Dejar de llamar hogar a lo que te hace daño
Marta Tchai no necesitaba descubrir que algo se repetía, y es llevaba años escribiéndo en sus canciones, en sus relaciones o en sus impulsos, la sensación de caminar una y otra vez hacia lugares conocidos aunque terminaran haciendo daño.
Lo que cambia en “Memoria Infinita” no es necesariamente el patrón, lo que cambia la conciencia sobre quién camina hacia él.
Marta, a traviesa de su nota de prensa, presenta el álbum como el trabajo más introspectivo que ha hecho hasta la fecha, construido durante un proceso largo y no lineal, con 10 canciones que giran alrededor del autoboicot, la repetición del fracaso y esa sensación de vivir dentro de una pescadilla que vuelve continuamente a morderse la cola, pero después de escucharla hablar, quizá la palabra importante no sea memoria, quizá sea familiaridad, porque recordar que algo duele no siempre basta para dejar de volver.
Reconciliarse con la soledad
Antes de llegar al disco aparece una ruptura en 2021, con su grupo Berlín Texas, donde Marta había depositado mucha ilusión en aquel proyecto colectivo y también expectativas.
Venía de 5 discos en solitario y, en cierto modo, había recorrido el camino inverso al habitual: primero una trayectoria propia y después un grupo y cuando aquello termina, queda noqueada, y aaparece algo que quizá Memoria Infinita necesitaba resolver antes incluso de entrar en las relaciones sentimentales: la soledad de la artista.
En una banda, explica, existe la energía común, se rema juntos y las decisiones se comparten, pero en solitario, terminar una canción, confiar en ella, decidir grabarla y seguir adelante vuelve a recaer sobre una sola persona, y es más difícil, por supuesto, más solitario, pero también más reconfortante cuando consigues llegar.
Marta habla entonces de aceptar las cartas que han tocado y «sacarles brillo» y ese parece ser uno de los primeros ejercicios de reconciliación del disco.
Cuando deja de llamarse mala suerte
El autoboicot no nació en “Memoria Infinita”, Marta identifica señales anteriores y reconoce que en “El eclipse” ya existía una ceguera, algo que tapaba la visión, pero aquí la perspectiva cambia y ahora puede decir:
«Soy yo misma la que articula ese autoboicot».
No se trata de culpabilizarse, ella misma corrige cualquier interpretación demasiado simple, y es que no pasó de creer que todo era mala suerte a responsabilizarse de absolutamente todo, lo que apareció fue otra conciencia, reconocer que había relaciones y situaciones hacia las que ella también caminaba y que no era únicamente alguien a quien las cosas le sucedían, también había decisiones, atracciones, había patrones y si existe alguna posibilidad de romper un círculo, quizá empiece precisamente ahí, cuando dejas de contemplarlo únicamente desde fuera.
El daño que acoge
Entonces Marta pronuncia probablemente la idea más dura de toda la entrevista: Desapegarse del daño resulta especialmente difícil cuando ese daño se ha vuelto familiar, cuando acoge, cuando se parece, de alguna manera, a casa. Precisamente por eso romperlo resulta tan complicado y, a veces, hay que mirar muchas veces aquello que sucede antes de llegar a reconocer que no quieres más de eso.
‘Mi deserción’, explica, también habla de desertar de aquello que está demasiado aprendido y la palabra es importante: No es escapar, ni olvidar, es Desertar, dejar conscientemente una fidelidad antigua.
La tristeza escondía rabia
‘Mi deserción’ nació como una canción profundamente triste, pero cuando Edu Baos entra en ella, algo cambia, y la interpretación desplaza el lugar emocional, y es de esta manera que Marta descubre que debajo de aquella tristeza había rabia, y no solamente rabia relacionada con una historia concreta, aparecen capas anteriores, habla de su madre, de su tendencia a deprimirse, de la imposibilidad de sacarla de aquel lugar y de la frustración que eso generaba.
Entonces formula otra de las grandes ideas de esta conversación: la rabia está cargada de deseo, la tristeza puede dejarte quieta, el duelo necesita también su tiempo, pero la rabia todavía conserva movimiento, dice: esto no me gusta, quiero otra cosa, pude cambiar aquello, pero todavía puedo colocar ese deseo en otra parte, y por eso Marta llega a definir el deseo casi como un arma de futuro.
Las canciones ayudan, pero no sustituyen a la terapia
Existe una narrativa romántica bastante habitual alrededor de la creación. Dicen que escribir cura, que componer salva y que el arte resuelve. Marta introduce una corrección importante y es que escribir le ayuda muchísimo, las canciones le permiten pensar, nombrar, ordenar,… Pero cuando preguntamos si la escritura le ha permitido resolver determinadas cosas, responde con una honestidad poco habitual: lo que realmente la ha ayudado ha sido la terapia, pensarse con otro, disponer de un espacio específico para detenerse, incluso reconoce el privilegio de haber podido pagarlo.
En su caso, además, la velocidad siempre había complicado ese proceso de parar y mirar, habla de llegar a terapia después de acumular demasiados «accidentes». Si, ka creación ayuda, pero no necesita convertirse en medicina universal para conservar su valor.
Vivir acelerada y desear descanso
Otra de las canciones habla precisamente de velocidad y Marta reconoce algo personal. Durante años ha vivido entre extremos, entre la euforia y la caída, entre la excitación y la necesidad de calma. Hoy siente esos polos bastante más atenuados, pero no completamente desaparecidos. La vida, dice, también consiste en surfear entre ambos estados, necesitamos estímulos que nos hagan sentir vivos, después buscamos lugares que nos calmen.
El problema aparece cuando se dispara el volumen, cuando perseguimos excitación frenéticamente y después intentamos alcanzar la serenidad con exactamente la misma ansiedad. Incluso musicalmente la canción reproduce esa contradicción: Empieza mínima, tranquila, casi ingenua y termina acelerándose… La personalidad termina apareciendo aunque la narradora intente descansar.
Un disco no tiene que sonar igual para ser el mismo disco
“Memoria Infinita” cuenta con distintas producciones: Edu Baos, Sergio Salvi y Paco Loco, y eso podría haber provocado un problema de cohesión, pero eso a Marta nunca le ha preocupado demasiado, sigue creyendo en el álbum, pero no cree que un álbum tenga necesariamente que sonar igual desde el primer minuto hasta el último, de hecho, reconoce que los discos excesivamente uniformes pueden aburrirla.
Primero existen las canciones, después aparece el concepto capaz de reunirlas. La unidad puede estar en otro lugar y, en esto Marta lo tiene claro, la coherencia de “Memoria Infinita” no está en una identidad sonora rígida, sino en los temas que atraviesan las canciones.
La disciplina debe llegar después del caos
Durante años Marta intentó ordenarse, también creativamente, intentó menos caótica y más disciplinada, más correcta.
Mejorar significaba muchas veces corregir aquello que surgía de forma espontánea, hoy está intentando volver hacia atrás, sin abandonar la disciplina, sino colocarla en otro lugar, y es que la disciplina sigue siendo necesaria pero no puede llegar primero. Para ello, primero debe existir el caos, porque la vida también es caos.
La creación necesita permitir que algo nazca antes de empezar a corregirlo. Quizá la madurez, en este caso, no consista en dominar completamente una forma, sino en saber cuándo dejar de domesticarla.
El escenario modifica las canciones
“Memoria Infinita” todavía está revelándose en directo. Marta reconoce que necesitaría tocarlo más para comprender completamente qué cambia sobre el escenario, pero ya existen señales.
La canción ‘Nadie a quien querer’ tiene una factura pop en el disco, pero directo pide otra cosa, un grito, algo punk, más desolador. Sin embargo,
Con ‘Amnesia’ sucede casi lo contrario y es que la canción se convierte en baile, una conversación contradictoria en la que conviven las palabras de amor y la necesidad de demostrar ese amor con hechos. Si la grabara ahora, admite, posiblemente haría algunas cosas de manera diferente, porque tocar una canción también permite descubrir qué era aquella canción, no siempre el estudio tiene la última palabra.
El alma de trovadora sigue ahí
En medio de tanta revisión aparece una continuidad. Marta recuerda con emoción aquella mujer de veintitantos años que tocaba en Libertad 8, la ilusión que se tenía por terminar una canción, sobre todo por compartirla, preparar un concierto y subirse a un escenario…. Todo eso, aún continúa y le enorgullece que continúe porque podía haber desaparecido después de siete discos, de rupturas, después de decepciones, de conocer suficientemente bien cómo funciona una carrera musical como para perder cierta inocencia, y sin embargo, Marta dice que su alma de trovadora sigue bastante intacta y muy joven.
Las canciones ya lo estaban diciendo
Una de las preguntas más importantes llega cuando miramos hacia atrás.
¿Los patrones de “Memoria Infinita” estaban presentes antes de que Marta pudiera llamarlos autoboicot, repetición o dependencia? La respuesta es inmediata: Sí, en los primeros discos, en canciones que entonces parecían hablar de otra cosa.
Marta dice algo brutalmente claro:
«Yo siempre anduve buscando el daño como una prueba de estar en casa, de sentirme a salvo».
Se define como superviviente, reconoce haber entrado en lugares y relaciones capaces de haberla destruido y también haber salido, y aprendido. Cuando vuelve a aquellas primeras letras encuentra rastros de algo que entonces quizá todavía no sabía interpretar y es que las canciones sabían cosas antes que su autora, y ese es uno de los grandes hallazgos de “Memoria Infinita”, no el descubrir una historia nueva, sino aprender a leer de otra manera toda la historia anterior.
La maternidad no apagó la ambición
La maternidad ha modificado el tiempo y también las decisiones. Marta ya no está dispuesta a desplazarse a cualquier sitio para tocar simplemente porque exista una oportunidad, eso era antes, ahora existen otros límites. Pero ocurre algo que quizá no esperaba, y es que Lucía, su hija, no reduce la ambición, se la devuelve. También devuelve amor hacia su propio trabajo, con ganas de tocar, de escribir, de subirse a escenarios,… y Marta formula una idea magnífica: quiere que su hija tenga «una madre libidinosa», una madre que sigue deseando, que no renuncia por ella, porque convertir a una hija en explicación de todas tus renuncias también podría terminar convirtiéndose en una carga para esa hija.
La maternidad reduce determinados márgenes, pero recupera deseo y alegría, y Marta señala la alegría como otro motor.
Saber no significa aceptar
Siete discos después podría parecer que lo difícil es descubrir algo nuevo sobre una misma, pero Marta responde lo contrario, y es que lo difícil es aceptar, porque puedes saber una cosa durante años, puedes incluso escribirla y analizarla, puede nombrarla y seguir tropezando.
Conocer un patrón no lo destruye automáticamente, entenderlo no significa haber salido y “Memoria Infinita” se vuelve especialmente interesante en ese punto donde el conocimiento deja de presentarse como solución, porque existe un paso posterior, más incómodo, que es aceptar lo conocido hasta modificar la manera en que vives.
Recordar al otro hasta olvidarse de una misma
La última pregunta coloca el disco delante del futuro.
Cuando esta etapa termine, ¿qué patrón debería haber quedado atrás para no tener que volver a escribir el mismo álbum dentro de unos años con otro título?Marta responde: vender su alma, olvidarse de sí misma, recordar demasiado al otro, necesitar continuamente otra mirada, otra aprobación, alguien que confirme que basta,…
Desde fuera, reconoce, ha parecido siempre una mujer muy independiente, pero lo dentro, no siempre lo fue, ha dependido mucho de esa mirada externa, pero siente que hoy ese patrón está bastante más trabajado. No es que prometa que haya desaparecido, es consciente de que puede haber recaídas y quizá de ellas salgan canciones. Entonces Marta se ríe y dice algo aparentemente pequeño:
«Podemos cambiar la temática, está permitido».
Pero quizá esa frase sea el verdadero final de “Memoria Infinita”, no porque uno pueda ordenar qué escribirá después, sino porque imaginar otras canciones significa también imaginar otra vida, una en la que recordar deje de consistir en volver constantemente al mismo lugar, una en la que la memoria no sea condena, una en la que aquello que conoces desde siempre deje finalmente de parecer aquello a lo que debes regresar.
Marta Tchai ha pasado buena parte de su discografía escribiendo alrededor del daño y “Memoria Infinita” quizá sea el disco en el que comprende que sobrevivir a algo no termina cuando consigues salir: termina cuando dejas de confundirlo con casa.
Nuestro compañero Josechu Egido ha conversado con Marta Tchai sobre “Memoria Infinita”, el autoboicot, la repetición, la ruptura de Berlín Texas, la terapia, la rabia, el deseo, la maternidad y aquellos patrones que pueden acompañarnos durante años incluso después de haber aprendido a reconocerlos. Esta es la entrevista completa para “La Consulta del Dr. Escarabajo”.
