Marcel Vallés: “Cada nota, cada silencio y cada decisión hablan de quién eres”

EL VIAJE QUE LE ENSEÑÓ A ESCUCHAR

Marcel Vallès salió de España con una mochila y una guitarra. No llevaba un álbum trazado de antemano, ni la decisión de regresar convertido en un músico diferente. Quería viajar, convivir con otras culturas, conocer intérpretes y dejarse sorprender por una experiencia cuyo resultado todavía no podía imaginar.

Durante tres años recorrió Chile, Argentina y Brasil. Tocó en la calle, en pequeños espacios y dentro de un circuito musical que no separaba con tanta rigidez la música del resto de la vida. Las canciones estaban en las casas, en las reuniones, en la playa, en los bares y en cualquier lugar donde varias personas decidieran compartirlas.

Aquel viaje no le entregó únicamente un nuevo vocabulario de ritmos, armonías y melodías, le enseñó una manera distinta de escuchar.

Muchos años después, parte de aquella experiencia ha terminado convertida en Boas Lembranças, el primer álbum que firma como solista tras una trayectoria dedicada a acompañar, producir y colaborar con numerosos artistas.

El título significa «buenos recuerdos» en portugués, pero el disco no funciona como un álbum de fotografías musicales. No intenta reconstruir con exactitud los lugares recorridos ni traducir literalmente cada experiencia. Sus composiciones reúnen las emociones, los encuentros y los aprendizajes que permanecieron en Marcel Vallès después de haber abandonado aquellas ciudades.

El viaje terminó pero su forma de entender la música no volvió a ser la misma.

LLORAR DE FELICIDAD AL MARCHARSE

Boas Lembranças, la composición que da nombre al álbum, nació cuando Marcel Vallès dejó Vitória para continuar su recorrido hacia Salvador de Bahía.

Había pasado casi un año en aquella ciudad de Espírito Santo, situada entre Río de Janeiro y Salvador. Allí comenzó a dedicarse seriamente a la música y logró introducirse en el circuito local. La experiencia había sido tan importante que marcharse provocó una emoción difícil de clasificar.

No se iba porque quisiera escapar, se marchaba porque necesitaba continuar.

«Salí como llorando de felicidad. Quería continuar el viaje, pero había vivido una experiencia muy buena».

La canción conserva esa contradicción: la alegría por avanzar y la tristeza inevitable de abandonar un lugar en el que una parte de uno mismo ha comenzado a transformarse.

Por eso el título terminó representando mejor que cualquier otro el espíritu del álbum. No se refiere únicamente a un recuerdo agradable, sino a todas aquellas experiencias que nos acompañan incluso después de haber dejado atrás el lugar donde ocurrieron.

Durante aquellos años nacieron numerosas composiciones. Algunas han quedado fuera del disco y podrían formar, según el propio músico, otro trabajo completo. Las elegidas no fueron necesariamente las más antiguas ni las más evidentes, sino aquellas que, al reunirse, establecían una relación musical y emocional entre ellas.

“Boas Lembranças” no es una crónica exhaustiva del viaje, es la parte de aquella experiencia que todavía necesitaba convertirse en sonido.

LA PRIMERA HISTORIA CONTADA EN NOMBRE PROPIO

Antes de este álbum, Marcel Vallès había desarrollado una extensa carrera junto a otros músicos. Había acompañado, producido y participado en proyectos muy diferentes, aprendiendo a reconocer la identidad de cada artista y a encontrar el espacio desde el que podía contribuir sin desdibujarla.

En “Boas Lembranças”, por primera vez, la historia es la suya.

El guitarrista no considera el disco autobiográfico en un sentido literal. No existe una correspondencia exacta entre cada composición y un episodio concreto de su vida. Sin embargo, todos los temas están vinculados a alguna vivencia, un viaje, una persona o un momento que dejó huella.

El álbum funciona así como una carta de presentación , no porque resuma toda su trayectoria, sino porque muestra desde qué lugar humano y musical ha decidido hablar cuando ya no acompaña el relato de otra persona.

La guitarra ocupa el centro de las composiciones. En algunos temas aparece sola; en otros se multiplica o conversa con la percusión. Esa desnudez deja al intérprete expuesto.

«Cuando la guitarra es la protagonista, no hay mucho donde esconderse. Cada nota, cada silencio y cada decisión hablan un poco de quién eres».

La intimidad del disco no procede únicamente de su volumen o de la ausencia de grandes arreglos. Nace de esa imposibilidad de ocultar las decisiones bajo una producción demasiado densa.

Cada pausa forma parte del discurso, cada nota que no se toca resulta tan significativa como aquella que finalmente aparece.

BRASIL: LA SOFISTICACIÓN DE LO COTIDIANO

El aprendizaje más profundo que Marcel Vallès extrajo de Sudamérica no fue puramente técnico.

En Brasil descubrió una cultura en la que la música popular continúa integrada en la vida cotidiana. No pertenece exclusivamente a los escenarios, las escuelas o los intérpretes profesionales. Se comparte en familia, circula entre generaciones y aparece de manera espontánea en cualquier reunión.

En muchas casas hay una guitarra. Siempre parece existir alguien dispuesto a tocar o cantar.

La música no se presenta únicamente como una disciplina que debe dominarse, también es una forma de celebrar.

Esa naturalidad convivía con una enorme sofisticación. Vallès quedó impresionado por la complejidad armónica de muchas canciones brasileñas, capaces de cambiar varias veces de tonalidad y, al mismo tiempo, permanecer dentro de la memoria popular.

Personas sin formación teórica podían cantar esas melodías con absoluta naturalidad. La riqueza musical no alejaba las canciones de la gente, las acercaba.

Ese equilibrio entre profundidad y proximidad se convirtió en una lección esencial. Una obra puede poseer armonías complejas, ritmos elaborados y una enorme riqueza interpretativa sin perder su capacidad para emocionar de manera inmediata.

La teoría puede explicar lo que sucede dentro de una composición, pero no tiene por qué ser el lugar donde comienza.

UNA CANCIÓN NO NACE DE LA TEORÍA

Las influencias que atraviesan “Boas Lembranças” son amplias. La música brasileña contemporánea convive con el jazz, los lenguajes latinoamericanos y otras experiencias acumuladas durante años de escucha y colaboración.

Sin embargo, el disco no suena como un ejercicio académico ni como una demostración de conocimientos.

Marcel Vallès nunca se sentó a componer con la intención de fabricar una bossa, una pieza de jazz o una canción que pudiera adscribirse a un género determinado. Las ideas fueron apareciendo y, con ellas, las músicas que había absorbido a lo largo del camino.

Algunas composiciones nacieron cuando todavía no poseía los conocimientos armónicos que tiene en la actualidad.

Ese detalle le parece especialmente revelador.

«Una canción no nace de la teoría, sino de una idea que nos llega».

La formación ofrece herramientas para entender, ordenar y desarrollar una intuición. Puede abrir posibilidades y resolver dificultades. Pero cuando se transforma en el punto de partida, corre el riesgo de reemplazar la emoción que debería sostener la obra.

Vallès conoce músicas técnicamente complejas que no consiguen conmoverlo. No cuestiona su calidad ni su dificultad. Simplemente recuerda que la destreza no garantiza una conexión emocional.

Para que una canción llegue a los demás, primero debe afectar a quien la está interpretando, la técnica aparece después, como medio, nunca como argumento.

STEVE SHEHAN: EL ARTE DE HACER CRECER SIN INVADIR

Las guitarras del álbum ya estaban grabadas cuando Steve Shehan entró en el proyecto.

Marcel Vallès había registrado las composiciones en Barcelona. Algunas estaban construidas para una sola guitarra y otras incorporaban varias capas, pero todas podían sostenerse por sí mismas. Durante un tiempo incluso contempló la posibilidad de dejar el disco en ese estado.

El encuentro con Steve Shehan cambió aquella decisión.

Ambos se conocieron en un festival en Marruecos. Shehan posee una trayectoria marcada por las músicas del mundo y por colaboraciones con artistas como Paul Simon, Bob Dylan, Peter Gabriel o Youssou N’Dour. Sin embargo, lo que impresionó a Vallès no fue el tamaño de su currículo, sino su manera de permanecer dentro de la música.

Shehan escucha cada elemento con una atención absoluta. Sus intervenciones no buscan demostrar la extensión de sus recursos. Introducen colores, texturas y pequeños movimientos que enriquecen una pieza sin alterar su centro.

«Nunca toca por tocar. Todo lo que hace tiene sentido. Es como un pintor dentro de la música».

La comparación resulta especialmente apropiada porque Steve Shehan también desarrolla una actividad como pintor. En “Boas Lembranças”, esa sensibilidad visual parece trasladarse al sonido.

Vallès le envió las composiciones sin imponerle indicaciones concretas. Quería descubrir qué despertaban en él y cómo podían ser interpretadas desde su propio universo rítmico: La confianza sustituyó a las instrucciones.

El resultado no convierte a la percusión en un acompañamiento subordinado a la guitarra. Ambos instrumentos dialogan. Las percusiones aparecen en determinados momentos, desaparecen en otros y respetan el aire que ya existía entre las notas.

Shehan llevó las canciones a otro lugar sin arrancarlas del que ya ocupaban y esa fue la verdadera aportación, no llenar los espacios, sino comprender cuáles necesitaban permanecer vacíos.

EL MÚSICO QUE SABE CUÁNDO NO TOCAR

Las colaboraciones desarrolladas por Marcel Vallès a lo largo de su carrera han terminado convirtiéndose en distintas formas de una misma enseñanza.

Trabajar con Omar Sosa fue una de las experiencias más intensas de su trayectoria. Más allá de su capacidad como pianista, Vallès destaca su pasión, su relación con el groove y la forma en que consigue que todos los músicos que lo acompañan extraigan lo mejor de sí mismos.

El aprendizaje ocurre durante los ensayos y los conciertos, pero también en las conversaciones y en los silencios.

La experiencia con Vance Joy fue muy diferente. Participar en una producción internacional de esas dimensiones le permitió observar su funcionamiento desde dentro, aunque la enseñanza más profunda surgió de algo mucho más sencillo.

La voz y la guitarra de Vance Joy ya contenían la identidad de las canciones.

El trabajo del resto de los músicos no consistía en multiplicar los elementos, sino en reconocer qué podían aportar sin desplazar aquello que hacía especial al artista.

A veces, tocar muy poco es la decisión más musical, el «menos es más» deja entonces de ser una fórmula repetida para convertirse en un ejercicio de respeto.

Su participación en “101 Flames of Inspiration” amplió esa misma idea desde una perspectiva multicultural. En el proyecto convivieron intérpretes procedentes de India, África, Sudamérica y diferentes lugares de Europa. Cada uno llegaba con una tradición y un lenguaje propios, pero la música proporcionaba un territorio común en el que podían encontrarse.

Todas esas experiencias parecen desembocar en la misma convicción:

«Hay que escuchar a los demás y entender qué necesita cada música antes de intentar imponer tu forma de tocar».

No se trata únicamente de una regla para acompañantes, es una ética musical.

EL DISCO TERMINA CUANDO EMPIEZA EL CONCIERTO

“Boas Lembranças” no funciona para Marcel Vallès como una obra cerrada que deba reproducirse con exactitud sobre el escenario.

El álbum es el punto de partida, pero en directo, las canciones se transforman.

Hasta ahora las ha presentado en formatos muy diferentes: solo con la guitarra, en dúo o acompañado por bajo y batería. Las melodías y la esencia de las piezas permanecen, pero cada formación modifica su energía y abre nuevas posibilidades para la improvisación.

Vallès no pretende reconstruir el disco nota por nota, prefiere que cada concierto se convierta en una conversación entre los músicos, el público y las circunstancias de ese momento. La sala, el ánimo de quienes escuchan y la comunicación que se establece sobre el escenario pueden alterar una composición sin destruir su identidad.

La música debe conservar la posibilidad de sorprender incluso a quienes la están interpretando.

Todavía no ha podido presentar este repertorio junto a Steve Shehan debido a la distancia y a la dificultad de hacer coincidir sus agendas. Ambos buscan una fecha que les permita trasladar al directo el diálogo construido durante la grabación, pero cuando ocurra, las canciones volverán a cambiar y esa transformación no será una desviación del álbum, será su continuación natural.

LAS COLABORACIONES TAMBIÉN FORMAN PARTE DE LA OBRA PROPIA

La publicación de su primer disco como solista no implica que Marcel Vallès quiera abandonar los proyectos colectivos.

Pretende seguir explorando el lenguaje de “Boas Lembranças”, porque siente que las composiciones todavía poseen un largo recorrido. Cada concierto confirma que pueden desarrollarse de maneras diferentes y que el disco no ha agotado sus posibilidades.

Al mismo tiempo, continúa trabajando junto a otros músicos.

Su colaboración con la cantante brasileña Mirla Riomar se prolonga desde hace aproximadamente una década. Actualmente participan en la grabación de su segundo álbum y recorren distintos festivales durante el verano.

Vallès no observa su proyecto personal y las colaboraciones como caminos opuestos, se alimentan mutuamente.

Cada artista con quien trabaja le proporciona una mirada diferente. Cada experiencia termina modificando, de manera visible o inconsciente, su forma de tocar y componer. Del mismo modo, todo lo aprendido en su propia música regresa después a los proyectos de otros.

Su trayectoria no está dividida entre los momentos en que cuenta su historia y aquellos en los que ayuda a contar la de alguien más: Todo pertenece al mismo viaje.

DETENERSE UN MOMENTO A ESCUCHAR

La nota con la que Marcel Vallès acompaña el álbum termina agradeciendo al oyente que se detenga durante unos minutos. La elección del verbo no es casual.

“Boas Lembranças” nace de un movimiento constante: un viaje de tres años, ciudades abandonadas, músicos encontrados y caminos que continúan abriéndose. Sin embargo, para que todas aquellas experiencias pudieran transformarse en música fue necesario hacer lo contrario: Detenerse, escuchar qué permanecía después del viaje, escuchar las melodías antes de intentar clasificarlas, escuchar a Steve Shehan sin decirle qué debía tocar, escuchar a los artistas que acompañaba antes de ocupar un espacio dentro de sus canciones, escuchar al público y a los músicos para permitir que cada concierto se convirtiera en algo irrepetible.

Marcel Vallès viajó por Sudamérica buscando aprendizaje, experiencias y nuevas músicas. Allí descubrió que tocar no consiste en demostrar cuánto se ha aprendido, sino en reconocer qué necesita cada momento, por eso su debut como solista no es una exhibición de todo el bagaje acumulado, es un ejercicio de selección, confianza y silencio.

La guitarra cuenta una historia íntima. Las percusiones de Steve Shehan la amplían sin invadirla. Las influencias aparecen sin anunciarse. La técnica sostiene la emoción sin reclamar el protagonismo y los recuerdos dejan de pertenecer exclusivamente a quien los vivió, porque la verdadera aspiración de Boas Lembranças no es que el oyente conozca el viaje de Marcel Vallès, sino que encuentre dentro de aquellas canciones sus propias ciudades, sus propias despedidas y alguna parte de su memoria.

Nuestro compañero Josechu Egido ha conversado con Marcel Vallès sobre su primer álbum como solista, los tres años que pasó viajando por Sudamérica, su encuentro con Steve Shehan y una forma de comprender la música basada en la emoción, el respeto y la escucha. Esta es la entrevista completa para “La Consulta del Dr. Escarabajo”.