensualidad y memoria colectiva siguen respirando con una naturalidad desarmante.
Aquí no hay reconstrucción arqueológica, hay comunidad.
Entre el pandero, la cocina y la catarsis colectiva
Otro de los grandes aciertos de Masamadre está en su manera de entender el directo.
Porque más allá de la música, da la sensación de que sus conciertos funcionan como una especie de celebración comunitaria donde el público deja de comportarse como espectador pasivo para formar parte del ritual.
Instrumentos tradicionales, percusión doméstica, referencias a las cocinas de las abuelas, ritmos populares y una puesta en escena profundamente conectada con el territorio convierten canciones como ‘Era de latón’ o la propia ‘Rabelada de Masamadre’ en algo mucho más grande que un simple rescate folklórico, hay algo casi tribal ahí, algo que conecta con una memoria colectiva que mucha gente ni siquiera sabía que seguía llevando dentro.
Mucho más que folklore castellano
Lo interesante es que Masamadre tampoco parece obsesionado con encerrarse dentro de una visión purista de la tradición.
El propio repertorio demuestra cómo las músicas populares siempre han viajado, se han mezclado y han atravesado territorios durante siglos. León, Zamora, Galicia, Palencia, Cantabria, Segovia o Portugal aparecen constantemente conectados dentro de ese mapa sonoro compartido, porque la cultura popular nunca entendió demasiado de fronteras administrativas y quizá por eso el proyecto transmite tanta honestidad porque no intenta congelar la tradición, la deja respirar.
Un proyecto necesario en tiempos de algoritmos vacíos
En una época donde gran parte de la música parece diseñada para durar exactamente lo mismo que una story de Instagram, encontrarse con un proyecto como Masamadre produce algo parecido a abrir una ventana.
Hay tierra, hay memoria, hay identidad,… pero también hay riesgo, personalidad y muchísimas ganas de demostrar que el folklore castellano todavía puede emocionar, remover y hacer bailar sin pedir perdón por existir y sinceramente, no todas las propuestas actuales pueden decir lo mismo.
Nuestro compañero Josechu Egido ha hablado con las integrantes de Masamadre sobre tradición oral, folklore castellano, memoria popular y la necesidad de mantener vivas las canciones que han acompañado durante siglos a varias generaciones. Esta es la entrevista completa para «Aquí se toca otra».
