Manu Carmona de Lepanto: «Lo importante es seguir avanzando y dinamitando nuestros propios límites»

Un daruma se compra con los ojos en blanco. La tradición propone que, al fijar un propósito, se pinte uno de ellos. Después, la figura permanece delante de nosotros recordándonos aquello que hemos decidido intentar. El segundo ojo debe esperary solo se completa cuando el objetivo se ha cumplido.

En 2023, Ángel Peñalver regresó de Japón con uno de esos pequeños amuletos para sus compañeros de Lepanto. Había una misión: Terminar el siguiente álbum.

Durante un tiempo, aquello debió parecer menos una metáfora que una provocación. El propio Manu Carmona reconoce que llegó un momento en el que parecía que el disco no iba a publicarse nunca. Finalmente vio la luz y aquel objeto que debía recordarles la necesidad de terminar el trabajo acabó proporcionando también el nombre y buena parte del imaginario del álbum, lo llamaron “Daruma” y la elección parece evidente, pero cuando se escucha a Lepanto hablar sobre el disco aparece una paradoja interesante, porque “Daruma” trata de perseverancia.

Aunque sus canciones no están protagonizadas por personas especialmente seguras de sí mismas, están llenas de dudas, de egos, de inseguridades, de crisis, de cicatrices, de personas preguntándose si lo están haciendo bien y quizá precisamente por eso el título funciona porque perseverar nunca consistió en no tener miedo, consiste en continuar mientras todavía lo tenemos.

La idea comenzó a tomar forma después de aquel viaje de Ángel a Japón.

Ya existían algunas canciones. La banda había aprovechado diferentes momentos de la gira para pasar por el estudio y registrar material, pero la llegada del daruma proporcionó una dirección al conjunto.

«El siguiente álbum lo vamos a acabar».

La frase parece sencilla, sin embargo, todo músico sabe la distancia que existe entre comenzar un disco y terminarlo. Hay canciones que cambian, ideas que dejan de convencer, grabaciones que necesitan repetirse, momentos en los que la vida ocupa el espacio que antes pertenecía a la música y, sobre todo, aparece una pregunta incómoda: «¿esto merece realmente llegar hasta el final?». El daruma estaba allí para recordar la respuesta: «Sí».

El propio disco terminó convirtiéndose en su propósito, por eso Manu resume la idea con una frase casi circular:

“Daruma es nuestro propio daruma”.

La nota de presentación describe el álbum como el trabajo en el que el trío formado por Manu Carmona, Ángel Peñalver y Juanrra Fernández termina de definir una identidad propia dentro de un universo en el que conviven pop, rock, herencia sixties, new wave y referencias constantes a Japón, pero esa identidad quizá no nazca de la suma de estilos, nace de la voluntad de seguir avanzando sin quedarse encerrados dentro de ninguno.

“Daruma” está atravesado por la cultura japonesa: Palabras, símbolos, texturas., referencias visuales, historias compartidas por Ángel después de su viaje. Sin embargo, Lepanto insiste en que el álbum no debe entenderse estrictamente como una obra conceptual, no existe una única narración que avance durante todas las canciones, hay pequeñas historias independientes y sobre ellas se ha depositado el imaginario japonés.

«Las melodías, las letras y la mini historia que cuenta cada canción siguen sonando a Lepanto; todo eso está aderezado con esas texturas y con toda esa amalgama estética que nos puede aportar Japón».

La diferencia resulta importante: Japón no sustituye la identidad del grupo, la ilumina desde otro lugar.

El símbolo del daruma proporciona un marco desde el que observar historias que, en realidad, continúan hablando de preocupaciones mucho más cercanas: Deseo, miedo, inseguridad, relaciones, crisis interiores…, la necesidad de continuar…

El viaje no consiste en convertirse en otra banda, consiste en regresar con nuevas herramientas para explicar quiénes ya eran.

Entre las canciones de “Daruma”, ‘Tornado’ ocupa un lugar especialmente significativo.

La nota promocional la presenta como uno de los corazones emocionales del disco: una composición oscura donde la ansiedad, la rabia y el derrumbe interior terminan convirtiéndose en una descarga musical. pero Manu hace una precisión importante: No estamos exactamente ante una crisis sentimental.

«‘Tornado’ en realidad es más una lucha interior con nosotros mismos, con nuestros egos, con todas nuestras inseguridades».

La tormenta no llega desde fuera, ya estaba dentro. La letra habla de algo que brota en el interior, de una tensión que aumenta, de miedo, ruido y rabia.

El tornado funciona así como una representación de aquello que ocurre cuando la percepción que tenemos de nosotros mismos comienza a perder estabilidad.

No hace falta que el mundo se derrumbe, a veces basta con dejar de entender aquello que está sucediendo dentro y en un álbum dedicado a la perseverancia, esa canción introduce una idea esencial: el obstáculo no siempre está delante… a veces somos nosotros.

Por mucho que “Daruma” posea una estética reconocible, Lepanto vuelve constantemente a una idea más sencilla: La canción es lo primero. Debe contar algo, debe tener una melodía capaz de sostenerlo, todo el concepto llega después.

«Para nosotros las canciones son lo más importante».

Esta afirmación explica por qué el grupo puede moverse entre referencias tan diferentes sin percibir una contradicción.

La identidad no depende de que todas las piezas pertenezcan al mismo género, depende de la forma en que la banda las escribe y quizá esa sea una de las características más claras del momento actual de Lepanto. El grupo no parece preocupado por encontrar una palabra capaz de definir su sonido, está mucho más interesado en conseguir que las canciones funcionen.

Pop. Rock. New wave. Electrónica. Folk. Fusión. Herencia sesentera… Todos esos términos pueden utilizarse para señalar algún elemento de Lepanto. Ninguno parece suficiente. Manu desconfía de las etiquetas porque considera que terminan limitando más de lo que aportan.

«Al final es música y, cuando las cosas están bien hechas, sean del estilo que sean y vayan en la dirección que vayan, molan».

Los tres integrantes llegan además desde lugares musicales diferentes. Se comprenden, pero no han escuchado exactamente los mismos discos ni poseen el mismo bagaje, precisamente por eso la convivencia resulta interesante, no necesitan borrar las diferencias para construir una identidad compartida, pueden permitir que varias fuentes permanezcan visibles dentro de un mismo álbum.

Cuando durante la entrevista proponemos que quizá la personalidad de Lepanto consista precisamente en no ponerse límites, Manu responde: «Me gusta, te lo compro». Puede que sea una de las mejores definiciones posibles.

En canciones como ‘Tornado’ o ‘Me preocupa’ aparece una tensión llamativa: Las letras pueden situarse en lugares frágiles mientras la música responde desde la electricidad. La vulnerabilidad no recibe necesariamente un acompañamiento delicado. A veces necesita guitarras, ruido, fuerza… Manu asegura que ese contraste no se busca deliberadamente, simplemente aparece y quizá por eso funciona.

La vida tampoco organiza cuidadosamente nuestras emociones según el sonido que parecería corresponderles, podemos sentir miedo mientras gritamos, tristeza mientras bailamos, vulnerabilidad mientras todo alrededor parece violento… Las canciones permiten que esas contradicciones convivan.

Lepanto nació en 2020. Después llegaron “Adicción EP” y “El Duelo”, festivales como Pulpop Festival, Brisa o Totefest, cambios internos y una evolución que la banda no interpreta como una ruptura con su pasado, sino como una consecuencia natural del tiempo. ¿Qué permanece? La intención de hacer las mejores canciones posibles y contar historias. ¿Qué ha cambiado? Prácticamente todo lo necesario para poder seguir haciendo ambas cosas mejor.

«Muy malo sería si no hubiéramos cambiado en cinco años de Lepanto».

La frase rechaza una concepción especialmente peligrosa de la identidad artística. Ser reconocible no debería significar permanecer inmóvil. Si una banda descubre una fórmula que funciona y decide protegerla indefinidamente, la identidad termina convirtiéndose en prisión. Lepanto propone lo contrario: Conservar el propósito, cambiar las herramientas.

«Lo importante está en seguir avanzando y seguir dinamitando un poco nuestros propios límites».

Otra vez aparece el daruma, no como destino, como movimiento.

Entre las trece canciones del álbum aparece una inesperada: ‘Yo soy aquel’, el clásico escrito por Manuel Alejandro y popularizado por Raphael podría parecer un cuerpo extraño dentro del universo de “Daruma” y probablemente esa sea la razón por la que funciona.

La versión nació antes incluso de que existiera el concepto definitivo del álbum. Lepanto necesitaba incorporar alguna reinterpretación a su repertorio, aparecieron distintas propuestas y aquella terminó imponiéndose porque era la que más se había alejado del original. La transformación fue tan profunda que decidieron grabarla. Después llegó “Daruma” y comprendieron que la canción podía quedarse.

Manu utiliza una comparación procedente del diseño de interiores. Existe una idea según la cual introducir un elemento rojo dentro de una estancia puede otorgar personalidad al conjunto precisamente porque rompe con todo lo demás.

«Es un elemento tan diferente y tan distintivo que acaba dando personalidad al resto de la estancia».

‘Yo soy aquel’ cumple esa función. Es el objeto rojo, un pequeño descanso reconocible dentro del recorrido, algo ajeno que, después de pasar por el lenguaje de Lepanto, termina demostrando hasta qué punto la banda posee ya una manera propia de transformar aquello que toca.

Hay una evolución menos visible que la producción o los estilos. Las letras están acercándose cada vez más a los propios integrantes. Lepanto continúa contando historias, pero Manu reconoce que progresivamente sienten menos interés por esconderse dentro de vidas ajenas. Utiliza para explicarlo una referencia a El Último de la Fila: «Enemigos de lo ajeno».

«Cada vez nos gustan menos las historias ajenas y apostamos más por sacar un poco lo que llevamos dentro».

Ese desplazamiento modifica también la manera de comprender “Daruma”. La cultura japonesa puede parecer el elemento más visible del álbum, pero debajo de todos sus símbolos hay un disco cada vez más personal, no habla de Japón, uttiliza Japón para hablar de ellos.

Cuando pensamos en perseverancia, resulta fácil imaginar una narrativa épica: Grandes obstáculos, grandes victorias, una música creciendo hasta que finalmente el protagonista alcanza aquello que perseguía.

Manu desconfía de esa representación. Considera incluso que la palabra «épica» pertenece más naturalmente al territorio literario que al musical. Para él, la vida cotidiana funciona de otra manera.

«El día a día y las historias que nos pasan a cada uno no dejan de ser pequeñas historias, cicatrices, dudas: lo estaré haciendo bien, lo estaré haciendo mal, ¿qué pasará?»

Ahí está “Daruma”, no en la imagen de alguien que vence heroicamente todos sus obstáculos, en la persona que se despierta al día siguiente y continúa, aunque todavía tenga dudas, aunque conserve cicatrices, aunque no sepa qué ocurrirá, quizá esa sea una forma mucho más precisa de explicar la perseverancia, no como una cualidad excepcional, como una práctica cotidiana.

La nota de prensa termina con una afirmación contundente: con este disco, Lepanto «abre definitivamente el segundo ojo de su propio daruma».

El propósito se ha cumplido, el álbum existe, la banda consiguió terminarlo, pero cualquier grupo que quiera permanecer vivo necesita cometer inmediatamente una pequeña traición al símbolo, porque abrir el segundo ojo no puede significar detenerse. El objetivo cumplido debe crear otro, después otro y otro… La propia entrevista demuestra que Lepanto ya piensa de esa manera. No hablan de haber llegado, hablan de avanzar, de buscar nuevos caminos, de encontrar otras texturas, de escribir desde lugares más personales, de dinamitar sus límites… Quizá por eso “Daruma” documenta algo más interesante que la culminación de un proyecto, registra un instante de transición, el momento en que una banda observa aquello que ha conseguido y decide que todavía no quiere saber exactamente cuál será su siguiente forma.

El daruma puede parecer un símbolo de certeza: Tenemos un propósito. Lo perseguimos. Lo alcanzamos. Abrimos el segundo ojo…. Pero la vida rara vez resulta tan ordenada. Entre ambos ojos ocurre todo lo importante: Las dudas, los cambios, las crisis interiores, las canciones que se transforman, las decisiones que parecían equivocadas. las pequeñas victorias, los momentos en que pensamos abandonar y la insistencia inexplicable en continuar.

Lepanto comenzó “Daruma” con un objetivo concreto: terminar un disco. Lo consiguió, pero las canciones terminaron formulando una reflexión mucho más amplia sobre aquello que significa avanzar. No hace falta convertirse en una versión invulnerable de uno mismo, no necesitamos saber siempre si estamos tomando la decisión correcta, podemos sentir miedo, podemos tener egos, inseguridades y pequeños tornados interiores, podemos equivocarnos… La perseverancia no empieza cuando todas esas cosas desaparecen, empieza cuando decidimos que ninguna de ellas va a impedirnos dar el siguiente paso y por eso quizá el segundo ojo del daruma no represente únicamente una meta alcanzada, también recuerda todas las veces que pudimos detenernos antes de llegar y no lo hicimos.

Nuestro compañero Josechu Egido ha conversado con Manu Carmona de Lepanto, sobre “Daruma”, la influencia de la cultura japonesa, las crisis interiores de ‘Tornado’, su reinterpretación de ‘Yo soy aquel’, la necesidad de escapar de las etiquetas y una manera de entender la perseverancia que no necesita héroes. Esta es la entrevista completa para “La Consulta del Dr. Escarabajo”.