Iván Keating de Ésolon: «La letra es el guión de la película y la instrumentación, su atmósfera»

Hay músicas que parecen obligarnos a escoger: Potencia o sensibilidad. Guitarras o melodía. Impacto o profundidad… Como si una canción necesitara decidir desde el principio si quiere entrar por el cuerpo o por la cabeza. Ésolon nació precisamente dentro de esa frontera.

La banda madrileña formada por Iván Keating a la voz, Federico Etchelecu y Samuel Merino a las guitarras, David Malfaz al bajo y Arturo Flórez a la batería reúne músicos procedentes de proyectos como A ContraVerso, La Mano del Muerto, Seren Deep, Moai o S.P.A.M..

Desde sus comienzos ha buscado un sonido situado entre la contundencia del hard rock moderno y una clara vocación melódica. pero cuando se escucha hablar a Iván Keating, aparece algo más importante que la etiqueta musical.

Ésolon quiere hacer canciones que puedan golpearnos primero y continuar dentro después.

El nacimiento de una nueva banda suele explicarse hablando de influencias, amistades o proyectos anteriores. Iván lo plantea de una manera más sencilla:

«Nosotros hacemos las canciones que queremos escuchar en otros».

La frase contiene buena parte de la identidad de Ésolon: Iván venía de tocar la batería y sentía también la necesidad de ocupar otro lugar dentro de la música. Quería cantar sus propias canciones, interpretarlas desde un espacio más personal y buscar lenguajes menos transitados dentro de la escena nacional, pero había además una combinación que siempre le había interesado como oyente.

Bandas con una base contundente, instrumentaciones poderosas y , sobre ellas, melodías vocales capaces de ofrecer contraste, dulzura sobre electricidad, fragilidad sobre peso… La contradicción solo existe si alguien decide que ambas cosas no deberían convivir. Ésolon partió precisamente de hacerlas convivir.

Para Iván, existe otro elemento que no puede funcionar como decoración: la letra.

Su crítica hacia una parte de la música más mainstream española es clara. Considera que demasiadas canciones renuncian a desarrollar textos con profundidad pese a la extraordinaria tradición literaria existente en nuestro país.

Ésolon decidió desde el principio que sus canciones no podían limitarse a tener fuerza, tenían que decir algo., no porque el rock necesite convertirse en literatura.

Sino porque una canción pierde una parte importante de sus posibilidades cuando utiliza las palabras únicamente para rellenar el espacio entre dos estribillos, la banda quería hacer algo «grande en todos los sentidos» y eso incluía las guitarras, la producción, las melodías, pero también cada frase.

Iván utiliza una comparación especialmente precisa para explicar esa relación.

«La letra sería como el guion de una película y la instrumentación sería como la atmósfera».

No tendría demasiado sentido construir una película visualmente extraordinaria alrededor de un guion vacío. Tampoco escribir un gran texto y dejarlo dentro de una película incapaz de construir el espacio emocional que necesita. Ambas partes tienen que encontrarse.

En Ésolon, la instrumentación no ilustra simplemente aquello que cuenta la letra, lo amplifica: Una guitarra puede aportar tensión, la batería puede convertir una frase en urgencia, la melodía puede mostrar una vulnerabilidad que las palabras no contienen explícitamente y la letra puede proporcionar significado a una descarga musical que, sin ella, quizá solo sería energía. Ningún elemento necesita derrotar al otro, la canción aparece cuando ambos consiguen coexistir.

El nombre del primer LP no podría ser más apropiado. Génesis habla de origen, de comienzo, del instante en el que algo empieza a existir.

Antes de convertirse en álbum, el material apareció dividido en Génesis Vol.1 y Génesis Vol.2, publicados después de que la banda registrara las canciones en dos tandas diferentes. El dossier confirma que aquel debut fue apoyado mediante una campaña de micromecenazgo en Verkami antes de desembocar en el LP publicado en noviembre de 2025.

Iván, sin embargo, desmonta cualquier interpretación excesivamente conceptual del proceso. La división en dos volúmenes respondió fundamentalmente a una estrategia de publicación. El disco había sido pensado como LP desde el comienzo, no existía una narrativa secreta detrás de los dos capítulos y esa sinceridad resulta interesante porque permite distinguir entre el envoltorio necesario para moverse dentro de la industria actual y la intención artística original.

Una cosa es cómo se publica. Otra, cómo se piensa.

La campaña de Verkami proporcionó financiación, pero para Ésolon funcionó también como algo más valioso: una primera prueba de confianza.

Antes de que todo el trabajo estuviera disponible, ya había personas dispuestas a apoyar el proyecto, no únicamente comprando una canción, participando en su nacimiento: Camisetas, gorras, discos, recompensas… pero, sobre todo, una señal: había alguien esperando.

La campaña permitió comprobar el nivel de expectación alrededor de una banda que todavía estaba construyendo su primer gran paso y quizá pocas cosas resulten más importantes para un grupo recién nacido que saber que la música todavía no existe completamente y, aun así, alguien ya quiere escucharla.

Ésolon comprende perfectamente las reglas actuales: Una canción, después otra y otra. Cada mes y medio o dos meses, mantener presencia, alimentar plataformas, no desaparecer del flujo. Iván no demoniza esa dinámica, la banda la utiliza, pero tampoco permite que determine la forma en que concibe una obra.

Génesis fue construido como un conjunto. Cada canción debía poseer suficiente entidad para funcionar como un single, pero al mismo tiempo convivir con el resto dentro del álbum. La exigencia era enorme, intentar que cada pieza estuviera al nivel de la anterior o incluso por encima y cuidar todos los elementos alrededor: Ilustraciones, videoclips, vídeos líricos, textos, producción, presentación… No porque el disco fuera conceptual, porque una obra puede tener identidad sin necesitar contar una única historia.

Hay un título dentro del repertorio de Ésolon que podría utilizarse casi como metáfora de su sonido: Seda y Hierro. La propia combinación resume buena parte de aquello que la banda persigue: Hierro, peso, resistencia, contundencia, seda, melodía, textura, sensibilidad… No es necesario escoger.

El dossier incluye la canción junto a En un Péndulo y No Ha Muerto el Rock & Roll entre las composiciones que mejor muestran la potencia de la banda. Pero el interés de Ésolon aparece precisamente cuando esa potencia no funciona sola, la dureza adquiere significado gracias al contraste y la melodía consigue resultar todavía más luminosa cuando está rodeada por algo capaz de golpear.

Existe un momento fundamental en la vida de una canción. El autor escribe algo desde una experiencia determinada, después la publica y pierde el control.

Para Iván, ese momento no representa un problema, representa precisamente una de las partes más hermosas del arte, una letra puede haber nacido pensando en una ruptura sentimental, y, después de un concierto, alguien se acerca y explica que la canción le recuerda a una etapa en la que atravesó problemas con las drogas y terminó aislado del mundo. ¿Ha entendido mal la canción? No, la ha hecho suya.

«Al final cada uno lo entiende a su manera, se lo lleva a su terreno y creo que eso es lo bonito de la poesía, de la música y del arte en general».

La metáfora abre espacios, no obliga, sugiere. Permite que dos experiencias completamente diferentes terminen encontrándose dentro de las mismas palabras. Entonces la canción deja de funcionar como autobiografía, se convierte en herramienta.

Para Ésolon, una composición deja de pertenecer completamente a la banda cuando el público comienza a cantarla, pero existe un segundo nivel todavía más interesante: cuando empieza a interpretarla, no musicalmente, emocionalmente. Cada persona coloca dentro de la canción una experiencia propia, un recuerdo, una pérdida, una adicción, una relación, una etapa de aislamiento, una victoria… A partir de ese momento, la intención original continúa existiendo, pero ya no está sola. El público ha escrito otra capa encima, quizá esa sea una de las pruebas más evidentes de que una canción ha conseguido permanecer, no que todo el mundo entienda exactamente lo mismo, que personas diferentes sean capaces de encontrar dentro algo verdadero.

El primer LP ha permitido también que Ésolon comparta canciones con músicos que durante años pertenecieron a la categoría de referentes: Morti, conocido por su trayectoria con Skizoo e InMune, participa en Palabras de Lucifer. Marcos Molina, de Gritando en Silencio, aparece en Trileros.

La enseñanza que Iván extrae de ambas colaboraciones resulta significativa. No habla principalmente de técnica, ni de estudio, ni de contactos, habla de humanidad.

«Cuando eres más pequeño miras a estos colosos como si fueran intocables y luego, en las distancias cortas, te das cuenta de que son gente muy humilde».

Cercanos, educados, fáciles de tratar… El referente deja de ser una fotografía sobre un escenario, se convierte en compañero y quizá descubrir que alguien a quien admirabas profundamente sigue comportándose con naturalidad después de tantos años de carrera sea también una lección sobre qué clase de músico quieres llegar a ser.

El dossier sitúa a Ésolon dentro del rock con tintes de metal y destaca que la banda ha conseguido construir una identidad propia en muy poco tiempo. Iván parece especialmente satisfecho con esa percepción, porque existe algo de lo que han intentado escapar desde el principio: sonar como una copia.

«Hay muchas bandas que al final son como refritos de otras bandas más consolidadas y nosotros siempre hemos querido huir de todo ello».

Toda banda posee influencias. Ésolon también. Iván menciona mundos muy diferentes. HIM, hard rock de los ochenta, Grunge de los noventa, The Brew, Mammoth… y muchas otras referencias que han formado parte de su educación musical.

Pero una influencia debería proporcionar vocabulario, no dictar todas las frases. La personalidad comienza cuando esas referencias dejan de percibirse como piezas separadas y empiezan a hablar con una sola voz.

Los cinco integrantes no escuchan exactamente lo mismo, sería extraño que lo hicieran. Sus recorridos anteriores ya demuestran que llegan desde lugares diferentes, pero existe un denominador común: La melodía. Independientemente del peso instrumental, necesitan que algo pueda ser recordado, que exista contraste, una línea vocal, un estribillo, una frase… Algo capaz de sobrevivir después de que termine la descarga.

Ese equilibrio explica buena parte del sonido de Ésolon: La contundencia atrae, la melodía permanece y la letra decide qué hacer con todo ello.

El dossier describe el directo de Ésolon como una de las claves de su crecimiento y destaca una «energía demoledora» después de haber recorrido salas de diferentes lugares de España. No resulta extraño. Esta música parece construida para adquirir una segunda dimensión sobre el escenario, pero el concierto no sirve únicamente para aumentar el volumen, también permite comprobar qué ha ocurrido con las canciones después de publicarlas: Alguien canta, otro espera una determinada frase, hay un estribillo que regresa desde la sala y quizá después, tomando una copa, aparece una persona para contarle a la banda qué significa realmente aquella canción para ella. En ese momento, la energía física del directo y la dimensión emocional de las letras se encuentran: El golpe y la permanencia.

Llamar Génesis a un primer trabajo podría transmitir ingenuidad. Un comienzo. Cinco músicos descubriendo todavía quiénes son. Pero Ésolon llega al nacimiento del proyecto después de otras vidas musicales, no empiezan desde cero, empiezan de nuevo. La diferencia es importante.

Cada integrante transporta errores, aprendizajes, escenarios, discos escuchados y experiencias previas. El origen de Ésolon no es vacío, está lleno de pasado y quizá por eso han podido definir tan rápidamente algunas reglas fundamentales. Las canciones deben emocionar, las letras importan, la producción importa, el directo importa., pero ninguna referencia debería pesar tanto como para borrar la personalidad.

Cuando pedimos a Iván que imagine a alguien descubriendo Génesis dentro de una década, no habla del sonido, no desea que alguien diga que estaban adelantados a su época, ni que grabaron guitarras especialmente potentes. Las palabras que utiliza son otras: Genuinos, Pureza, Autenticidad y después aparece el verdadero objetivo:

«No buscábamos otra cosa que poder emocionar a nuestro público y hacer grandes canciones».

Quizá ese sea el centro de todo, las producciones envejecen, también los géneros. La forma de consumir música seguirá cambiando, pero probablemente continuaremos necesitando canciones que nos hagan sentir algo y el tiempo acaba siendo especialmente cruel con todo aquello que solo tenía superficie.

Ésolon posee guitarras, peso, energía… Un cantante que anteriormente observaba la música desde detrás de una batería y que ahora coloca su propia voz delante. Tiene referencias, colaboraciones, una producción cuidada por Ángel Muñoz, de Anhell Studios, y un trabajo visual desarrollado junto a nombres como Adriano Giotti, Sabotatge TV y la propia banda.

Pero nada de eso explica completamente por qué existe. La respuesta aparece cuando Iván habla de las canciones que le gustaría escuchar: Contundentes. melódicas, con palabras que importen, con suficiente personalidad para no recordarnos inmediatamente a otra banda y suficientemente abiertas para que, después de publicadas, ya no necesiten significar exactamente aquello que significaban cuando fueron escritas. Ahí está probablemente la verdadera identidad de Ésolon, no pretenden escoger entre seda y hierro, necesitan ambas.

La música puede impactar físicamente y seguir siendo sensible, puede tener un estribillo pegadizo sin renunciar a una letra trabajada, puede pertenecer al rock y al metal sin convertirse en un ejercicio de imitación y puede comenzar contando la historia de quien la compuso para terminar explicando la vida de una persona a la que la banda nunca había conocido.

Génesis es un comienzo, pero también contiene una declaración de intenciones.

Ésolon quiere que una canción pueda golpearnos cuando empieza y que, mucho después de que termine el último acorde, todavía quede algo dentro.

Nuestro compañero Josechu Egido ha conversado con Iván Keating, vocalista de Ésolon, sobre Génesis, la importancia de las letras, el equilibrio entre contundencia y melodía, las colaboraciones con Morti y Marcos Molina, el valor del álbum y la necesidad de construir una personalidad propia. Esta es la entrevista completa para “La Consulta del Dr. Escarabajo”.