La verdadera fidelidad no consiste en repetir el pasado, sino en seguir siendo uno mismo mientras todo cambia alrededor
Hay entrevistas en las que el disco ocupa el centro de la conversación. Otras giran alrededor de una gira, de un aniversario o de una celebración concreta. La de Yeska, curiosamente, no.
Aunque sobre el papel todo invitaba a hablar de los veinte años de trayectoria, bastan unos minutos de conversación para descubrir que la banda nunca mira hacia atrás con nostalgia. Ni siquiera utiliza la palabra «volver». Hablan de tocar, de seguir componiendo, de reencontrarse con la gente y de mantener intacta una forma de entender la música que nunca ha dependido de las modas, y ahí aparece la primera sorpresa: Yeska no celebra veinte años, los vive.
No hay discursos grandilocuentes. No hay sensación de deuda con el pasado. Tampoco necesidad de reivindicarse. Da la impresión de que la banda continúa exactamente donde lo dejó la última vez que se bajó de un escenario.
La coherencia como forma de resistencia
Vivimos un momento en el que muchos artistas sienten la necesidad de reinventarse continuamente. Cambian de sonido, de imagen o de discurso buscando conectar con un público cada vez más cambiante.
Yeska parece caminar justo en dirección contraria. No porque rechace evolucionar, sino porque nunca ha entendido la evolución como una renuncia a su identidad. Escuchándoles se percibe algo que resulta difícil explicar, pero muy fácil reconocer: la tranquilidad de quien no necesita demostrar nada.
No buscan parecer más jóvenes, ni más modernos, ni más duros… Simplemente siguen escribiendo las canciones que sienten necesidad de escribir y quizá esa sea la decisión más valiente que puede tomar hoy una banda de rock.
El escenario sigue siendo el lugar donde todo cobra sentido
Durante toda la entrevista aparece una idea una y otra vez: El directo. Pero no como obligación, no como promoción, sino como el lugar donde las canciones encuentran finalmente su significado.
Da igual cuántos años hayan pasado, da igual cuántos discos haya publicado la banda, el escenario sigue siendo ese espacio donde todo vuelve a empezar.
No hay nostalgia, hay presente y probablemente por eso el público continúa sintiendo esas canciones como propias.
La música como forma de permanecer
Hay un momento de la conversación que me hizo detenerme, no porque fuera especialmente espectacular, precisamente por lo contrario, porque transmitía una enorme normalidad: Yeska habla de la música como quien habla de una parte inseparable de su vida.
No parece una profesión, ni una aventura extraordinaria, es simplemente la manera que han encontrado de seguir siendo ellos mismos y quizá ahí resida el secreto de una trayectoria tan larga, no han intentado convertirse en otra banda, han preferido seguir siendo la suya.
Veinte años después
Las efemérides suelen invitar a hacer balance, pero Yeska parece preferir otra cosa, mirar hacia el siguiente concierto.
La conversación deja la sensación de que el aniversario importa mucho menos que la próxima oportunidad de volver a encontrarse con la gente porque, al final, las canciones solo tienen sentido cuando alguien las escucha al otro lado y eso sigue ocurriendo veinte años después.
Nuestro compañero Josechu Egido ha hablado con Yeska sobre el paso del tiempo, la honestidad, los escenarios y esa extraña virtud de las bandas que nunca han necesitado dejar de ser ellas mismas para seguir emocionando. Esta es la entrevista completa para «La Consulta del Dr. Escarabajo».
