Álvaro de Late Capital: “Hoy en día nos gusta sentirnos parte de algo y para nosotros ese algo es Late Capital”

ENCONTRAR UN LUGAR AL QUE PERTENECER MIENTRAS TODO SE MUEVE

Hace un año, Late Capital estaba publicando sus primeras cinco canciones. Este verano se encontró tocándolas en Sonorama Ribera y Festival Gigante.

La distancia entre ambos puntos parece enorme cuando se mide desde fuera. Para ellos, en cambio, quizá haya ocurrido demasiado deprisa como para detenerse a calcularla.

«A veces sí que nos tienen que decir que levantemos un poco la cabeza y disfrutemos de lo que estamos consiguiendo».

La confesión define bastante bien el momento de la banda. Late Capital nació en 2023 y pertenece todavía a ese territorio extraño en el que casi todo sucede por primera vez: las primeras canciones, la primera gira, los escenarios que hasta hace poco parecían inaccesibles, el descubrimiento de personas que llegan a un concierto sin conocer personalmente a ninguno de sus integrantes.

También pertenece a una generación acostumbrada a que el siguiente paso aparezca antes de haber entendido el anterior y ellos mismos lo reconocen.

Son ambiciosos, quieren escenarios más grandes, llegar a más gente y esa misma voluntad que les ha permitido avanzar con tanta rapidez amenaza a veces con impedirles disfrutar del lugar exacto en el que se encuentran.

Resulta significativo que unas canciones nacidas precisamente de la ansiedad y de la velocidad contemporánea estén siendo interpretadas ahora por una banda que necesita recordarse a sí misma que también debe detenerse.

Un diario escrito cuando todo iba demasiado deprisa

Su primer EP, “Late de Latir”, no nació como un retrato generacional premeditado, fue algo bastante más sencillo, como un diario.

«Refleja lo que estaba sucediendo en nuestras vidas en aquel momento».

En aquellas canciones aparecen ansiedad, relaciones que no funcionan como deberían, incertidumbre y esa sensación de que la vida circula siempre unas cuantas revoluciones por encima de la velocidad que somos capaces de asumir, no intentaron convertir esas experiencias en grandes símbolos.

Precisamente ahí creen que está una parte de la conexión con quienes las escuchan.

«No son caricaturas».

Lo que aparece en ellas ocurrió, o, al menos, se parece mucho a algo que ocurrió y quizá por eso alguien que nunca ha conocido a los cuatro integrantes de Late Capital puede escuchar una canción escrita desde sus vidas y acabar incorporándola a la suya.

Pero la banda no expresa esas emociones únicamente desde la oscuridad, ya que en sus conciertos hay guitarras, movimiento, baile, gritos y una energía física que parece contradecir algunos de los lugares emocionales de sus letras.

Para ellos no existe contradicción, existe humanidad.

«No somos seres estáticos. Hay momentos donde queremos gritar, hay momentos donde queremos bailar, hay momentos donde queremos llorar».

La palabra que utilizan es catarsis y probablemente explique mejor a Late Capital que cualquier etiqueta musical.

Una canción puede servir para entrar durante tres minutos en aquello que duele y la siguiente puede permitir expulsarlo bailando con los amigos y las dos cosas son verdaderas.

El problema de marcharse de los lugares seguros

En ‘Tren’, ‘Maletas’, ‘Norte’ y ‘Madrid ya no es Madrid’ aparecen estaciones, ciudades, movimiento y desplazamiento, pero debajo de esa geografía existe otra pregunta.

¿Dónde pertenecemos?

Late Capital reconoce que la búsqueda de un lugar propio aparece repetidamente en sus canciones y cuando explican de dónde procede, la idea adquiere otra profundidad, no hablan únicamente de mudanzas o ciudades, hablan del miedo a abandonar personas y lugares que quizá ya no sean buenos para nosotros pero que, durante mucho tiempo, nos han proporcionado estabilidad.

Ese territorio resulta incómodo porque lo conocido y lo correcto no siempre coinciden, uno puede saber que debería marcharse y seguir sintiendo miedo ante la posibilidad de hacerlo o ouede permanecer dentro de una relación, un lugar o una versión de sí mismo simplemente porque allí conoce las reglas.

Late Capital no pretende hablar en nombre de toda una generación, lo dice explícitamente, pero reconoce una necesidad que probablemente mucha gente de su edad podría entender: sentirse parte de algo y entonces llega la frase que termina cambiando el significado de muchas de sus canciones:

«Para nosotros ese algo es Late Capital».

Quizá por eso aparecen tantos lugares en su música, porque estaban intentando encontrar uno y puede que finalmente no fuese geográfico.

Cuatro personas dentro del mismo refugio

La paradoja tiene algo bonito. Late Capital escribe sobre la dificultad de abandonar lugares seguros mientras la propia banda empieza a convertirse precisamente en uno y eso no significa comodidad artística, de hecho, cuando se les pregunta por la posibilidad de encontrar demasiado pronto una identidad y convertirla después en fórmula, no parecen especialmente preocupados, quieren experimentar, probar, equivocarse si hace falta… Consideran que esa búsqueda es precisamente el camino para acabar encontrando el sonido que desean.

Lo que sí parece mucho más definido es otra identidad menos evidente, y esa es la humana. Cuando imaginan qué querrían conservar dentro de unos años, si las salas se hacen mayores y la historia continúa creciendo, no mencionan un determinado sonido, una guitarra, un género ni siquiera una canción., hablan de ellos.

«La relación que tenemos entre los cuatro y la gente que nos rodea».

Personas que están ahí por cariño y que creen en el proyecto. Su conclusión es sencilla: si consiguen conservar eso, podrán sobrellevar lo demás.

Quizá sea una respuesta especialmente importante para una banda que reconoce su propia ambición y que ya ha descubierto lo fácil que resulta mirar constantemente hacia el siguiente escalón, porque los escenarios pueden crecer, pero también pueden desaparecer.

Las canciones terminan de existir delante de alguien

Festival Gigante nos permitió comprobar que Late Capital parece sobre el escenario una banda bastante mayor que la que indica su fecha de nacimiento.

Ellos mismos reconocen que el directo constituye una de las razones fundamentales por las que hacen todo esto y, aunque el estudio y componer les gusta, es delante de otras personas donde sienten que las canciones «cobran vida».

No parece importar demasiado que esas personas hayan llegado siguiendo a la banda desde sus primeras actuaciones o se hayan encontrado con ellos por casualidad en un festival, su actitud, aseguran, no cambia, el compromiso estaba desde el primer concierto… Lo que ha ocurrido con escenarios como Sonorama o Gigante es que ese compromiso se ha ensanchado y es que ahora simplemente caben más personas dentro, y vuelve entonces aquella necesidad de pertenecer a algo, donde primero fueron cuatro, después llegaron quienes estaban cerca de ellos y ahora empieza a incorporarse gente que ni siquiera conocían… sin duda, el refugio se amplía.

Blanco sobre negro

Cuando se les pregunta si los contrastes pueden ser precisamente el lugar en el que empieza a aparecer su identidad, Late Capital responde sin demasiadas dudas: Las personas están hechas de contrastes y la banda también entre oscuridad y baile, ansiedad y euforia, inseguridad en las canciones y seguridad encima del escenario, deseo de pertenecer y necesidad de marcharse, ambición por llegar más lejos y dificultad para detenerse a disfrutar de lo conseguido… Ellos lo llaman «blanco sobre negro».

Quizá Late Capital todavía no necesite resolver ninguna de esas contradicciones, por supuesto, acaba de empezar y pueden permitirse convivir con ellas y probar sonidos, cambiar, equivocarse y descubrir qué viene después de unas primeras canciones que ya les han llevado de su gira inicial por salas a Sonorama y Festival Gigante. Ahora, mientras preparan nuevo material y una cita en la sala El Sol de Madrid, el siguiente paso vuelve a aparecer antes de que hayan terminado de asimilar el anterior, pero existe algo que convendría conservar: Cuatro personas decidieron construir una banda mientras escribían canciones sobre lo difícil que resulta encontrar un sitio propio.

Tres años después, todavía están averiguando hasta dónde puede llevarles, pero quizá ya hayan encontrado algo más importante: Un lugar al que pertenecer.

Nuestro compañero Josechu Egido ha conversado con Álvaro de Late Capital sobre sus primeras canciones, la ansiedad, la necesidad de pertenecer, el directo y todo lo vivido durante un año que les ha llevado hasta escenarios como Sonorama Ribera y Festival Gigante. Esta es la entrevista completa para “La Consulta del Dr. Escarabajo”.