Los Galgos: «Hay dos cosas que se nos dan bien: tocar y tomar birras»

Veteranos del oficio, debutantes en la aventura

Hay grupos que nacen en un local de ensayo, otros nacen sobre un escenario y Los Galgos pertenecen a esta segunda categoría.

Aunque su primer álbum acaba de ver la luz, resulta difícil hablar de ellos como una banda debutante. Sus integrantes llevan años recorriendo carreteras, escenarios, festivales y salas acompañando a algunos de los nombres más destacados de la escena nacional. Han vivido la música desde dentro, observando cómo se construyen las canciones, cómo se defiende un repertorio frente al público y cómo se sobrevive a una profesión tan apasionante como imprevisible.

Ahora, toda esa experiencia acumulada desemboca en un primer disco homónimo que funciona como una declaración de intenciones tan directa como efectiva.

En una época dominada por la edición digital, las correcciones infinitas y las producciones milimétricamente pulidas, Los Galgos han optado por un camino muy distinto.

Grabado junto a Iñigo Bregel, de Los Estanques, el álbum fue completado en apenas cinco días de trabajo intenso. Una decisión que no responde a la urgencia, sino a una filosofía muy concreta: capturar la energía real de una banda tocando junta. El resultado es un disco donde abundan las primeras tomas, donde los pequeños accidentes forman parte del paisaje y donde la espontaneidad termina convirtiéndose en una virtud.

Hay algo especialmente atractivo en esa apuesta por la honestidad: Los Galgos no intentan parecer perfectos, intentan sonar vivos.

Si algo distingue a este primer trabajo es su capacidad para observar la realidad con una mezcla de ironía, inteligencia y cierto espíritu esperpéntico. Las canciones retratan una sociedad tan absurda como reconocible, utilizando el humor como herramienta para señalar contradicciones, excesos y comportamientos cotidianos. No hay discursos grandilocuentes ni moralejas evidentes, hay observación, hay sarcasmo y hay una forma muy personal de convertir lo cotidiano en materia prima para las canciones.

El álbum encuentra un equilibrio muy interesante entre fuerza instrumental y vocación melódica.

La banda demuestra que se puede sonar contundente sin renunciar a los estribillos memorables y que la energía no está reñida con el cuidado por los detalles.

«Pelis de Amor, Pelis de Hostias», elegida como carta de presentación del disco, resume perfectamente esa filosofía. Una canción que viaja entre diferentes atmósferas, alternando momentos íntimos y otros mucho más expansivos, mientras deja entrever buena parte de las claves sonoras del álbum. Curiosamente, fue la última canción compuesta para el disco y quizá por eso funciona también como una especie de resumen involuntario de todo lo que Los Galgos quieren contar.

Detrás de Los Galgos no hay músicos recién llegados: Samuel Terroso, Carlos Alfaya y Víctor Torrecilla han compartido escenarios con artistas tan diversos como Miguel Ríos, Carlangas, Nat Simons, Alejo Stivel, Hey Kid o Barry B, entre muchos otros. A esa experiencia se suma Carlos Calatayud, uno de los nombres emergentes más interesantes de la escena madrileña a la batería.

Todo ese bagaje se percibe en un disco que transmite seguridad, personalidad y una comprensión muy clara de cómo debe funcionar una canción cuando llega el momento de defenderla frente al público.

Quizá la mejor manera de entender este primer trabajo sea imaginarlo sobre un escenario porque aunque las canciones funcionan perfectamente en estudio, todo apunta a que su hábitat natural está en el directo.

Las melodías pegadizas, los estribillos inmediatos y la contundencia instrumental parecen diseñados para provocar esa reacción que toda banda persigue: que alguien termine cantando una canción sin haberse dado cuenta de que la estaba aprendiendo y eso no suele ocurrir por casualidad.

Los Galgos llegan con la ventaja de quienes ya conocen el oficio y la ilusión de quienes todavía sienten que todo está por descubrir, su primer disco no busca reinventar la música popular ni cambiar las reglas del juego, bBusca algo mucho más complicado: sonar auténtico y en tiempos donde cada vez resulta más difícil distinguir una voz propia entre tanto ruido, eso ya es una magnífica carta de presentación.

Nuestro compañero Josechu Egido ha hablado con Los Galgos sobre la grabación de su primer disco homónimo, la experiencia acumulada durante años acompañando a otros artistas, su particular manera de retratar la realidad a través del humor y la ironía, la importancia de la honestidad en el estudio y el papel fundamental que el directo ocupa en la identidad de la banda. Esta es la entrevista completa para «La Consulta del Dr. Escarabajo».