Carencias Afectivas: “Para tomarnos las cosas en serio decidimos no tomárnoslas demasiado en serio”

(c) Las fotos son de Ismael G. Nicolás @modernetta

CARENCIAS AFECTIVAS: HACER RUIDO PARA QUE EL MAL MOMENTO NO SE VIVA A SOLAS

En la vida, hay momentos en los que parece exigir una respuesta inmediata: Debemos saber quiénes somos, hacia dónde vamos, qué trabajo queremos, cómo debemos relacionarnos, cuánto hemos progresado y por qué todavía no nos parecemos a la persona que supuestamente deberíamos haber llegado a ser.

La presión no siempre adopta la forma de una orden explícita. A veces aparece como una sucesión interminable de estímulos, comparaciones y expectativas que terminan instalándose dentro de nosotros hasta parecer propias.

Entonces llegan el cansancio, la culpa, la rabia, el miedo o la sensación de estar fallando en algo que nadie ha sabido definir con exactitud.

Carencias Afectivas no pretenden resolver ese conflicto.

Su primer álbum se limita a observarlo y decir:Qué mal momento. Sin interrogación, sin exclamación, sin dramatismo añadido, solo como quien contempla la época, reconoce el desgaste y comprende que la única salida posible, al menos durante los próximos minutos, consiste en enchufar las guitarras.

UNA BANDA QUE NACIÓ ANTES QUE EL PLAN

Carencias Afectivas surgieron casi sin proponérselo. Cuatro amigos comenzaron a reunirse para tocar aproximadamente un mes antes de que estallara una pandemia capaz de detener escenarios, salas, ensayos y prácticamente cualquier posibilidad de construir una banda de la manera habitual.

No existía una gran estrategia, tampoco una hoja de ruta diseñada para llegar a un disco.

Cada integrante venía de sus propios proyectos y experiencias, pero al reunirse encontraron una conexión que no necesitó demasiadas explicaciones. Se entendían tocando.

Seis años después, continúan siendo los mismos cuatro y esa permanencia no es un dato menor. Durante ese tiempo han atravesado experiencias estimulantes, dificultades, conciertos, esperas y todos los pequeños desgastes que suelen aparecer cuando un proyecto musical intenta mantenerse en pie.

La identidad del grupo no procede únicamente de un sonido reconocible, también nace de haber atravesado juntos todo aquello.

«Parte de la autenticidad está en haber pasado por todas esas cosas juntos».

La banda comenzó desde la amistad y las ganas de hacer ruido. El discurso apareció después, mientras aprendían qué querían conservar y qué debían dejar fuera.

EL DISCO QUE NACIÓ PODANDO

Qué mal momento no fue concebido inicialmente como un álbum. La primera intención era grabar un EP de cuatro canciones. Sin embargo, el proceso terminó revelando que aquellas piezas no eran un bloque aislado, sino el comienzo de algo más amplio.

Lo decisivo no fue componer muchas canciones nuevas, fue aprender a eliminar.

Carencias Afectivas contaban con abundante material, canciones muy distintas entre sí y procedentes de momentos diversos. Antes de sumar, necesitaban descubrir qué discurso querían articular.

El trabajo del EP fue, por tanto, una poda. Quitaron aquello que desviaba el foco y conservaron las piezas capaces de hablar entre sí. Una vez encontrado el centro, las nuevas canciones pudieron incorporarse con mayor naturalidad.

«Cuando ya teníamos articulado el discurso, fue más fácil añadir las canciones que se adherían a él».

El álbum terminó creciendo casi por necesidad, pero esa necesidad no respondió a una obligación comercial ni a la voluntad de llenar una duración determinada.

Las canciones habían encontrado una conversación común y detenerla después de cuatro temas habría significado dejarla incompleta.

UNA AFIRMACIÓN SIN SIGNOS DE PUNTUACIÓN

El título del disco podría parecer una pregunta: “¿qué mal momento?”, pero también podría funcionar como una exclamación: “¡Qué mal momento!”, pero la banda ha decidido dejarlo desnudo.

Qué mal momento aparece sin signos de puntuación porque no busca solicitar una explicación ni representar un estallido exagerado. Es una observación: “Vivimos un mal momento” o quizá atravesamos uno.

No sabemos con precisión cuándo comenzó ni cuánto durará, pero podemos reconocerlo.

El disco recorre emociones como el miedo, la culpa, la alegría, la rabia, el hastío, la rebeldía y la ansiedad ante las exigencias de la vida adulta. Sin embargo, el grupo no se propuso escribir conscientemente un retrato generacional, partió de experiencias propias y el reconocimiento colectivo llegó después.

«Hablábamos de cosas que nosotros habíamos vivido, pero inevitablemente podían extrapolarse a gente que está en nuestra situación y en nuestro momento vital».

Ahí se produce el desplazamiento más interesante: Las canciones nacen de una experiencia concreta, pero al publicarse dejan de pertenecer únicamente a quienes las escribieron. El malestar individual encuentra equivalencias en otras vidas.

La generación aparece no porque todos hayan vivido exactamente lo mismo, sino porque reconocen la presión que sostiene esas emociones.

EL CANSANCIO DE QUERER SER LO QUE NOS PIDEN

Carencias Afectivas no aseguran que esta sea la época más agotadora de la historia. Sí perciben una multiplicación de estímulos y modelos que dictan cómo deberíamos vivir.

Las redes sociales, los discursos de productividad, la comparación constante y la representación pública de vidas aparentemente resueltas producen una sensación de obligación permanente.Hay que convertirse en alguien y hacerlo cuanto antes.

«Parece que hay una manera de ser impuesta desde fuera».

La dificultad surge cuando esa expectativa ajena comienza a confundirse con el deseo personal. Dejamos de saber si perseguimos una vida porque realmente la queremos o porque hemos aprendido que deberíamos quererla.

El agotamiento no procede únicamente del esfuerzo por conseguir objetivos, también nace del trabajo emocional de interpretar continuamente un papel.

Las canciones de Qué mal momento se sitúan dentro de esa contradicción. Hablan de frustración, miedo y rabia, pero no desde una posición externa ni moralizante, no observan a una generación para explicar sus problemas, hablan desde el interior del cansancio.

REÍRSE PARA PODER HABLAR EN SERIO

Frente a ese desgaste, la banda elige la ironía, no como una manera de negar el dolor ni de escapar de las emociones incómodas. El humor les permite acercarse a ellas sin adoptar una solemnidad que terminaría alejando al oyente.

«Reírnos de nosotros mismos es nuestra manera de tomarnos las cosas en serio».

La frase contiene buena parte de la identidad de Carencias Afectivas.

El humor funciona como mecanismo de supervivencia, pero también como herramienta narrativa. Una exageración, una imagen absurda o una frase aparentemente ligera pueden transportar una idea más dolorosa con mayor precisión que un discurso completamente grave.

La ironía abre una puerta: Primero provoca una sonrisa, después permite reconocer aquello que la sostiene.

La banda entiende que para captar la atención del público necesita divertirlo, sorprenderlo y evitar que la canción se convierta en una sucesión de lamentos, no porque las emociones carezcan de importancia, sino porque, si todo el discurso permaneciera en el mismo tono oscuro, quizá dejaría de escucharse.

LAS GUITARRAS COMO FORMA DE URGENCIA

Musicalmente, Qué mal momento se construye alrededor de las guitarras.

La influencia del indie estatal aparece desde Los Planetas hasta formaciones posteriores como Mujeres, Triángulo de Amor Bizarro o Perro, junto a referencias al noise británico de los años noventa y ciertos impulsos cercanos al punk.

Sin embargo, el álbum no funciona como un catálogo de homenajes.

Cada integrante aporta gustos y recorridos distintos. El trabajo consistió en verter todas esas influencias dentro de un espacio común sin que ninguna anulara a las demás.

La identidad apareció cuando las canciones comenzaron a compartir una misma manera de relacionar melodía, ruido y tensión.

La banda quería que el disco fuera melódico, también quería que sonara enfadado y la guitarra permitía mantener ambos extremos.

Puede construir una línea reconocible y, unos segundos después, romperla con distorsión, repetición o urgencia. Puede acompañar una frase irónica y convertirla en un estallido.

«Quizá no haya otro instrumento que transmita tan bien esa sensación de urgencia o de cabreo de la que hablan muchos temas».

El ruido no aparece como decoración, es parte del significado.

Las canciones no hablan del desgaste mientras permanecen ordenadas y tranquilas. Lo incorporan a su propia estructura sonora.

ENCONTRAR UNA VOZ DENTRO DE LAS INFLUENCIAS

Toda banda construida alrededor de referencias reconocibles debe enfrentarse a una pregunta “¿en qué momento deja de sonar como aquello que admira y comienza a sonar como sí misma?”

Carencias Afectivas no esconden sus influencias. Forman parte de la música con la que han crecido y del lenguaje que comparten los cuatro integrantes.

Pero montar un disco exigía algo más que reunir canciones compatibles con sus gustos, necesitaban reconocer una forma propia de hacerlas.

El EP fue fundamental para encontrarla. Al seleccionar las piezas capaces de articular el discurso, también descubrieron el sonido dentro del que podían seguir componiendo.

La identidad no apareció antes de las canciones, se reveló al ordenarlas y, una vez reconocida, permitió sumar nuevos temas sin que el álbum perdiera su coherencia.

Por eso Qué mal momento funciona como carta de presentación. No porque contenga todas las posibilidades futuras del grupo, sino porque fija el lugar desde el que desean comenzar a explorarlas.

CUANDO A JUAN LE VA MAL

La presentación de la banda incluye una frase especialmente reveladora:

«Cuando a Juan le va mal, a Carencias les va bien».

El protagonista es Juan Margallo, guitarrista, gritador y letrista especialmente productivo durante sus bajones.

La frase convierte el sufrimiento en broma, pero también describe un mecanismo creativo reconocible. Muchas canciones nacen cuando algo duele, molesta o desborda.

Eso no significa que los peores momentos sean deseables, ni que el dolor adquiera valor únicamente cuando puede transformarse en una obra, lo importante es qué ocurre después, una experiencia negativa se convierte en una canción. Esa canción sale del espacio privado y llega hasta otra persona que está atravesando algo parecido.

Entonces aparece una forma pequeña de compañía.

«Si alguien está pasando por una de esas experiencias y tiene una canción con caña y un punteado de guitarra guapo al que agarrarse, se echa una sonrisa y sigue hacia adelante, eso es lo que hemos conseguido».

La música no resuelve el problema pero modifica la manera de atravesarlo y durante unos minutos, el malestar deja de ser completamente solitario.

UN DISCO PENSADO PARA SALIR DEL DISCO

Los directos no aparecieron como una consecuencia posterior del proyecto, fueron el motivo inicial.

Carencias Afectivas comenzaron a tocar porque les gustaba tocar. Antes de existir el álbum, antes de la estrategia, la promoción o el vinilo, ya estaba el deseo de subirse a un escenario. Y esa prioridad sigue intacta.

Para la banda, el directo debe ocupar el centro de cualquier proyecto musical. No basta con reproducir correctamente las canciones. El concierto necesita generar energía y contagiarla al público.

La nota de prensa compara sus actuaciones con un autobús exprés al aeropuerto: un trayecto sin paradas que deja al pasajero mareado y algo enfadado, pero preparado para despegar.

La imagen contiene parte de su filosofía, no buscan un recorrido contemplativo, quieren tensión, velocidad, ruido y una conexión física con quienes están delante.

«El disco se concibió para tocarlo en directo».

Las canciones pueden abordar emociones negativas, pero el escenario modifica su función. La culpa, el hastío o la ansiedad dejan de escucharse desde la soledad de unos auriculares y se convierten en una experiencia colectiva.

El público canta, salta, grita o simplemente recibe la energía de la banda, lo que dentro de la letra era malestar se transforma durante el concierto en impulso.

LA MÚSICA COMO RESISTENCIA EMOCIONAL

Llamar Qué mal momento a un disco lleno de energía podría parecer una contradicción: No lo es. La banda no niega la oscuridad del momento. Tampoco decide quedarse inmóvil dentro de ella.

Las canciones observan el cansancio y, desde ahí, buscan una salida que no necesita fingir optimismo. La resistencia emocional no consiste siempre en afirmar que todo irá bien, a veces consiste en reconocer que algo va mal y seguir tocando. La ironía introduce luz sin borrar el conflicto, la melodía hace que una emoción pueda recordarse, las guitarras transforman el cabreo en movimiento.

El directo permite compartirlo y la banda no promete curación, promete ruido y, en determinadas circunstancias, el ruido puede ser una forma perfectamente válida de continuar.

CUATRO AMIGOS DENTRO DEL CAOS

Carencias Afectivas está formada por Julio Teigell al bajo, Juan Casado a la voz, Juan Margallo a la guitarra y Javier Herrero a la batería.

La biografía promocional presenta a cada uno desde el humor, como si la banda necesitara burlarse de sí misma antes de permitir que alguien más lo intente.

Julio abandonó su conflicto con el piano para encontrar su lugar en el bajo. Juan Casado aporta voz, letras y cordura, aunque sus compañeros preferirían que limitara sus intervenciones con la guitarra. Juan Margallo se define mejor como ruidista y gritador que como guitarrista o cantante. Javier intenta tocar flojo, aunque rara vez lo consigue.

La descripción no pretende ofrecer una imagen solemne del grupo y esa ausencia de solemnidad resulta coherente con el disco.

Carencias Afectivas no necesitan aparecer como cuatro músicos atormentados por el peso de su generación. Son cuatro amigos que han encontrado una forma de hablar de sus contradicciones mientras se ríen de ellas y de sí mismos.

La amistad no elimina los problemas, pero proporciona un lugar desde el que convertirlos en otra cosa.

SIN GRANDES EXPECTATIVAS, SIN RENUNCIAR A NADA

Cuando miran hacia el futuro, la respuesta es sencilla: “quieren conciertos”, más escenarios, más ruido y más caos emocional.

La banda nació sin grandes expectativas y mantiene esa ausencia de planificación rígida. Sin embargo, no tener un destino impuesto no significa cerrarse a las oportunidades.

«El proyecto nació sin grandes expectativas, pero sin negarnos a nada».

Esa posición explica buena parte de su recorrido: El grupo comenzó casi accidentalmente, el EP se convirtió en disco, las canciones personales adquirieron una dimensión generacional y el ruido terminó siendo una identidad.

Ahora la recepción del álbum y los conciertos que están surgiendo abren una nueva etapa que ninguno de los cuatro necesitó imaginar de antemano, no fuerzan el crecimiento, intentan estar disponibles cuando aparece.

QUE EL MAL MOMENTO ENCUENTRE UNA CANCIÓN

Qué mal momento contiene diez canciones producidas por Carlos Elías, Benito Casado y Pablo Fergus en La Cafetera Estudio. El trabajo cuida cada detalle, aunque la precisión no elimina la sensación de urgencia que define al grupo.

La banda ha convertido la incomodidad en identidad y el ruido en lenguaje propio.m, pero quizá la transformación más importante sea otra, ha convertido experiencias individuales en un espacio compartido.

Las canciones nacen del miedo, la culpa, la ansiedad, la rabia y el hastío. Después incorporan melodía, humor y guitarras. Finalmente llegan al escenario, donde esas emociones se encuentran con personas que también las reconocen, no desaparecen, cambian de forma: el mal momento sigue siendo un mal momento, pero ahora posee un estribillo, un punteado de guitarra, cuatro músicos haciendo ruido y alguien al otro lado que, quizá durante una canción, deja de sentirse completamente solo.

Nuestro compañero Josechu Egido ha conversado con Carencias Afectivas sobre Qué mal momento, su primer álbum; el origen accidental de la banda; la presión de las expectativas adultas; el humor como forma de hablar en serio; y unos directos concebidos para transformar la incomodidad en energía compartida. Esta es la entrevista completa para “La Consulta del Dr. Escarabajo”.